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La última y nos vamos

Por vez primera y única se anota que podrá participar en el Consejo alguien del sector académico, cuando lo invite el presidente, así como alguien de la Junta de Asistencia Privada.

Era su último día al frente del municipio de Querétaro. Pero fue sólo una formalidad, pues ya había recogido sus pertenencias…, y lo que no le pertenecía. Siempre hizo negociaciones en nombre del Ayuntamiento para quedarse con las ganancias, los bienes y el poder.

Marcos Aguilar Vega había entregado la oficina, se había definido quién sería su suplente al frente de la alcaldía del municipio de Querétaro y, aun así, en el último minuto del último día (viernes 24 de agosto) firmó una última convocatoria, la cual también fue firmada por Fátima Yadira Montes Fraire, síndico municipal, y Francisco Xavier Alcocer Sánchez, regidor.

En un desplante de cantante de ranchero en cantina, entonó “La última y nos vamos”. Convocó al ayuntamiento para aprobar el REGLAMENTO DE FOMENTO A LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL del Municipio de Querétaro e inició el mismo proceso que otras veces siguió el mismo presidente, con la misma (falta de) oportunidad y la misma (falta de) reconocimiento del valor de los destinatarios, en este caso, de los integrantes del cabildo y de las organizaciones de la sociedad civil del municipio.

Todo hace ver que no importa atentar –como ahora con este instrumento– contra funcionarios, contra los integrantes de la sociedad que forman parte de las organizaciones civiles y contra la población en general. La convocatoria se entregó a los miembros del ayuntamiento el siguiente día hábil (lunes 27 de agosto) para ser aprobada el martes 28, como sucedió a las 8 de la mañana.

Por tanto, es obvio que el ayuntamiento no consultó con las organizaciones sociales, aunque anota desde sus primeras líneas, en el artículo 1, que este reglamento es de orden público para consolidar un estado democrático (art. 6) con el que se busca la justicia distributiva de los recursos municipales y que promueve equidad y desarrollo social.

Para lograr lo que se propone, con el reglamento se reconoce un Consejo (art. 11) cuyas funciones serán, según el art. 12, (a) definir las políticas públicas y las acciones correspondientes; (b) evaluar las políticas y acciones públicas; (c) promover el diálogo continuo con el sector social público, aunque también menciona al sector privado (¿?); (d) identificar las faltas contra el reglamento y las medidas para corregirlas; (e) aprobar los manuales para esta función; (f) lo demás que se requiera.

Sorprende que este Consejo quede al frente de las organizaciones de la sociedad civil, lo que significa contra ellas, pues debería acompañarlas, no dominarlas, como sugiere el que el Consejo está integrado en nueve cargos, y sólo dos de ellos “pertenecen” a la sociedad civil: alguien que coordine una de las redes, pero que sea propuesto por el presidente del Consejo (autoritarismo del municipio) así como alguien con representación legal de una de las redes, pero que tiene que inscribirse ante convocatoria publicada electrónicamente.

En otra de las representaciones quedará alguien en representación del sector empresarial (¿no que la sociedad civil?) propuesto igualmente por el presidente. Los otros cargos son para personal del municipio: seis puestos, de un total de nueve.

Se establece que podrán participar personas en nombre de otras dependencias o áreas de la administración pública, cuando las invite el presidente. Por vez primera y única se anota que podrá participar alguien del sector académico, cuando lo invite el presidente, así como alguien de la Junta de Asistencia Privada.

La instancia de fomento a las organizaciones de la sociedad civil del Municipio de Querétaro, que así se abrió el martes 28 de agosto de 2018, merece más análisis y comentarios.

Las organizaciones sociales que caen bajo este reglamento habrán de defender el valor y la eficacia de su labor, frente a la incapacidad del municipio y del estado, pese a los sueldos altísimos que se les paga. En próximas entregas de esta columna se seguirá con análisis y comentarios la iniciativa municipal.

Más allá de las reacciones legítimas contra esa forma de entender el fomento a las organizaciones, vale advertir los niveles de corrupción a que han llegado los gobiernos mexicanos en sus diferentes niveles y alcances (legislativo, judicial y ejecutivo, municipal, estatal y federal). Esa corrupción, unida a la ceguera social que tienen muchos funcionarios, los coloca al servicio incondicional al gran poder del dinero.

Ellos cavan su propia tumba, como ahora lo hace Marcos Aguilar Vega.  La expresión reiterada de rechazo popular a este señor no ha sido atendida por él, quien ahora deja la presidencia municipal para ser diputado plurinominal; es voraz en los cargos, en la supuesta popularidad de que goza y, más que nada, en los beneficios económicos que le reporta andar saltando de un lado a otro.

Tal vez por eso es promisorio el triunfo electoral de AMLO en la contienda que se celebró recientemente en México, aunque es necesario vigilar los pasos de la gestión de López Obrador, cuidar sus logros y no permitir que otros le impidan ver a la población mayoritaria. No conviene que Andrés Manuel se vaya a cegar y pervertir, como ahora le ha sucedido a Marcos Aguilar Vega.

 

gguajardoglez@hotmail.com

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