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La consulta sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (II)

Los argumentos falaces que he escuchado en estos días es que “no se puede llevar a consulta todo”. Un aeropuerto con un costo al público de 800 mil millones de pesos, claro que es trascendente por la generación de deuda pública en los siguientes 50 años..

La semana pasada tuvimos la oportunidad de participar en un ejercicio inédito, independientemente de la generación a la que pertenezcamos. Por primera un gobierno (que aún no asume sus tareas) consultó al pueblo en una decisión trascendental, como lo es la construcción de un nuevo aeropuerto internacional en la zona del exlago de Texcoco.

Nunca antes nuestros gobiernos nos habían consultado, simplemente imponían y ya. Sólo por dar algunos ejemplos relevantes. El gobierno del priista Carlos Salinas de Gortari nos impuso el hoy desaparecido Tratado de Libre Comercio (TLC) sin ninguna consulta, a diferencia de los Estados Unidos y de Canadá donde se sometió a referéndum la aprobación de tal Tratado. Tampoco se nos consultó sobre las reformas estructurales (laboral, “educativa” y energética) ni sobre la desaparición de Luz y Fuerza del Centro.

Democracia y consulta

La consulta generó mucha discusión tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales. Uno de los indicadores del tamaño real de la democracia mexicana es el fastidio que causó en algunos el hecho mismo de la consulta. Se opusieron a la consulta con argumentos falaces. Este tipo de personas no sólo no está acostumbrado a este tipo de consultas, como lo señalé arriba, nadie lo estamos, sino que además ni siquiera se informan. Hay muchos países que tienen reglamentados el referéndum, el plebiscito y la consulta popular. Para temas torales los gobiernos están obligados a consultar a sus representados.

Último ejemplo clamoroso, el referéndum por el cual el Reino Unido salió de la Comunidad Europea, el llamado Brexit o lo que señalé antes, los referéndums en Canadá y en Estados Unidos sobre el TLC.

Ahora, no sólo se trata de cuestiones tan importantes como las señaladas en el párrafo anterior. En muchos países europeos están reglamentadas las consultas populares. Basta que los ciudadanos interesados en una cuestión junten un determinado número de firmas y se cumplan otros requisitos legales para que dicha cuestión sea llevada a consulta nacional o regional.

Por ejemplo, en Italia basta recolectar 150 mil firmas en seis meses para poder proponer una iniciativa de ley popular y para solicitar un referéndum se requiere de 500 mil firmas y algunos otros requisitos.

Por otro lado, los temas sobre los que ha habido referéndum en otros países son bastante disímbolos. Por ejemplo, el próximo 25 de noviembre en Suiza se votará para decidir si vacas y cabras conservan sus cuernos o no. Mientras que en junio de este año se rechazó en referéndum sobre la “moneda entera”.

En Italia, desde 1970 se han llevado a cabo 53 referéndum con el fin de promover o abrogar ciertas leyes, es decir, más de un referéndum por año, en promedio.

Dentro de los argumentos falaces que he escuchado en estos días es que “no se puede llevar a consulta todo”. De entrada, nadie está sugiriendo que se consulte todo pero si cuestiones trascendentes, tal como se hace en otros países. Y un aeropuerto con un costo al público de 800 mil millones de pesos, claro que es trascendente por la generación de deuda pública en los siguientes 50 años.

Otro argumento falaz es que las consultas “entorpecen la labor de gobierno” lo que es rotundamente falso, tal como lo demuestran los referéndums regulares que se llevan a cabo en otros países, sin que sus gobiernos se paralicen.

Otro más, se tiene “miedo” de tomar una decisión y ésta se “descarga en el pueblo”. Para empezar, quién debería haber sometido a consulta nacional lo del nuevo aeropuerto era el gobierno de Peña Nieto no el nuevo gobierno entrante. Pero no lo hizo y hereda un enorme problema técnico, financiero, ecológico, social, de corrupción y político. Así que a quien deberían reclamar es a quien no los consultó para tal proyecto y no a quien los está consultando.

Por otra parte, es también falaz señalar que la gente no sabe ni tiene elementos para opinar pues la consulta no fue sobre aspectos técnicos de la construcción o sobre el diseño de las rutas aéreas, temas en los que sólo pueden opinar expertos. Mucha gente podemos opinar aunque no seamos especialistas en cimentaciones en suelos blandos o en tráfico aéreo, pero sí podemos opinar sobre cuestiones de endeudamiento, de opacidad en la asignación de contratos o sobre las mentiras que los impulsores del aeropuerto han vertido desde hace años.

Recordemos que Andrés Manuel López Obrador ya mostró su proclividad a consultar a la gente. Lo hizo en 2003 cuando convocó a un referéndum sobre la continuidad de su gobierno en la Ciudad de México. Referéndum que por cierto ganó con más del 75 por ciento de los votos.

Si bien no se trató de un referéndum en regla (un gobierno que aún no asume funciones ni siquiera tiene personalidad jurídica para convocarlo), si se trató de una consulta informal e indicativa del humor de la sociedad.

Es necesario resaltar que el gobierno corrupto de Peña Nieto fue ampliamente rechazado en las urnas el pasado 1 de julio. Por el partido de Peña Nieto no votó el 83.6 por ciento de los mexicanos. No sólo fue reprobado Peña Nieto sino, principalmente, fueron reprobadas sus políticas públicas, incluido el faraónico proyecto del nuevo aeropuerto.

Por esto y más mi voto fue #YoPrefieroLago.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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