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La huella emocional de los individuos: pasado, presente y futuro

Si observamos el comportamiento de cualquier ser humano, se pueden identificar patrones o regularidades, esto no quiere decir que el individuo este condenado por sus acciones, porque en todo “momentum” cambia para bien o para mal.

El tiempo, en la teoría de Hawking, no existe, ya que en el universo o en los multiversos, este parámetro no tiene principio ni fin. Sólo el ser humano se ha ocupado por nombrar el tiempo y estructurar métricas para cuantificarlo: segundo, hora, día, mes, año, ciclos lunares, solares, año-luz, entre otros. Cada civilización encontró la forma de medirlo, porque de ello dependían los procesos agropecuarios, es decir la sobrevivencia de los grupos humanos. Científicamente se ha definido un segundo-tiempo como “la duración de 9192.631.770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de Cesio (133 Cs), a una temperatura de cero grados Kelvin”.

Prácticamente todos los seres humanos viven eso que se llama “tiempo”, y a pesar de la “objetividad científica” de su definición, lo perciben absolutamente de forma subjetiva y por ello se han acuñado tantas frases coloquiales como “no tengo tiempo”, “me falta tiempo”, entre muchas otras. Pero la vida emocional de los individuos está hecha, más que de tiempo, de momentos, un largo rosario de pensamientos, palabras, acciones, omisiones e interacciones, los cuales, a manera de laberinto lo enmarañan. Se celebran nacimientos, cumpleaños, pero no se sabe si el niño que nace tiene cero años, o ya nueve meses, se celebra su primer cumpleaños cuando tiene 21 meses desde el momento de su concepción. En realidad, los individuos están más hechos de emociones que de tiempo cronométrico.

Los griegos tenían dos nomenclaturas respecto al tiempo y dos dioses: Kronos, el dios del tiempo cuantitativo, y Keiros, el dios del tiempo espiritual. Si fuera cierto esta dualidad, los hechos cotidianos se verían afectados más por el tiempo espiritual que por el cronométrico, la expresión “no tengo tiempo” es extremadamente vaga, pues un pensamiento, una acción, una emoción, requiere más de Keiros que de Kronos.

La manía humana del tiempo ha llegado a extremos de locura, porque mediante la ciencia ficción primero y luego con especulaciones científicas se ha querido considerar la posibilidad de los viajes en el tiempo. H.G. Wells (1895), nos entregó una síntesis del pensamiento de la época que le toco vivir, una reflexión sobre ese deseo subjetivo de querer reconsiderar los hechos pasados, cambiarlos y por ende cambiar el presente y el futuro. Y Hawking, en su obra “Historia del tiempo” (1988), nos aclaró muchísimas dudas al respecto.

Una metáfora respecto al viaje en el tiempo, es la siguiente, si observamos el comportamiento de cualquier ser humano, se pueden identificar patrones o regularidades, esto no quiere decir que el individuo este condenado por sus acciones, porque en todo “momentum” cambia para bien o para mal. La línea patrón del comportamiento individual se puede extender en una gráfica, cuya unidad de medida sería los “años” de vida del personaje imaginario. Considerando sus prácticas de consumo y de vida dañinas, se puede especular cómo será su salud a los 40, 50 o 60 años. Si, por ejemplo, a los 20 años consume alcohol, fuma cigarrillos, vive estresado e ingiere continuamente fármacos, sobre dicho individuo se podría, con un poco de imaginación al estilo de H.G. Wells mirar su futuro, es decir, viajar en el tiempo. En ese horizonte, a los 50 años, nuestro personaje, padecerá gastritis, colitis, reflujo gástrico, diabetes, ansiedad, depresión, dolor entre otras afecciones. En ese momento, el personaje reflexiona sobre la posibilidad de viajar en el tiempo, regresar al pasado y corregir muchas situaciones que desencadenaron la situación de ese “momentum” futuro.

Con lo anterior se quiere señalar que, considerando que el tiempo no existe, pasado, presente y futuro se viven de forma paralela, el presente es el pasado del futuro, pero también, el futuro del pasado, de tal forma que los pensamientos, las palabras, las acciones, las omisiones y las interacciones del presente, tienen, potencialmente, la fuerza para sanar el pasado y sentar las bases de un futuro sin dolor.

A manera de conclusión se puede señalar que cada individuo construye su propia huella emocional, construida con elementos endógenos y exógenos, la cual, si la vive de forma inconsciente lo condena y persigue, mientras que si la hace consciente puede liberarse de rencores, frustraciones, tristezas y potencia su comportamiento hacia el futuro, hacia la trascendencia y la resurrección. La suma de resurrecciones individuales hace apta a las poblaciones humanas y es un paso en la evolución emocional de la especie humana, un pequeño salto hacia su liberación. Darwin acuñó la frase “la supervivencia de los más aptos”, no se refería a la fuerza, rapidez o agilidad de los individuos, sino a su capacidad para garantizarle una existencia de calidad a las siguientes generaciones, objetivo al cual no se puede aspirar si no se eliminan en el presente las taras del pasado.

 

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