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Jody Williams y la paz positiva

El pasado viernes 8 de septiembre, en el marco del Hay Festival realizado en el teatro de la Ciudad, en Querétaro, tuvimos la oportunidad de asistir a la charla con Jody Williams, una de las 17 mujeres que han sido galardonadas con el premio Nobel de la Paz, desde que esta presea es otorgada a partir de 1901. En amena plática en español –idioma que estudió de manera profesional-, Jody Williams, relató su despertar frente a las contradictorias realidades de su país “gringolandia”, su inicio en el activismo y su lucha de más de cinco décadas contra las minas antipersonales en las conflagraciones bélicas, especialmente en Centroamérica, la que le llevó a alcanzar el tan importante premio hace ya 20 años.

Con Vietnam me di cuenta de la mitología de mi país”, compartió Williams, al percatarse de que aquel país que se decía principal abanderado de los derechos humanos en el mundo, bombardeaba indiscriminadamente a un pueblo de campesinos que luchaba por su libertad; “mi país, en su mente, puesto que está ‘protegiendo a todo el mundo’, necesita usar cualquier arma”, “¡Que asqueroso! ¡Que locura!”, exclamaba, “sentí la necesidad de hacer algo para cambiar la política externa de mi país”. Para ella la disyuntiva es clara: “activismo o masturbación intelectual”. Al tomar el primer camino, recomendó elegir una causa concreta, básicamente para no perderse un en océano de demandas y causas. El que mucho abarca, poco aprieta, reza el dicho. Tras la longeva guerra en Vietnam que finalizó en 1975, el centro de los bombardeos de la libertad estadounidense, con Ronald Reagan, se trasladaron a América Central, principalmente contra la revolución sandinista en Nicaragua y las guerrillas en El Salvador y Honduras. Pasados los años más críticos, los bombardeos cesaron, pero las minas antipersonales permanecieron, cobrando la vida de civiles durante años.

Sobre el armamentismo tan típicamente “gringo”, protegido por la segunda enmienda de la constitución de los Estados Unidos, advirtió Jody que hoy en día “hay más armas que gente, en mi país”, al enterarse de esto, “me dio rabia, yo creí que habíamos aprendido algo con Vietnam”. ‘Libertad’ y ‘armas’ no se llevan en una oración. Pero la realidad de esta problemática –que pega directamente en México a través de los carteles- es otra.

Para esto, dijo, hay que educar al pueblo sobre lo que hace el gobierno, poniendo como ejemplo al ex agente de la CIA y la NSA, Edward Snowden, quien publicó documentos gubernamentales secretos que develaban toda una red de vigilancia masiva contra los propios ciudadanos de Estados Unidos, “Edward Snowden, para mí, es un héroe, no un traidor”, sentenció. “Si hay algo que no me gusta, voy a la calle, si al gobierno no le gusta, me da igual”, “Quiero golpear a Trump”, “Muro estúpido”, las críticas al actual presidente del país vecino fueron constantes y su análisis contundente: La gente que tiene poder utiliza el clasismo, el machismo (“los hombres no consideran que los derechos de las mujeres sean iguales a los de los hombres”, opinó), el terrorismo, la religión, el poder militar y el miedo para acrecentar su poder. En contraparte, como ciudadanas y ciudadanos, “si yo no hago nada, estoy cediendo mi poder ciudadano”. La invitación al activismo comprometido fue abierta, la crítica al activismo de dar “click” por internet, también.

“El ‘No puedo’ es una mentira, es que no quieren”, opinó. Con años de experiencias encima, concluyó que la “Violencia siembra violencia”, desde la del acoso escolar, hasta la de la lucha armada y, por supuesto, la de los gobiernos, los que buscaban formar una “paz negativa”, ejemplificada en la tradicional imagen de la paloma blanca, superficial y vana, cuando el trabajo que toda la sociedad debería de emprender, por distintos medios, como el arte y la cultura, era el de construir una “paz positiva”, real, de fondo, sin violencias de todo tipo.

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