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La Situación de las Mujeres Víctimas de Violencia Machista Frente al Derecho Penal

Estas normas que definen conceptos coexisten con aquellas que dotan al Estado de herramientas adecuadas para la toma de decisiones.

Hoy constatamos una creciente ola de feminicidios, desapariciones o secuestros de mujeres y niñas; denuncias de acoso machista y/o violaciones. Aunado a ello, observamos en los medios de comunicación que, en términos coloquiales, la justicia parece ajena a esta situación: no hay policías o ministerios públicos con la visión necesaria para llevar a juicio a los agresores ni jueces con capacidad para sancionarlos. Pareciera que las mujeres y niñas estamos solas frente a la violencia machista y frente al derecho penal; que no existe un Estado con un aparato político y de justicia que proteja a las víctimas, sancione a los agresores y repare los daños causados.

Utilizo el concepto “machista” para subrayar que el concepto violencia de género se creó para explicar de manera técnica la causas y efectos que las agresiones de los machos tienen en la vida de las mujeres y en las comunidades, entendiendo siempre que se trata de relaciones de poder y control, de supra/subordinación en las que la vida, la dignidad y la libertad de las mujeres está subordinada al poder del macho de la especie humana.

Conceptos, decisiones y ejecución

Frente a este panorama, para entender dónde están colocadas las mujeres víctimas en nuestros ordenamientos jurídicos, específicamente, el penal, tenemos que analizar tres elementos claves de todo sistema normativo: su construcción a través de la formulación de conceptos legales y de la creación de estructuras coercitivas; la toma de decisiones respecto de ese sistema normativo con definición de quién y en qué momento deben tomarse, así como la ejecución de esas decisiones.

Tres elementos que deben tener como características constitutivas la precisión, su claridad y su accesibilidad a todas las personas interesadas. El primero de estos elementos no ha representado ningún problema en México pues existe un andamiaje jurídico —tanto penal como el necesario para generar políticas públicas adecuadas— que parte de definir esta violencia machista contra las mujeres y niñas como un asunto de orden público e interés social, por tanto, se trata de un sistema que debiera prevenir y sancionar todo acto de violencia de género contra las mujeres y niñas, atender a las víctimas, reparar los daños y erradicar esta pandemia.

En él se han definido con mucha claridad los conceptos pertinentes y se ha reconocido que estas violencias están ancladas en relaciones estructuralmente perversas, razón por la cual las mujeres y niñas víctimas no pueden salir de los ciclos de violencia porque el primer efecto de estos hechos es la pérdida de la capacidad de actuar que genera un síndrome que se llama de “indefensión aprendida” reforzado por todo un entorno cultural que permite la existencia de estructuras sociales en las cuales el hombre/macho tiene un poder y un control que ejerce a través de la imposición de sus deseos sobre las niñas y mujeres de su entorno —ya sea cotidiano en las familias, escuelas o trabajos; ya sea esporádico como los encuentros en las calles y el transporte público— desde la mirada que incomoda hasta la imposición de una maternidad no deseada; desde el hombre que se masturba en el trasporte público junto a una joven, hasta la tolerancia y disfrute de la prostitución; desde compartir videos de contenido sexual no autorizados por la joven que aparece en ellos, hasta la violación; desde una brecha salarial inexplicable en contra de las mujeres trabajadoras hasta la incapacidad de decisión sobre el propio cuerpo; desde el control económico y patrimonial del marido hasta el feminicidio.

Con este conjunto normativo se podría afirmar que, en México, mujeres y niñas cuentan con las herramientas necesarias para aspirar a vivir sin violencia. Sin embargo, una realidad aberrante se impone y hace pertinente preguntar cuál es la situación real de las víctimas de la violencia machista frente a este marco con un enfoque puntual en el derecho penal.

Pues estas normas que definen conceptos coexisten con aquellas que dotan al Estado de herramientas adecuadas para la toma de decisiones que permiten investigar con prontitud los hechos, llevar a juicio a los agresores, definir las sanciones proporcionales y adecuadas a los daños causados con una visión reparadora de los mismos. Sin embargo, estas decisiones no llegan con la prontitud necesaria, cuando llegan, ni alcanzan los objetivos deseados.

Una de las razones es que el ejercicio de la justicia penal también está anclado en un contexto permeado por un ‘habitus’, entendido como un sistema de esquemas de comportamientos, reglas de conducta interiorizadas que permiten engendrar todos los pensamientos, interacciones, percepciones y acciones características de una cultura determinada (Bourdieu), creadas y perpetuadas a través de una norma universal que define al hombre y desconoce a quienes no reúnen las características de dicha norma: mujeres, niñas, niños, indígenas, afrodescendientes y la larga lista de la diversidad sexual.

Un sistema que, por lo que se puede constatar, vuelve ciegas a todas las personas que interactúan en los espacios de justicia: les impide analizar el contexto en que se expresan todas las formas de violencia machista; es un obstáculo para reconocer que ese contexto arroja resultados muy distintos si se analizan los hechos y las circunstancias a través de una perspectiva de género, esa que reconoce el ‘habitus patriarcal’ y que invisibiliza las condiciones particulares de cada caso concreto bajo el manto de la supuesta neutralidad y universalidad de las heteronormas del derecho penal, características que desconocen las particularidades y contextos de las personas, en especial los de las mujeres. El derecho penal es ciego a las mujeres y las niñas.

*Doctora en Derecho por la UNAM. Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas/UNAM, integrante del SNI, especialista en derechos humanos de las mujeres y pionera en estudios jurídicos de género.

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