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Las “huelgas por el clima”: de Greta Thunberg a Jorge Riechmann (I/II)

Al ser liberado, el filósofo recordó a Thoreau, quién indicó que “en una sociedad injusta el lugar para un ser humano que aspira a la justicia es la cárcel”.

En nuestros días los jóvenes del mundo han comenzado a movilizarse para intentar detener un modelo civilizatorio depredador que amenaza con acabar con las condiciones materiales de existencia de la humanidad.

Luego de que, hace poco más de un año, la pequeña Greta Thunberg iniciase en Estocolmo sus ‘Fridays for Future’ —es decir, de que se apostase todos los viernes a la entrada del Parlamento sueco para exigir medidas realmente comprometidas de los legisladores de su país para detener la degradación climática; a la cual, poco a poco fueron sumándose más y más jóvenes que simplemente expresaban: “¿Para qué estudiar para un futuro que puede no estar allí?, ¿para qué gastar tanto esfuerzo en educarse cuando los gobiernos no escuchan a quienes se educan?”—, a lo largo y ancho del planeta han venido ocurriendo movimientos asociados y coordinados.

En algunos países simplemente “marchas por el clima”, en otros han incluso ocurrido conferencias, simposios e incluso “cumbres” (‘summit’) alternativas a las organizadas por el Banco Mundial o el G-7, donde los jóvenes expresan su hartazgo ante unos gobernantes y empresarios que mucho prometen, pero hacen muy, muy poco… mientras el fenómeno se agrava y las condiciones de vida de la vida de la tierra se deterioran.

Al respecto, nunca sobra recordar, tal y como se manifestó en el Quinto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC AR5) presentado en el 2013, que el dióxido de carbono (CO2), un gas que liberan masivamente no sólo las plantas generadoras de electricidad que utilizan carbón sino todos los motores de combustión interna, se mantiene, prácticamente sin disminuir el efecto sobrecalentador, más de 500 años en las capas altas de la atmósfera; es decir, que en el año 2250 la tierra estará calentándose como consecuencia de los gases emitidos por la primera Revolución industrial: la de mediados del siglo XVIII.

En nuestro Querétaro, y organizado por el Dr. Omar Chávez, el 20 de septiembre pasado realizamos una marcha por el clima que contó con una nutrida concurrencia, mientras en muchos otros lugares del orbe se desarrollan movimientos similares, los que han tenido efectos diversos.

Por su importancia y brutalidad no puedo dejar de referir lo ocurrido en la capital española, donde, luego de una movilización pacífica, la policía decidió encarcelar a varios ambientalistas, incluido el Dr. Jorge Riechmann, el catedrático de la Autónoma de Madrid, autor de los ‘Poemas Lisiados’, ‘Del Buen Encaje de los Ecosistemas’ o de la ‘Ética Extramuros’; entre muchas y muy valiosas obras que intentan despertarnos y obligarnos a mirar el negro futuro que se avecina. Al respecto, no sobra repetir elementos de la nota de ‘La Vanguardia’, publicada el 10 de octubre:

“El filósofo, poeta y ecologista, Jorge Riechmann, uno de los detenidos esta mañana durante la acción de desobediencia civil en Madrid frente a la crisis climática, ha dicho a EFE que ‘el problema no es que cientos de personas protesten, es que no haya más personas planteándose que no podemos seguir así’”.

“Tenemos una situación ecológico social tremenda a la que nuestra sociedad no quiere hacer caso”, “la crisis climática está avanzando rápidamente a un ecocidio que tiene que ver con un genocidio, (vamos) hacia un planeta inhóspito”. Al ser liberado, el filósofo recordó a Thoreau, quién indicó que “en una sociedad injusta el lugar para un ser humano que aspira a la justicia es la cárcel”.

(Continuará).

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