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La desobediencia punto de inflexión hacia la salud

Prefiero estar encadenado a esta roca,

antes de ser siervo obediente de los dioses

Prometeo

 

Desde el momento en que el ser humano es concebido, mediante la fecundación del óvulo, por parte del espermatozoide, y comienzan los procesos de multiplicación y replicación del ADN, ese huevo, lleva la impronta de los patrones emocionales de sus progenitores y del carácter social, sus debilidades y fortalezas. Su futuro comportamiento está signado por la forma del acto que lo concibió, si fue con amor o violencia, con deseo o en contra de la voluntad de la mujer. Durante la gestación el nuevo ser recibe las vibraciones energéticas de aceptación o rechazo, se le da la bienvenida o se le niega.

Tras el nacimiento, cada ser humano es sumergido en una superestructura social: un sistema de enseñanza, religiones, cultura, hábitos, y unos padres, unidos o desunidos, alienados al consumo de cacharros, deprimidos, fanáticos e idolatras. Los padres representan los primeros agentes de la sociedad cuya labor principal consiste en inculcar a los hijos: miedos, tabúes, creencias, castigarlos hasta fragmentar su alma y tornarlos en obedientes ciudadanos, laboriosos trabajadores y seres humanos ávidos de consumir.

Una vez que cada ser humano, originalmente libre, es condicionado, es decir alienado, de tal modo que le guste hacer lo que debe hacer y se sienta satisfecho de las condiciones que le impone la sociedad: asistir a la escuela, ir a misa los domingos, trabajar más de 8 horas diariamente, pierde toda firmeza, éste ser humano enfermo, es un cliente y activo consumidor de servicios médicos y fármacos.

Todo ser humano que se encuentra crónicamente enfermo sea como diabético, hipertenso, enfermo crónico renal, con quistes o miomas, con dolor menstrual, entre otras etiquetas o clasificaciones médicas, es un ser humano mutilado, insatisfecho, cuya alma fragmentada no encuentra reposo, su característica principal es que ha sido, por mucho tiempo un dócil y obediente ciudadano, ha obedecido a los padres, al cura, al gobierno, al maestro, al médico, a la policía, a los dioses de ocaso. Con un ser humano que posee estas características se puede hacer casi cualquier cosa, es la materia prima más moldeable.

Todo ser humano obediente, vive sometido, ha abdicado de la esencia divina del libre albedrio, ha subyugado su autonomía para convertirse en un autómata. Romper la curva y recuperar la firmeza, es decir la salud del cuerpo y del alma, implica desobedecer, destruir los paradigmas y tabúes y asumir el riesgo de decidir de forma autónoma sobre su propio cuerpo, mente y alma, pues como es sabido todos los mártires de la fe religiosa, como el propio Jesús, los luchadores por la libertad y los grandes científicos han tenido que desobedecer a quienes deseaban amordazarlos, y obedecer su propia conciencia. La desobediencia, la rebeldía, el espíritu de transformación han sido los motores de la evolución humana. La obediencia lo ha sido de la enfermedad, la guerra, la tortura y la violencia.

La salud de cada ser humano sólo puede alcanzarse cuando el individuo, por si mismo, decide decir NO, acepta desobedecer los paradigmas y tabúes, opta por desaprender y reaprender, reconoce que posee cierto conocimiento y es ignorante de la inmensa mayoría del saber. Sólo se puede tener salud en libertad, rechazando el miedo a la soledad, a ese fantasmagórico aislamiento social del ‘¿qué dirán?’, aceptado que estar fuera de lo común no es un equívoco, sino un acierto.

 

Más información: El Ahuehuete, herbolaria. 442-3775127 y 427-1212508. contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx.

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