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Jose Ignacio Urquiola. La ruta de la antropología hacia la historia

Cuando se nos va un personaje de la talla de José Ignacio Urquiola, quien falleció el pasado 20 de febrero de 2022, piensa uno todos los aportes que recibió de un maestro, de un investigador, de un difusor de la cultura y de la historia y del amigo que cariñosamente se refería a quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y de tratarlo.

Recuerdo que por el año de 1986, Mariano Amaya Serrano, entonces Coordinador del Área de Humanidades, antecedente de la Facultad de Filosofía, estaba promoviendo la creación de las Maestrías en Antropología e Historia. En una ocasión, Amaya Serrano, nos invitó a algunos prospectos para ingresar a las maestrías mencionadas a compartir un vino con dos académicos: una era Jacinta Palerm Viqueira y otro era José Ignacio Urquiola Permisán, entre otras cosas nos los presentó e hizo referencia a algunas de las cualidades de ambos. Nos dijo que entre los tres habían trabajado una propuesta curricular para las maestrías que cubrirían un tronco común y que tanto los aspirantes a ser antropólogos como historiadores deberían hacer trabajo de campo.

Personalmente, como antropólogo social egresado de la ENAH, me costó trabajo entender las razones por las que los historiadores deberían hacer trabajo de campo, en tanto que los antropólogos no teníamos la obligación de hacer trabajo de archivo. No me veía yo, buscando cajas y documentos, mucho menos aprendiendo Paleografía con la maestra Alejandra Medina.

Ya estando en la Maestria, tuve la fortuna de que mi asesor del trabajo de campo fuera el Mtro. José Ignacio Urquiola. Después de un recorrido de área que incluyó comunidades de Colón y El Marqués, pasamos por La Griega, Amazcala, El Lobo y Atongo, entre otras. Amazcala fue nuestro centro inicial de operaciones y ahí, José Ignacio nos indicó las formas de acercamiento a las autoridades agrarias, a los directores de las escuelas, a los sacerdotes y a los líderes informales de las comunidades. Al término del recorrido de área, cada equipo de dos compañeros y/o compañeras, o mixtos, escogían un lugar para realizar un esbozo monográfico de la comunidad, en base al esquema clasificatorio de la “Guía Murdock”, pues en la “Escuela Palermiana” era una matriz importante para quienes habían egresado de Antropología de la UIA. José Ignacio se había formado tanto en la Licenciatura como en el posgrado de Antropología de la UIA. Probablemente, fue también alumno de Ángel Palerm Vich. En consecuencia se hacía sentir la influencia “palermiana”, en la que la metodología se acercaba más a la Antropología Social Británica que a la Antropología Cultural Norteamericana.

Al término de cada semana, José Ignacio se presentaba a la Ex-hacienda de El Lobo, lugar escogido por el sociólogo Raúl López (RIP) y el de la letra. Y ahí revisaba José Ignacio puntualmente nuestro Diario de Campo y nuestras fichas clasificatorias. Con paciencia, José Ignacio hacía observaciones, corregía las notas marginales del Diario de Campo y aclaraba que cuestiones eran imprecisas, o muy subjetivas desde nuestra mirada citadina.

Posteriormente, como compañeros de trabajo en la Facultad de Filosofía, José Ignacio orientó su perfil más en la óptica de la historia incorporándose al Centro de Estudios e Investigaciones Históricas (CEIH), sin embargo me parece que la perspectiva del trabajo cualitativo que heredó de la Antropología le permitió dimensionar las fuentes históricas para incursionar en diferentes temas de investigación de la historia local y regional, particularmente en la historia urbana colonial, los temas ambientales, la historia de los trabajadores y los obrajes, la historia jesuítica, la historia agraria y otros que se quedaron en el tintero.

Yo, personalmente me quedé con una inquietud. Alguna vez, José Ignacio me comentó que su trabajo de investigación para la Licenciatura en Antropología era sobre la Hacienda de San Diego, en Rio Verde, SLP, mi tierra. Siempre quedó pendiente este tema. JIUP después de una vida muy creativa en la que se cuentan libros, artículos, ponencias, estancias de intercambio, que según la “Word Cat Identities” de la OCLC, su producción histórica está integrada por más de 35 obras, varias de ellas en varias lenguas y han sido citadas por 365 autores. Fue JIUP, durante el período en que fungí como director de la Facultad de Filosofía (2000-2006) Coordinador del CEIH, Coordinador de la Maestría en Historia, Jefe de Investigación y Posgrado, Consejero Académico, Consejero Universitario, cofundador de la Licenciatura en Historia. En fin se nos fue un excelente investigador, antropólogo e historiador, consultor, compañero y amigo. Expresamos a Tere Guerrero, su esposa, y sus hijas Estíbaliz e Itziar, nuestra solidaridad por esta lamentable pérdida. ¡Hasta Siempre José Ignacio!

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