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La unión que hace la fuerza…

Los recientes, trágicos y muy lamentables hechos que han afectado a nuestra República han detonado importantes fenómenos entre nuestra gente; han sacado a la luz el lado más humano, positivo y optimista de nuestra gente, sin dejar de lado también la frívola, aberrante y molesta actitud de nuestras autoridades y sus instituciones.

Toda esta situación ha significado en una u otra manera un parteaguas en la vida cotidiana y afecta en diferentes grados y aspectos el sentir, el pensar y el actuar de mucha gente; por lo que bien podríamos aprovechar esta situación para hacer un importante ejercicio de reflexión e introspección.

En su libro ‘Psicología de las Situaciones Vitales’, Eduardo Nicole nos insta a cultivar, desarrollar y ejercitar nuestro sentido de la curiosidad, nos invita a cuestionar todo en nuestro entorno, aún aquellos dogmas que aceptamos como reales o absolutos, nos invita a cuestionar su naturaleza e influencia en nuestro propio andar; todo ello con la finalidad de que podamos ampliar nuestra perspectiva, nuestro horizonte y profundizar en sus múltiples aristas y los posibles ángulos para interpretar o entender el ambiente en el que nos desenvolvemos.

Así que le pregunto a usted amigo lector, ¿no es momento de sentarnos a reflexionar sobre nuestro actuar? Si damos por sentado que la clase política y todas las instituciones gubernamentales no tienen vocación de servicio, ¿por qué seguirles dando trabajo votando por ellos? Si sabemos que son unos parásitos del erario ¿por qué seguirlos manteniendo con el voto? ¿Qué falta para que entendamos que no son útiles para servir al pueblo y que es tiempo de prescindir de ellos? Si ya nos dimos cuenta de que son un lastre para el desarrollo del país ¿qué esperamos para dejar de prestarles atención y buscar otras opciones independientes? Me parece que esta situación nos deja muy claro que con esa clase de seres tan inhumanos no se puede confiar.

Pero más allá de eso amigo lector, pensemos en nosotros como sociedad, ¿no es momento de sentarnos a reflexionar al respecto sobre el poder que tenemos para enfrentar las adversidades? ¿Esta movilización general de apoyo a nuestros compatriotas no nos permite ver la capacidad que tenemos para generar un cambio? ¿No es ésta solidaridad un ejemplo concreto de que podemos hacer a un lado nuestras diferencias y construir un nuevo país? El desastre azotó sin distinguir clases sociales, razas ni credos, así que pregunto ¿No es entonces momento de dejar de hacernos menos los unos a los otros y empezar a vernos como iguales? ¿No es suficiente de que gran parte de la gente deje de vivir aparentando y presumiendo alguien que no son y retomar el mismo humilde origen del cual provenimos? ¿Estas experiencias no son un llamado a reconsiderar nuestra fragilidad? ¿No es momento de empezar a valorar y disfrutar las cosas que verdaderamente valen la pena? ¿Por qué no nos hemos dado cuenta de que nos necesitamos mutuamente? Nosotros mismos somos un conjunto hecho de conjuntos, somos un conjunto de órganos, que a su vez son un conjunto de tejidos, los cuales son un conjunto de células y así sucesivamente; entendamos que nos necesitamos en grupo, no sólo desde la concepción y hasta los últimos años, sino en ese recorrido intermedio.

Nuestros pueblos y culturas originarias lo sabían, su base estuvo centrada en la vida colectiva, lo podemos ver y constatar en muchas de las tradiciones de nuestros pueblos originarios, el calpulli era la base de la organización mexica, grupo de 20 familias, esta es la herencia que explica por qué se defiende al barrio como una familia propia; este sentido de la unidad y de la familia traspasó a la muerte misma, con la visita y convivencia en la festividad que se rinde a los difuntos; las viviendas mayas aún se diseñan de tal manera que las familias puedan sentarse alrededor a platicar o a escuchar al cabeza de familia, en el pueblo Tutunakú todos participan en el corte, traslado e instalación del poste para la ceremonia de los voladores, todos participan en cada parte del proceso y no reparten tareas en este caso específico sino que todos van; los pueblos Hña Hñu comparten las tareas de preparación para sus tejidos, como una cadena de ensamble, sin conocer tal concepto que todos le celebran a cierta empresa automotriz, como ejemplos mínimos; en general, podemos ver este sentido del colectivo y el cooperativismo en las fiestas patronales de muchos de nuestros pueblos; entonces, si tenemos tanta variedad, ¿por qué no hemos aprendido a valorarlo? ¿Por qué seguimos sin reconocer esta riqueza? El modelo económico de la Comunidad Europea está basado en estos modelos de la cooperación ¿por qué desperdiciamos este conocimiento?

Pregunto entonces: ¿No es momento de darnos cuenta de toda la fuerza que podemos generar juntos? Este es el momento adecuado para entender que la única manera en que podemos subsistir es a partir de la vida colectiva, somos sujetos gregarios por naturaleza, esta experiencia es sólo una muestra de la necesidad que tenemos los unos de los otros, ya es momento de dejarnos de divisiones, clasificaciones, marginaciones, exclusiones, etiquetas, menosprecio y humillaciones.

Me gustaría dejar la invitación para pensar y hacer consciencia de lo valiosa y sutil que es la vida; pero principalmente instarlos a conservar esta misma sensibilidad y empatía para pensar en la sociedad que queremos y pretendemos construir, justo como ahora… Entre todos juntos.

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