Articulistas

Los berrinches de Anabel Hernández

Totalmente preocupada por la soberanía gringa, pero enardecida contra la actitud soberana de México, Anabel Hernández se quejó amargamente por la desobediencia que el gobierno mexicano mostraba ante los gringos.

Totalmente preocupada por la soberanía gringa, pero enardecida contra la actitud soberana de México, Anabel Hernández se quejó amargamente por la desobediencia que el gobierno mexicano mostraba ante los gringos.

Los malosos de México han tenido la capacidad para asesinar —sin problema alguno— a políticos importantes como Luis Donaldo Colosio, Francisco Ruiz Massieu o Camilo Mouriño. A cantantes o artistas famosos como Víctor Iturbe “El Pirulí”, Valentín Elizalde, Jenny Rivera y otros. A periodistas críticos comprometidos con la verdad como Manuel Buendía, Miroslava Breach o Francisco Ortiz Franco. Pero curiosamente, a esta periodista que supuestamente hace investigaciones muy profundas donde señala tanto a funcionarios corruptos como delincuentes importantes, nadie le ha tocado un solo cabello, lo cual celebro, porque más importante que sus investigaciones es su propia vida, pero claro es que a esta señora o la cuida muy bien el señor de los cielos, o la protege eficazmente un poder terrenal muy grande.

En los últimos días, Anabel Hernández se ha mostrado como jamás se la había visto: enojada, desencajada, casi al borde de una crisis histérica debido a la actitud de independencia que frente al gobierno estadounidense ha asumido nuestro gobierno federal.

La primera vez que se la vio arremeter furiosamente contra las políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue cuando este envió a la cámara de diputados una iniciativa de ley para normar las actividades en México de los agentes del organismo norteamericano que maneja y controla los cárteles criminales y el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, a esta agencia se la conoce como DEA.

Apenas supo Anabel Hernández lo que el gobierno mexicano pretendía hacer, atacó ferozmente al presidente y dijo que la verdadera intención de AMLO era alejar de México a los norteamericanos para permitir que el crimen organizado trabajara libre e impunemente en nuestro país. En las constantes entrevistas que le hicieron los medios más vistos de México, la periodista opinó que los agentes gringos que estuvieran en México trabajando, debían hacerlo con todas las facilidades, prácticamente sin límite alguno, pues —según ella— la presencia de estos agentes era la única posibilidad de combatir al crimen organizado, ya que en nuestro país todos los policías son corruptos.

Más lo que definitivamente vino a terminar con la poca prudencia que le quedaba, fue que la Fiscalía General de la República (FGR) haya concluido que las “pruebas” que el gobierno gringo presentó para acusar al General Salvador Cienfuegos (exjefe de las Fuerzas Armadas con Peña Nieto) eran casi ridículas, totalmente inconsistentes e insuficientes para sustentar un caso contra el militar. Más todavía, cuando AMLO ordenó que el expediente que contenía dichas “pruebas” fuera expuesto al pueblo de México de plano ya no supo de sí misma: a gritos dijo que con ese acto se lesionaba la soberanía de EUA y del gobierno norteamericano, y que se provocaba un conflicto diplomático de gran calado.

Totalmente preocupada por la soberanía gringa, pero enardecida contra la actitud soberana de México, Anabel Hernández se quejó amargamente por la desobediencia que el gobierno mexicano mostraba ante los gringos. Enseguida, los usuarios de las redes sociales especularon, ¿es verdad que toda la “información” que maneja esta señora se la proveen la DEA y el gobierno gringo?, si Díaz Ordaz y Echeverría eran agentes de la CIA, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo con esta señora? ¿por qué tanta desesperación y enojo por este pequeño arrebato de dignidad e independencia del gobierno federal?, y sí, en mi opinión, Anabel Hernández actúa sospechosamente muy al estilo Guaidó.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba