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Las condiciones sociales, su impacto en la salud humana

En las sociedades capitalistas, basadas en la explotación de una clase social por otra, y en las sociedades de orientación no capitalistas o menos depredadoras, los seres humanos viven sumergidos en ciertos paradigmas, que se pueden resumir en una palabra: institucionalización.

La interacción entre las fuerzas estresoras naturales y artificiales, endógenas y exógenas gestan reacciones emocionales cuya respuesta adecua al individuo y sus colectivos al ambiente que les rodea, es decir los vuelve aptos. Si las respuestas son recurrentemente exacerbadas o hiperreactivas se provocan afecciones leves, graves o crónicas. Para minimizar su efecto se debe administrar la respuesta y modificar las condiciones que las generan.

Las fuerzas estresoras generan respuestas y, en dependencia de su magnitud, duración y recurrencia debilitan el sistema inmune, alteran el pH (acidez/alcalinidad) de órganos y sistemas, favoreciendo la proliferación de microorganismos nocivos, aumento en la producción de glucosa, sustancias oxidantes y otras que el organismo no elimina fácilmente, por lo que se establece un estado de desequilibrio orgánico que deriva de uno emocional. Este, a su vez, deviene de circunstancias endógenas y exógenas, por ello la gestión y administración de las emociones nos permite entender como transformar las condiciones endógenas y como administrar las exógenas para lograr un estado de vida armónico, saludable y lograr la sanación del cuerpo y del alma.

La sanación es un fenómeno complejo donde el factor primordial es el comportamiento humano, pues es, mediante éste, que el individuo o los colectivos sociales aceptan y se someten a los paradigmas, prefiriendo el dolor a la nada, o bien se sublevan contra estos, los transforman y luchan contra los miedos generados cuando se vive en un falso nicho de confort. La rebeldía construye la oportunidad para darse una nueva oportunidad, transitar a la nada, a lo desconocido, a la utopía y hacerla posible.

Las condiciones sociales a lo largo de la historia han desarrollado pirámides jerárquicas. Aún la humanidad no se ha dado la oportunidad de construir sociedades heterárquicas, en donde cada individuo aporte a la sociedad según sus capacidades y pueda disfrutar según sus necesidades, construidas éstas últimas, con base en el conocimiento y entendimiento de que los recursos siempre son limitados.

En las sociedades capitalistas, basadas en la explotación de una clase social por otra, y en las sociedades de orientación no capitalistas o menos depredadoras, los seres humanos viven sumergidos en ciertos paradigmas, que se pueden resumir en una palabra: institucionalización.

Bajo el esquema global todo está institucionalizado: el empleo, la enseñanza escolarizada, los sistemas de salud, la administración de los recursos públicos, la llamada seguridad (cuerpos policiaco-militares), la política, los recursos naturales, entre muchos otros. La institucionalización es un proceso mediante el cual se aliena mentalmente a los individuos y se les estructura una cosmovisión o forma de percibir la realidad que conviene a los intereses de quienes controlan dicha sociedad, esto soportado mediante la superestructura ideológica: ideas, leyes, religión, creencias, prejuicios, moral, tabúes, etc. De tal forma que los individuos se comportan bajo parámetros de lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, lo exitoso y lo fracasado, como si fueran verdades eternas y naturales, sin cuestionarlas, ni modificarlas.

Lo institucional dicta la forma en que se conciben los hijos, se atiende el embarazo, se nace, se alimenta a los bebes, como los niños deben socializar, aprender, informarse, reproducirse, enfermarse, curarse y finalmente morir.

Bajo estos paradigmas se impone el control natal consciente o inconsciente, la represión sexual, la cesárea, la lactancia artificial, los fármacos sintéticos y comerciales, la enseñanza escolarizada, el trabajo asalariado con sus raquíticas prestaciones sociales como la prima vacacional, el aguinaldo y los servicios médicos públicos, los aseguramientos, la imposición de creencias religiosas, la muerte y la intrascendencia humana, todo esta institucionalizado.

Los primeros fundadores de los conjuntos sociales lograron avances para la sobrevivencia propia y del clan, es decir domesticaron el fuego y con ello pudieron iluminar la penumbra, controlar a las fieras salvajes y mejorar la palatabilidad de los alimentos. También domesticaron plantas, animales, desarrollaron la cerámica y el conocimiento sobre las propiedades medicinales de las plantas, animales  y minerales; entre otros muchos aspectos que permitieron controlar la incertidumbre. Por ello, primero con los procesos tradicionales y luego con la enseñanza homogénea, la religión, la moral y con otros componentes de la superestructura, se fue alienando paulatinamente a las nuevas generaciones, impidiendo el libre albedrio, la propia experimentación y el equivoco. De esta forma se fue gestando la asignación prenatal de los roles sociales: esclavos y esclavistas, alfareros, sacerdotes, reyes, sacerdotisas, señores feudales y plebeyos, propietarios y desposeídos y toda una jerarquía social.

El resultado de la institucionalización es la alienación o castración mental y emocional de los individuos. Por ejemplo, el matrimonio se instituye para proteger los bienes patrimoniales, no el amor; la enseñanza escolarizada por nivel único, para memorizar y repetir información y aprender a obedecer, no para la construcción de pensamiento critico ni conocimiento significativo. Un modelo hegemónico de atención paliativa a los enfermos y dolientes, no la resolución de las causas que provocan las afecciones y la sanación de los mismos.

 

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