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¡La gira zapatista, va!

Kevyn Simon Delgado

Con el paso de las horas tras el “poético” levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 1 de enero de 1994, en el estado de Chiapas, sucedió algo inesperado. Las justas demandas de las y los indígenas mal encapuchados provocaron el levantamiento de la sociedad civil, la que exigió el cese al fuego y el inicio de un diálogo por la paz. El EZLN y su comandante general militar, el subcomandante Marcos, bajaron las armas y atacaron al supremo gobierno federal con mordaces comunicados, posdatas y cuentos, mientras en sus zonas de influencia continuaron sembrando la semilla de la utopía.

De manera espontánea y sin estructura, la influencia zapatista se expandió por la internet, surgiendo un neozapatismo transnacional con una caracterización diversa en sus orígenes y demandas. Únicamente las demandas centrales del EZLN, la crítica al neoliberalismo y el internet como medio de comunicación, unió a estas múltiples redes de activistas alrededor del mundo, compuestos por indígenas, mexicanos de todo el país y en otras latitudes, así como extranjeros de todo el mundo, principalmente de Estados Unidos, Europa (sobre todo en Italia, el Estado español y Grecia; “los comunicados de Marcos marcaban el nuevo rumbo de la izquierda europea”, sintetizó Laura Castellanos)  y América Latina, tal como lo ha investigado Guiomar Rovira. A nivel internacional se participaría de manera independiente y voluntaria en numerosas convocatorias que haría el EZLN -sobre todo, a partir de la ofensiva gubernamental de febrero de 1995-, lo que le daría un “escudo más efectivo” contra los embates gubernamentales, según Marcos. Para el sociólogo Yvon Le Bot, el cese al fuego y la salida negociada ordenada por Salinas se debió más a la presión internacional que a las movilizaciones de la sociedad civil nacional.

El neozapatismo convocó la solidaridad de cientos de luchas y organizaciones de México y alrededor del mundo. Escribió el exrector de la UAQ, Hugo Gutiérrez Vega, al respecto: “En el panorama general de la República, Chiapas tiene un lugar especial y una originalidad proveniente, en buena medida, de la fuerza incontrastable de sus culturas indígenas. Si en alguna parte del país se vive la realidad y la vigencia de las naciones autóctonas es en Chiapas. Por eso el movimiento zapatista nació y crece en este hermoso y terrible territorio. […] Los comandantes, en particular el subcomandante Marcos, tienen formas muy eficientes de comunicación con el resto de México y con el mundo entero. Por eso podemos hablar de zapatistas catalanes, italianos, griegos, canadienses o estadounidenses. […] En plena época de unilateralismo y de avance de nuevas formas del fascismo, es alentador que en el sur de nuestro territorio existan claras muestras de solidaridad humana y de cooperación entre las sociedades civiles de distintas regiones del mundo”.

Vendrían numerosos encuentros con la sociedad civil y las bolsas de resistencia del mundo, algunos organizados en el corazón de la Selva Lacandona, otros en entidades del país y unos más en ciudades europeas. El intercambio entre los de fuera y los habitantes de las comunidades zapatistas fue rico en experiencias, aprendiendo el uno del otro, estrechando relaciones. Sin necesariamente planearlo, este diálogo se fue transformando en una base de la lucha antiglobalización que tomaría bríos en 1999 durante las protestas de Seattle, Estados Unidos, contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio. Sería largo -y el espacio, de momento, no permite extenderse- enumerar las distintas experiencias de diálogo y cooperación entre el EZLN y la llamada sociedad civil, que conformaría un neozapatismo civil: las tres sesiones de la Convención Nacional Democrática, el Frente Zapatista de Liberación Nacional, el Congreso Nacional Indígena, la Marcha del Color de la Tierra, la Sexta… y ahora, la gira zapatista, que partió el 2 de mayo desde Isla Mujeres hacia Europa, con la consigna de demostrar que los pueblos indígenas no fueron conquistados y siguen resistiendo, derrumbar fronteras, así como estrechar lazos con la otra Europa, la que también resiste contra la explotación capitalista. Por lo pronto, ya desembarcados en el Estado español, y si los muros y las visas lo permiten, la gira zapatista va en ruta inversa por aquellos deplorables caminos recorridos hace 500 años.

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