Articulistas

La industria médico-farmacéutica y la erosión de la salud autogestiva

No pueden existir naciones independientes y autónomas si sus ciudadanos viven dependientes de los paradigmas hegemónicos como son la enseñanza escolarizada, el trabajo asalariado, los sistemas médico-farmacéutico.

Todo dolor, sea orgánico o espiritual, deviene de una irritación, en otras palabras, de un desacuerdo hiperreactivo sobre las condiciones y circunstancias de vida, pero el desacuerdo hacia los paradigmas hegemónicos no es consciente, por ello se banaliza el enojo en contra de los padres, los maestros, lo vecinos; en contra del tráfico vehicular, de la carestía, el desempleo, entre otros.

Factores éstos que gestan respuestas orgánico-emocionales previstas por el propio sistema dominante: enojo, tristeza, depresión, agotamiento, por sólo mencionar algunas, que a largo plazo generan problemas hepáticos, renales, pancreáticos, articulares, entre muchos otros, y entonces allí, aparece en la escena de la vida, la salvadora: la industria médico-farmacéutica, con sus especialidades, su vademécum farmacológico y su tecnología, para vender la utopía de una vida de calidad, una vida con salud, utopía que todos y cada uno de los seres humanos que han pasado por una experiencia relacionada con la industria médico-farmacéutica lo pueden constatar: no ha mejorado significativamente su calidad de vida, pues la vida sin calidad es sistémica y ningún galeno, medicamento o cirugía de ultratecnología pueden (ni quieren) transformar la realidad, en suma el sistema médico sólo es un mecanismo que contribuye a mantener enfermos a los individuos.

El individuo enfermo, posee tres características fundamentales: no posee un proyecto de vida, carece de un sentido para su existencia vital y se siente débil ya que no posee firmeza. El individuo se enferma porque vive hacinado en fábricas, en escuelas, en el transporte público o en el tráfico urbano, en las calles de las ciudades, en los hospitales, en la viviendas, en los mercados; vive infeliz porque cree que no posee lo que merece, mientras que derrocha en el consumo de cacharros, es preso de procesos opresivos, de la avaricia, la ignorancia y se encuentra desconectado de la matriz original: la naturaleza.

El objetivo de la industria médico-farmacéutica, parte fundamental del capitalismo imperialista es destruir, como lo hizo el “Santo Oficio” y la “Santa Inquisición” (que de santos no tuvieron un carajo) el manejo autogestivo de la higiene y los tratamientos herbolarios que, de forma tradicional, manejaron ampliamente las abuelas, madres y tías, los cuales paulatinamente han sido erosionados y destruidos por el congestionamiento provocado por ese complejo industrial médico-farmacéutico.

El señalado sistema sea público o privado desvaloriza y destruye las capacidades autónomas de la medicina doméstica, la herbolaria y el naturismo. La industrialización de los procedimientos para supuestamente conservar o recuperar las capacidades y habilidades de los seres humanos, incapacita a los individuos para producir valores de uso: desde una infusión, un jardín de plantas medicinales, una receta, un consejo, un cambio de comportamiento o proceso organizativo para transformar las condiciones y circunstancias de vida.

La lucha política y social no ha visibilizado la necesidad de recuperar el poder individual, la autonomía personal en la conservación y recuperación de las habilidades y capacidades, es decir de la salud humana. No pueden existir naciones independientes y autónomas si sus ciudadanos viven dependientes de los paradigmas hegemónicos como son la enseñanza escolarizada, el trabajo asalariado, los sistemas médico-farmacéutico y el ambiente legislativo que establece lo que se denomina “Estado de Derecho”. La libertad de las naciones nace de la libertad de sus integrantes.

Un sistema para la conservación o recuperación de la salud, sólo pude existir realmente mediante un modelo heterárquico, es decir horizontal, no vertical como es actualmente, bajo un modelo sanitario ácrata, esto es que los poderes relacionados con la salud sean compartidos, es fundamental el análisis de las condiciones y circunstancias de vida y la generación de propuestas para su transformación radical, sin esa transformación profunda es imposible vivir en armonía y reconectarse con la naturaleza.

 

Más información: El Ahuehuete, herbolaria. 442-3775127 y 427-1212508. contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx.

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