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Los retos del “nuevo” comité ejecutivo del SUPAUAQ.

El proceso conflictivo vivido entre las dos vertientes del SUPAUAQ, uno reconocido legalmente con “toma de nota”, encabezado por Saúl García Guerrero, y el dirigido por Nuri Villaseñor Cuspinera, respaldado por Gilberto Herrera Ruiz, entre octubre de 2016 y octubre de 2018, dejó un saldo lamentable en la vida interna del sindicato de los académicos y repercutió en otros ámbitos de la dinámica universitaria, como el despido injustificado de docentes que simpatizaban abiertamente con la planilla “Lucha Sindical Universitaria” para minar progresivamente la resistencia de quienes cuestionaban el aparato hegemónico del exrector GHR, por inmiscuirse en la confrontación intersindical tanto en el SUPAUAQ como en el STEUAQ. Todo ello, enmarcado en una táctica de contrainsurgencia sindical universitaria, en la que no se distinguía la frontera de la autonomía sindical con respecto de las autoridades universitarias.

En esa pugna desigual, las bases del SUPAUAQ institucional, se quedaron inicialmente sin sus instalaciones, recursos financieros, cuotas sindicales (retenidas unilateralmente por la rectoría), licencias de descarga para ejercer sus tareas sindicales, además de ver suspendido su programa “Voces del SUPAUAQ” en Radio UAQ y tener que presentar una querella para recuperar los derechos de la revista “Superación Académica”, órgano de difusión del SUPAUAQ. Una vez recuperadas las oficinas del SUPAUAQ, estas trabajaban, con ínfimos recursos, con cuotas voluntarias de quienes permanecían fieles y activos con el equipo de Saúl García. Sin embargo, todo el año de 2018, fue de penurias económicas, pues con los escasos recursos recibidos para ese concepto, se encaminaban para el pago de personal de apoyo secretarial y técnico, para teléfono, agua, luz, predial, fotocopias y para la asistencia a los eventos nacionales del sindicalismo universitario, a quien hay que reconocer, que contra viento y marea, mantuvo el respaldo político y moral a este sector institucional del SUPAUAQ. Permítaseme un desvarío, mientras que a Rosalba Flores Ramos, exlíder del sindicato, nada le pasó por haber depositado dos millones del SUPAUAQ a las arcas universitarias, a Laura Leyva, combativa exsecretaria general del STEUAQ, se le aplica una “vendetta política” y se le despide injustificadamente.  

Considero que el “nuevo” Comité Ejecutivo del SUPAUAQ, presidido por Ricardo Chaparro, tiene una serie de retos sindicales:

  1. RECONSTITUIR AL SUPAUAQ, sobre la base de un sindicato fracturado y debilitado que escala la dirigencia gremial sobre las traiciones en el proceso diálogo y negociación para la conformación de una planilla única (3+3), que finalmente se comportó de manera excluyente, no solo con el grupo de Saúl García, sino también con la Delegación Sindical de Bellas Artes. El haber incorporado a “toro pasado” y sin registro a María Antonieta Mendoza del grupo de Saúl García, no parece un gesto de buena voluntad, sino una finta para lograr la gobernabilidad del SUPAUAQ.
  2. RECUPERAR LA CREDIBILIDAD Y CONFIANZA. El proceso electoral 2018-2020 resultó muy “desangelado” y con escaso interés para los integrantes del SUPAUAQ. El registro de UNA sola planilla, sin representación de las fuerzas que habían contendido en el 2016, le quitó el marco de competencia electoral, inclusive para los propios simpatizantes del grupo Nuri-Balderas-Chaparro, quienes en la primera ronda electoral del 10 de octubre alcanzaron 343 votos, en tanto que en la segunda vuelta del 17 de octubre de 2018, apenas lograron sumar otros 56 votos para acumular 399, en total. Esta cantidad de votos efectivos comparada con los 1700 afiliados al SUPAUAQ representa un porcentaje del 23.50 por ciento de participación, sin incluir los votos nulos, algunos de los cuales llevaban leyendas contra la exclusión y contra el acoso.
  3. EMPATAR LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD. No hubo formalmente ninguna impugnación por la legalidad de un proceso electoral, salvo la interpuesta por el registro de la planilla única, por parte de la Delegación de Maestros Jubilados y Pensionados del SUPAUAQ (la cual finalmente fue desechada por la Comisión Electoral) que cuestionaba la violación de los Estatutos del SUPAUAQ, al no solicitar a los candidatos, ni a los sufragantes, una comprobación de su participación en las reuniones y asambleas del SUPAUAQ, mucho menos del pago de sus cuotas. La Comisión de Vigilancia fue omisa al respecto. Sin embargo, a pesar de ello, la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, le otorgó la “toma de nota” a la planilla “Autonomía Sindical” (ASI), encabezada por Ricardo Chaparro. Mucho se cuestionó al grupo de Saúl García la legitimidad, ahora el equipo de Ricardo Chaparro ya tiene la legalidad, pero con acciones concretas de defensa del Contrato Colectivo de Trabajo, con la defensa irrestricta de los profesores y sus cargas horarias, independientemente de sus preferencias electorales y posiciones políticas, de la comprensión e inclusión de todos los sectores universitarios, incluyendo a los jubilados y pensionados, se debe ganar la legalidad y ampliar su base social.

Además opino que el SUPAUAQ, basado en el principio estatutario de solidaridad debe exigir la inmediata reinstalación laboral de Laura Leyva y que la UAQ reciba un presupuesto suficiente y oportuno de la federación y del estado.

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