La herencia de la reforma energética y el gobierno de la 4T
Durante mucho tiempo se han dado grandes debates en el país sobre la exportación de petróleo, algo a lo que le apostaron los gobiernos neoliberales del PAN y del PRI.
Los gobiernos neoliberales que gobernaron en México, al menos los últimos 30 años, no sólo heredaron al nuevo gobierno de la 4T un verdadero desastre en temas sanitarios, educativos, tecnológicos, económico, del campo, etc., sino que además heredaron una serie de instituciones “autónomas” transexenales con el fin de velar por sus intereses.
En este contexto, algunos medios de comunicación nacionales filtraron el contenido de un memorándum que el pasado 22 de julio, el presidente de la república dirigió a servidores públicos e integrantes de los órganos reguladores del sector energético. El núcleo central de dicho memorándum lo constituyen 17 puntos que integran compromisos, acciones y cambios que el gobierno de la 4T está empujando para Pemex, para la CFE y para los organismos reguladores del sector energético.
Difícilmente, alguien en su sano juicio estaría en contra de esos 17 puntos. Por ejemplo el número 1 se refiere a “mantener la política de no aumentar en términos reales el precio de las gasolinas, el diésel, el gas y la electricidad”. La verdad, no veo ni a ciudadanos ni a empresas que estén en contra de esta medida y que por el contrario pidan que suban dichos precios.
El punto número 2 se refiere a “alcanzar la autosuficiencia energética en bien de nuestra soberanía nacional”. El haber perdido dicha autosuficiencia no ha costado demasiado caro. Nuestra balanza comercial petrolera pasó de un superávit de poco más de 20 mil millones de dólares en 2013 a un déficit de 3 mil 400 millones de dólares en 2018. La importación de casi 600 mil barriles diarios de gasolina y de 240 mil barriles diarios de diésel, en 2018, con un costo de 30 mil millones de dólares anuales nos permite comprender la magnitud del problema, 600 mil millones de pesos que salieron de México, en 2018, por la importación de petrolíferos que deberían estarse produciendo en el país. Un país que no es autosuficiente en energéticos no puede ser soberano, no puede tomar decisiones autónomas en bien del país, sino que siempre estará condicionado por intereses extranjeros que controlen ese importante sector.
Un tercer punto es “no exportar petróleo; extraer sólo el que necesitamos para nuestras refinerías…”. Durante mucho tiempo se han dado grandes debates en el país sobre la exportación de petróleo, algo a lo que le apostaron los gobiernos neoliberales del PAN y del PRI. En esos debates siempre se señaló que un principio básico de la economía más elemental es que se gana más por la exportación de productos elaborados que por la exportación de materia prima. México habría podido ganar mucho más dinero (del orden de miles de millones de dólares) si en vez de haber exportado petróleo, hubiese exportado petrolíferos o productos de la industria petroquímica (de la que nuestro país llegó a ser la sexta potencia mundial), metano y derivados, propileno y derivados, aromáticos o etileno y sus derivados. Y habríamos ganado aún más si hubiésemos exportados productos finales como fertilizantes, refrigerantes, oxigenantes, resinas, emulsificantes, fibra acrílica, solventes, etc.
No sólo habríamos recibido más dinero sino que se habrían generado millones de empleos en el país y se habría potenciado a empresas nacionales, proveedoras del sector o fabricantes de productos finales y posteriormente exportadoras.
Los otros 13 puntos son del mismo tipo. Sería deseable que esto se volviera una realidad y que los órganos reguladores dejaran de obstaculizar el desarrollo nacional autónomo.



