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Las Mujeres y su Participación Electoral

Hasta 1953, por decreto presidencial, pudimos votar; sin embargo, en ese momento la calidad de igualdad con los hombres no era reconocida en la ley.

Para las más jóvenes podrá ser común saber que ahora, más que en ninguna otra época de la historia independiente de nuestro país, pueden aspirar a un cargo público y que, si se encuentran con dificultades, pueden acceder a la justicia electoral. Esto no fue siempre así. Y no por un impedimento legal, sino porque las mujeres no participábamos, por la simple razón de que en la mente colectiva no éramos consideradas.

Hasta 1953, por decreto presidencial, pudimos votar; sin embargo, en ese momento la calidad de igualdad con los hombres no era reconocida en la ley. Fue en 1974, apenas 46 años atrás, que el artículo 4 constitucional se reformó para otorgar a las mujeres la igualdad legal con el hombre. Si bien mujeres y hombres somos iguales ante la ley, varios artículos constitucionales y de ordenamientos de menor jerarquía se refieren al “ciudadano” u “hombre”, lo que evidencia que a quienes legislan les ha costado trabajo visibilizarnos.

Algo similar ha sucedido en la materia electoral, en la que, por muchos años, las mujeres fuimos consideradas en los partidos políticos solo para trabajos de convencimiento y promoción del voto, para engrosar actos de campaña, para proponernos como propietarias en candidaturas que al ganar y acceder al cargo para el que fuimos electas nos obligaran a renunciar, arribando el suplente hombre. Lo que fue una práctica recurrente, hasta que en el 2012 se denunció el lamentable caso conocido como “Juanitas”.

“Paridad en Todo”

Pero previo a ese precedente jurisdiccional, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, impuso una regla que aún no estaba normada, de candidaturas del mismo sexo en propietaria y suplente para cargos a diputaciones y senadurías existían otras reglas denominadas “cuotas” que en su momento no eran vinculantes, pero introdujeron el diseño de paridad de género que se cristalizó con la reforma constitucional del 6 de junio de 2019. La llamada “Paridad en Todo”.

Estas cuotas consiguieron, primero como buenas intenciones, que los partidos políticos promovieran en 1993 la participación de las mujeres en política, incluyendo un artículo transitorio en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), que no vinculaba a su cumplimiento, ya que era una recomendación.

Posteriormente, las reformas de 1996 y 2002 en el COFIPE, se estableció, respectivamente, la postulación 70-30 y 60-40; esta última ya con sanciones a los partidos. Sin embargo, se privilegiaba al género masculino frente al femenino en las candidaturas.

Fue hasta 2014, que en el artículo 41 Constitucional se estableció la obligatoriedad del 50-50 en candidaturas al poder legislativo y se hizo práctica por parte de las autoridades electorales administrativas y jurisdiccionales de aplicarla a los Ayuntamientos. Estas acciones afirmativas son resultado de una lucha que ha permitido la total integración de las mujeres en la sociedad democrática mexicana.

*Defensora Ciudadana de Derechos Político Electorales en el Tribunal Electoral de la CDMX

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