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La frustrada venta de un avión de súper lujo

Peña Nieto comenzó a usar su “juguetito” en febrero de 2016, lo utilizó para 214 viajes y para recorrer 600 mil kilómetros, como si hubiera sido un gran estadista que necesitara recorrer el mundo.

El pasado 14 de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció que después de poco más de un año no ha sido posible vender el avión de súper lujo que, de manera irresponsable, compró al final de su mandato el panista Felipe Calderón como regalo (no con su dinero sino con dinero público) para Enrique Peña Nieto (EPN).

Después de la toma de posesión de AMLO como presidente, el avión fue enviado a Estados Unidos con el fin de ofrecerlo a la venta en aquel país, dado el número de millonarios que existen en ese país.

Ante la no concretada venta, algunos sectores panistas y priistas, además de los anti-AMLO recalcitrantes, criticaron la medida de haber enviado el avión a Estados Unidos y la posterior decisión de regresarlo al país. Una vez más me veo en la necesidad de decirles a estos sectores que deberían tener la decencia de mantener la boca cerrada.

Es inconcebible que se acuse al presidente por no haber concretado la venta cuando lo verdaderamente criticable es la decisión del panista, Calderón, de haber destinado 218 millones de dólares para la adquisición de un avión de súper lujo: un Boeing 787-8 Dreamliner; el cual tendrá, sin embargo, un costo total de 5 mil 400 millones de pesos (La Jornada, 15/01/19), debido al pago de intereses.

Este tipo de aviones, con capacidad para 240 pasajeros, son utilizados habitualmente por líneas áreas. Alguna de ellas podría haber estado interesada. Sin embargo, es imposible que una línea área esté interesada en el avión comprado por Calderón, ya que el interior del avión fue modificado y diseñado para tener espacios de súper lujo.

Su capacidad se redujo a sólo 80 pasajeros. En estas condiciones, los compradores más adecuados, que serían las líneas aéreas quedan fuera de la jugada como posibles interesadas.

Es verdaderamente vergonzoso que en un país con más de 50 millones de pobres (de los cuales nueve millones se hayan en pobreza extrema), se destinen, del dinero público, más de 5 mil millones de pesos para adquirir un avión de línea y modificarlo para tener un hotel de lujo flotante. Y esto es responsabilidad del PAN que fueron los que decidieron la adquisición.

Esta decisión del PAN fue además ilegítima pues la tomó Calderón en noviembre de 2012, un mes antes de dejar la presidencia de la república. Es evidente, por las fechas, que dicha adquisición tuvo el visto bueno y la complicidad del priista Peña Nieto. Por lo que ambos partidos son los culpables de una decisión tan irresponsable.

Peña Nieto comenzó a usar su “juguetito” en febrero de 2016, lo utilizó para 214 viajes y para recorrer 600 mil kilómetros, como si hubiera sido un gran estadista que necesitara recorrer el mundo.

Eso sí, como se mostró en el reportaje Viaja EPN con familia y amigos en giras internacionales, hecho por el equipo de investigación de la periodista Carmen Aristegui y publicado el 2 de octubre de 2016, Peña Nieto usó el avión presidencial para que viajaran en él sus familiares, sus amigos, amigos de sus familiares, familiares de sus familiares, familiares de sus amigos y amigos de sus amigos. Al fin que cada viajecito lo pagamos nosotros los contribuyentes.

De ese tipo de avión modificado sólo existen dos unidades en el mundo por lo que será muy difícil que alguien esté interesado en su adquisición. Ni siquiera los jeques árabes se mostraron interesados, ni ninguno de los millonarios norteamericanos, rusos o chinos.

No, la culpa de este despilfarro no es de AMLO ni de la 4T, la plena responsabilidad la debemos asumir PAN y PRI.

anbapu05@yahoo.com.mx

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