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La re-evolución del alma

Reconstruir las profundidades del alma, eliminando los odios, los rencores, las frustraciones, las falsas expectativas, las suposiciones, los malos pensamientos y las expresiones negativas.

Hace apenas 500 mil años el ser humano domesticó el fuego, es decir pudo encenderlo a voluntad. Con ello pudo ahuyentar a las fieras, iluminar las cavernas, mejorar la temperatura de interiores, cocinar alimentos, inventar la cerámica y fundir metales, fue un salto cualitativo y cuantitativo, una revolución tecnológica, pero también del alma, porque el fuego minimizó el miedo y se convirtió en el centro de la comunidad, la fuente fundamental de todo lo místico y divino.

Al mismo tiempo, la domesticación del fuego permitió la separación del ser humano respecto a sus ambientes naturales, y paulatinamente comenzó a perder sus vínculos con la Tierra, a devastarla. El fuego también se utilizó como un arma contra la naturaleza y contra otros seres humanos.

Tras milenios de explotación de la fuerza de trabajo y expoliación de recursos naturales, la humanidad ha acumulado inmensa riqueza, domina tecnologías, genera conocimientos inmensos, aunque cierto, la riqueza socialmente producida se concentra, solamente, en el 1% de la población, y la ciencia y la tecnología se han desarrollado hasta un limite con el cual puede autodestruirse la civilización humana, con sus aciertos y sus errores.

Se han experimentado múltiples revoluciones, todas fundamentadas en el control de las fuerzas productivas y los medios de producción, siempre bajo el influjo de procesos violentos, en cada una de ellas han surgido seres que han querido compartir lo más profundo de su alma mediante la poesía, la música, la escultura, el baile, la danza, el canto, la cultura en general, como esencia de lo humano. Seres que han querido construir la libertad real, la del alma, su resonancia se ha mantenido y ha trascendido generaciones.

Hoy cuando las alertas suenan por doquier, se reconoce la gravedad se la situación: de la Tierra, nuestra única habitación, no hay escapatoria, no hay esperanza en Marte o Saturno, aún con agua o con cualquier otro recurso. Si el ambiente terrestre -con las condiciones y recursos requeridos por la especie humana- sucumbe, con ello la civilización humana.

Aquí y ahora se requieren cambios de paradigmas, nuestras formas ancestrales de pensar y actuar han des-adaptado a nuestra especie. Se ha probado el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo, el imperialismo, el socialismo; la monarquía y la democracia, nada ha funcionado, todos los modelos han contribuido al deterioro global.

Tal vez no por razonamiento, pero si por necesidad tenemos que avanzar por la senda de los consensos, no de las democracias o monarquías; se necesita no la imposición, si el acuerdo; no las jerarquías, si la toma de decisiones colectivas; se requiere una re-evolución del alma, de las profundidades del ser, se necesita la resurrección de lo humano, dejar atrás las taras ancestrales, la bestialidad del ego.

Las pretensiones ególatras de resolver los problemas entre los seres humanos, mediante formas violentas, no han generado mayor bienestar ni han liberado las fuerzas productivas, obvio, tampoco las democracias ni las tiranías lo han hecho. De todo ello hay que aprender, y no se puede compartir lo que no se tiene, sean ideas, ejemplos, amores u objetos materiales.

Las revoluciones de la prehistoria, la del fuego, la agricultura, de los metales y otras, dejaron atrás la comunidad humana, y los enfrentamientos entre grupos y clanes se tornaron precipitadamente más violento; la emergencia del capitalismo se hizo a sangre y fuego, el socialismo también, incluso muchas de las transiciones democráticas han sido arrasadas por el fuego, baste recordar los golpes de estado contra Árbenz en Guatemala (1954), Allende en Chile (1973), entre muchos otros registrados en los anales de la historia.

Las luchas sociales se han sustentado en la búsqueda de mejoras sociales como las laborales, los servicios asistenciales, la enseñanza escolarizada y otras, pero en esencia todo ese paradigma estructural impide el desarrollo de las fuerzas productivas, y no libera al ser humano, al contrario lo aliena, pues el trabajo monótono, no creativo o incluso muchas veces inútil, es castrante y enajenante.

Se requiere una re-evolución del alma, es decir la reconstrucción de seres humanos que no dependan para su existencia de la venta de su fuerza de trabajo, ni de estructuras estatales y que construyan su propio conocimiento mediante la enseñanza de vida, no la escolarizada. Reconstruir las profundidades del alma, eliminando los odios, los rencores, las frustraciones, las falsas expectativas, las suposiciones, los malos pensamientos y las expresiones negativas. Liberar las fuerzas productivas individuales y colectivas, y reinventar los medios de producción que sean amigables con el ambiente y la salud humana.

Para lograr avanzar en la reconstrucción de lo humano, es necesario que cada individuo actúe considerando el impacto de sus palabras, pensamientos, obras y omisiones sobre el resto de los seres que lo rodean, sean de la misma o diferente especie. Si el efecto es positivo, tanto en las actuales como en las futuras generaciones, eso puede hacerse, de lo contrario debe evitarse.

Más información en El Ahuehuete, herbolaria. Niños Héroes 41, esquina Matamoros, Local 3. Tequisquiapan, Qro. 442-3775127, 414-1070194 y 427-1212508. Correo electrónico: contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx

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