La Industria Eléctrica, un sector estratégico


El sector energético es un sector estratégico no es un sector cualquiera, no es como producir lápices o cajas; no, es un sector que tiene que ver con la seguridad nacional algo que se tiene bien aprendido en otras latitudes.
Durante al menos 30 años, los gobiernos neoliberales hicieron de todo para tratar de entregar el control del sector energético a privados, principalmente extranjeros.
El punto máximo de esta estrategia se alcanzó con la modificación constitucional de los artículos 25, 27 y 28, en diciembre de 2013, en el sexenio de Peña Nieto, con la complicidad del PAN, del PRD y de otros partidos satélites del régimen de turno. Fue la llamada “reforma energética”, en la que se abrió la posibilidad de otorgar contratos a privados, sin poner ningún candado a extranjeros, tanto en el sector petrolero como en el sector eléctrico. Esa misma estrategia incluyó la desaparición de la paraestatal Luz y Fuerza del Centro, en 2009, bajo el régimen del narco gobierno panista de Felipe Calderón.
Así que a partir de 2014 y hasta finales de 2018, antes de la toma de posesión como presidente de Andrés Manuel López Obrador, los neoliberales se dedicaron a firmar toda una serie de contratos leoninos dañinos para Comisión Federal de Electricidad, y por lo tanto para la nación, a fin de favorecer los intereses de grupúsculos que sólo saben hacer negocios al amparo de lo público.
También modificaron leyes para construir todo un andamiaje jurídico transexenal y poner así obstáculos a un eventual gobierno nacionalista, tal como estamos viendo ahora con el gobierno de la 4T que está tratando de recuperar nuestro sector energético para la nación.
El sector energético es un sector estratégico no es un sector cualquiera, no es como producir lápices o cajas; no, es un sector que tiene que ver con la seguridad nacional algo que se tiene bien aprendido en otras latitudes.
Por ejemplo, cuando en 2005, China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) intentó comprar a la en ese entonces tercera petrolera norteamericana, UNOCAL, diputados y senadores norteamericanos, demócratas y republicanos, se opusieron aduciendo razones de seguridad nacional, prefirieron que UNOCAL fuera vendida a la compañía norteamericana Chevron por 2 mil 500 millones de dólares menos de lo que había ofrecido CNOOC.
Cuando en 2006 la empresa de energía eléctrica alemana E.On intentó adquirir al análogo de CFE en España, Endesa, políticos españoles pidieron al gobierno central que hiciera “todo lo posible para que un sector tan estratégico como la energía y una empresa tan española, como Endesa, se mantenga dentro de nuestro ámbito”.
En 2008, la empresa rusa Lukoil intentó adquirir a la española Repsol, sin embargo, políticos españoles liderados por Mariano Rajoy (presidente del derechista Partido Popular) se opusieron. Rajoy expresó que “no se puede poner nuestro petróleo, nuestro gas, ni nuestra energía en manos de los rusos, eso nos convertiría en un país de quinta división”.
También en 2008 hubo otro intento de compra de la española Endesa, esta vez por parte de la compañía Électricité de France (EDF). En esta ocasión se formó un pool de empresas españolas del sector energético, Repsol, Gas Natural, Iberdrola y Unión Fenosa “para que todo quede en casa, sin interferencias de los grandes grupos europeos”.
Sin embargo, justo en 2008, las compañías españolas Iberdrola, Gas Natural y Unión Fenosa controlaban ya el 70 por ciento de la generación de energía eléctrica del sector privado en México, en abierta violación al vigente artículo 27 constitucional que señalaba textualmente “corresponde exclusivamente a la nación conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares”. Y esto con apoyo de “mexicanas” y “mexicanos”. No debemos olvidar esto y menos en el contexto actual.



