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La misma cucharada

El Ayuntamiento aprobó un reglamento para “fomentar” las organizaciones de la sociedad civil. Lo hizo como de manera precipitada, desde arriba y de espaldas a las organizaciones.

¿Recuerda usted cuando el cabildo de Querétaro aprobó una declaratoria que presuntamente favorecía a los concheros? Bueno, como si se tratara de celebrar el primer aniversario de ese equívoco (por cierto, severamente reprochado por los guardianes de la tradición), este último martes el Ayuntamiento repitió la cucharada.

Resulta que, valiéndole un comino la opinión de aquellos a los que presuntamente se propone impulsar, la mayoría panista en el colegiado municipal aprobó un reglamento para “fomentar” las organizaciones de la sociedad civil. Lo hizo como ha sabido hacerlo esa autoridad: de manera precipitada, unilateral, desde arriba y de espaldas a las organizaciones.

El cabildo debe admitir su sinrazón, acordar la revocación del reglamento y consiguientemente no publicarlo en la Gaceta Municipal ni en La Sombra de Arteaga. Y debe, simultáneamente, convocar a las organizaciones de la sociedad civil para discutir con ellas el mecanismo jurídico y operativo más idóneo que permita empoderar a la ciudadanía, que es el espíritu al que debe responder.

Si faltaran razones, escuchemos a la maestra Carmen Vicencio, de la Asamblea del Pueblo de Carrillo Puerto. Se trata, en sus palabras, de un reglamento que “en los hechos inhibe y desalienta la participación ciudadana, concentra el poder en el presidente municipal, abre las puertas para que el dinero público se entregue a las grandes empresas dizque altruistas, excluye a las organizaciones realmente comprometidas con el pueblo, y sirve de pretexto para que el Estado evada sus responsabilidad social para con toda la población”.

Me consta que la Red de Organizaciones de la Sociedad Civil de Querétaro solicitó formalmente se aplazara la aprobación para abrir un espacio de diálogo y análisis técnico, pero como el menor análisis produce alergia en el cuerpo edilicio, sencillamente a la autoridad le valió lo mismo que le valió la molestia de las 22 mesas de concheros el año pasado. Sigue el panismo sin entender qué pasó el primero de julio.

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