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La Revolución de Octubre. Un siglo

Quizá para las personas que han crecido en el siglo XXI, cuando el tiempo pareciera ir cada vez más rápido debido a los avances tecnológicos y el virtual triunfo del sistema capitalista sobre cualquier otra opción económico-política, hablar de la Revolución rusa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas resulte un sin sentido.

Sin embargo, 100 años atrás, la toma del poder en Rusia por parte de los bolcheviques encabezados por Vladimir Illich Lenin estuvo en boca de todo el mundo, incluso en las de Ricardo Flores Magón, Emiliano Zapata y Francisco Villa.

Su mensaje estaba directamente dirigido a los condenados de la tierra: el proletariado, únicamente dueños de su fuerza de trabajo. Su objetivo era radical: cambiar al mundo de base, extraer de raíz las estructuras y superestructuras capitalistas y, finalmente, acabar con la burguesía, dueña de los medios de producción, y todas sus herramientas de explotación. La meta era igual de radical, por más de una persona considerada como una utopía: la construcción del socialismo y el comunismo, el fin de los Estados y la lucha de clases.

Desde que los comunistas se plantearon realizar lo inimaginable para muchos, el mundo se sacudió. Prácticamente no hubo rincón en el globo que no se planteara la nueva disyuntiva: continuar por el mismo, desigual y explotador camino o tomar el rumbo hacia la izquierda, hacia un futuro donde mandarían los intereses de la clase trabajadora. Hungría, China, Corea del Norte, Vietnam, Camboya, Argelia, Egipto, Angola, Somalia, Libia, Cuba, Nicaragua, etc., todos con sus particularidades y diferentes resultados, intentaron, hasta cierta medida, cumplir con el sueño plasmado por Marx y Engels desde mediados del siglo XIX, redefiniendo el siglo XX, sin duda el más convulso de la historia.

Claro está que el sueño se convirtió en pesadilla en más de uno de esos lugares pero -triste defensa del ‘socialismo real’- el capitalismo no ha resultado más benévolo. Tras el triunfo de la URSS sobre la Alemania nazi en 1945 y el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el fascismo, fase superior del imperialismo, literalmente esclavizó y exterminó a millones de personas, la causa comunista ondeó en lo alto. Decenas y decenas de movimientos de liberación nacional retomaron el ejemplo de Octubre de 1917 y entonaron ‘La Internacional’, himno de las y los obreros. Las contradicciones de la propia Unión Soviética y la demente carrera armamentística desatada con los Estados Unidos durante la larga Guerra Fría llevó a que el proyecto emprendido por los bolcheviques colapsara como pocos en la historia, en una de las lecturas geopolíticas más inesperadas, aquel nada lejano diciembre de 1991, hace apenas 26 años.

Se podrá matar a los hombres, pero no a las ideas’, podrá acabarse la URSS, pero no el ejemplo de octubre de 1917. Por supuesto que este no se encuentra en su mejor estado de salud, las duras críticas al desarrollo soviético o a China y Cuba no son para menos, sin embargo, ese momento de ruptura, cuando las banderas rojas se izaron sobre el kremlin proponiéndose todo por delante está en el imaginario colectivo de muchos… a pesar del tiempo y la propaganda en su contra. A un siglo de tan importante acontecimiento, lejano en términos de la vida de una persona pero cercana en términos históricos, su estudio y su propuesta permanecen vigentes.

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