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LA COMICIDAD DE LA TRAGEDIA HUMANA: A 76 AÑOS DE LA MUERTE DEL DR. ARLT

Su obra confirma una anarquía literaria que recorre la suciedad, la podredumbre, la cotidianidad, los espejos, los síntomas, los fracasos y las confusiones de una ciudad en busca de una identidad popular.

Roberto Arlt definía a la literatura como un “cross a la mandíbula”, apasionado del boxeo y de la ciudad, el escritor argentino marcó de manera significativa la cotidianidad y la urbanidad bonaerense. Arlt nació el 2 de abril de 1900, a los 26 años publicó su primera novela, “Juguete rabioso”: obra narrada en primera persona y que cuenta la historia de Silvio, un hombre que vive sumergido en el fracaso.

Arlt nació en la pobreza de una Buenos Aires en construcción, argentino de primera generación, el escritor pagó los platos rotos de padres que no hablaban español. Una de las principales críticas que recibió fue la de su manejo del lenguaje; el uruguayo Juan Carlos Onetti posicionó a Roberto Arlt como alguien que “no tenía relación con aquellas previsibles y rituales de las peñas o capillas literarias”, y confirma el charrúa que el autor de “Los Lanzallamas” “se sabía superior y distinto al resto”.

Su obra confirma una anarquía literaria que recorre la suciedad, la podredumbre, la cotidianidad, los espejos, los síntomas, los fracasos y las confusiones de una ciudad en busca de una identidad popular, alejado de la puja literaria, de las convenciones pretenciosas y de los sitios intelectuales. Arlt se refugió en las calles, con el libro de crónicas “Aguasfuertes porteñas” como fiel testigo de la marginalidad en su literatura.

En “La tragedia del hombre que busca empleo” –incluida en Aguasfuertes- el estilo despreocupado, pero irónico que caracterizó su escritura salta a relucir con el escenario suramericano de los años veinte y treinta. “La ciudad está congestionada de empleados. Y es claro, termina tanto por acostumbrarse a la falta de empleo que viene a constituir un gremio, el gremio de los desocupados”, escribió Arlt.

Sus textos abordan los detalles mínimos y discretos que transcurren en la urbanidad. Un ejemplo es “El Tímido llamado” que narra la historia de un joven que se acerca con una timidez descrita por el autor a tocar el timbre de un apartamento. “Comprendí toda la tragedia que en él se encerraba; porque solo el que haya pasado amargos momentos en la vida sabe de qué modo se apoya el dedo en el timbre de la casa donde vive un ballenato influyente o un tiburón voraz”, narra el argentino.

El periodista y escritor chileno, Javier Argüello, en su texto “El arte de escribir mal” recuerda las críticas que recibió Roberto Arlt por las traducciones poco precisas de Dostoievski, y justifica que “decidió enarbolar sus deficiencias de estilo como bandera de lucha, como manifiesto en contra de aquellos que lo despreciaban”, describe Argüello.

El chileno identifica al autor de “El jorobadito” como alguien que nunca quiso alejarse de las zonas populares, de las tradiciones de barrios como Boedo, por los que transcurrió parte importante de su obra. “No era lo social lo que lo comprometía, sino la propia gente. No era hombre de grupos, sino de personas, de seres individuales y de miserias individuales, con la ciudad siempre de fondo”, afirma Argüello.

Roberto Arlt murió un 26 de julio de 1942 en su natal Argentina a causa de un paro cardiorrespiratorio. Este pasado jueves se cumplieron 76 años de su deceso; dejó como legado el sentido trágico de la literatura rioplatense. Su rostro no está colgado en los cafés literarios de su ciudad porque no permaneció allí. Prefirió el costado humano, terrenal de lo que él mismo llamó como “la comicidad de la tragedia humana”.

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