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La desobediencia al modelo patriarcal, una elección hacia la salud

El modelo patriarcal ha demostrado su absoluta inoperancia, sigue su marcha por la inercia, pero en ese avance destruye vidas y almas.

El modelo patriarcal cuyo emblema es la obediencia absoluta, ha inventado a lo largo de sus diversos estadios: esclavismo, feudalismo, capitalismo e imperialismo, diversos mecanismos para obligar a obedecer: la religión, la enseñanza escolarizada, el trabajo fabril, el complejo médico-farmacéutico, el consumo intensivo de cacharros, entre otros. Con esos componentes de la superestructura social, hace lo que coloquialmente se denomina “lavado de cerebro” y construye seres humanos desechables.

El rechazo al modelo patriarcal, la desobediencia, en el pensamiento de Fromm, es un mecanismo de liberación, un salto hacia la “nada”, ese lugar prístino donde cada ser humano, si lo desea, ha de construir la oportunidad de darse una oportunidad, ¿es fácil esta elección?, no, de ninguna manera, pues implica un borrado paulatino de lo aprendido y el aprendizaje de nuevas formas de apreciar, comprender y transformar el entorno.

El modelo patriarcal ha demostrado su absoluta inoperancia, sigue su marcha por la inercia, pero en ese avance destruye vidas y almas, provocando inmenso dolor y un desequilibrio energético sin precedente: guerras, odios, frustraciones, destrucción del ambiente natural, extinción de especies biológicas, entre muchos otros.

¿Cuándo será modificado el modelo patriarcal por uno no basado en la obediencia obligatoria, sino en la reflexión, eliminando con ello siglos de explotación del ser humano por el ser humano?, nadie lo puede imaginar.

A esta transformación del mundo, Jesús el ‘Nazareno’ le llamó el “Reino de los Cielos”, expresión que en la mente promedio aparece como esa mítica llegada de ángeles, arcángeles, querubines y una pléyade de seres celestiales anunciando ese evento, pero no es así, la entrada a ese estadio es totalmente individual, ocurre dentro del alma de cada ser humano, sea hombre, mujer, niño, joven, adulto o adulto mayor, porque cada uno habrá de despojarse de sus taras ancestrales: odios, envidias, rencores, tristezas, frustraciones, falsas expectativas y otros.

Una metáfora bíblica que describe el mecanismo para ingresar al “Reino de los Cielos”, se encuentra en las narrativas de los apóstoles: un hombre rico pregunta al mesías Maestro, ¿cómo puedo entrar al Reino de los Cielos?, a lo que el hijo del carpintero respondió: regresa a tu pueblo, vende todas tus propiedades, reparte el dinero entre los pobres y sígueme. Obvio, ese hombre rico, nunca regresó a ver al Nazareno.

Metáfora que se complementa con aquella instrucción que dice: no acumules tesoros en la tierra donde hay comején y oxido que los destruyen y ladrones que lo roban, acumúlalo en el cielo, donde no hay ni óxido, ni comején, ni ladrones.

Así pues, la desobediencia al modelo patriarcal no significa el libertinaje, la evasión mediante el alcohol, el tabaco, las drogas, el trabajo intensivo y otras formas, porque todas ellas son opciones de ese modelo, desobedecer significa construir oportunidades, formas y relaciones heterárquicas u horizontales, donde no hay igualitarismo, sino equidad, amor profundo al prójimo como a uno mismo, ayuda, solidaridad, eliminación, mediante la cultura, de toda forma de violencia contra los niños, mujeres, hombres, adultos mayores, animales y otras forma de vida.

Salud, en el paradigma de la Organización Mundial de la Salud, no significa ausencia de enfermedad, sino equilibrio, armonía. Para lograrlas hay que convocar al amor materno, ese que no prefiere entre ninguno de los hijos, pues tal preferencia condenaría a algunos de ellos a desaparecer físicamente.

El núcleo familiar es donde puede originarse la transformación, es allí donde debe iniciarse el big bang social, el nuevo comienzo. Si de verdad se quiere recuperar y conservar la salud del cuerpo y del alma.

Más información: El Ahuehuete, herbolaria. 442-3775127 y 4141122560.  contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx. Local 108, Plaza Centenario. Col. Vistahermosa, Tequisquiapan, Qro.

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