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Los terremotos en blanco y negro

Los fuertes terremotos de septiembre en Oaxaca y Chiapas primero, y en la Ciudad de México, Morelos, Puebla y Estado de México después, han vuelto han evidenciar, tal como sucedió con el terremoto de 1985, el enorme divorcio que existe entre la ciudadanía y la mayor parte de la clase política.

Lo positivo

Mientras que la ciudadanía se volcó a las calles dando grandes muestras de solidaridad y generosidad, principalmente jóvenes, los gobiernos, tanto federal como estatales, se quedaron pasmados, sin saber qué hacer y cuando quisieron intervenir era ya demasiado tarde, además de que lo hicieron mal.

Fueron los miles de rescatistas voluntarios los que lograron salvar vidas de los edificios derruidos en la capital del país, fueron ellos los que con sus propios medios acudieron a ayudar, de su propiedad eran sus cascos, sus guantes, sus lámparas, sus botas, sus chalecos fosforescentes.

Fue la misma gente, y no el gobierno, la que se organizó para preparar los primeros centros de acopio y los primeros albergues, para conseguir víveres, medicinas y ropa.

La podredumbre

En un fuerte contraste, la actitud e ineficiencia del gobierno federal fueron más que evidentes. El gobierno se quedó pasmado. Ya habían mostrado ser omisos en el caso de los terremotos en Oaxaca y Chiapas cuando su indolencia los agarró en pleno con el nuevo temblor en centro del país.

El peor de todos, naturalmente, ha sido Enrique Peña Nieto. No dio una respuesta a la altura de las circunstancia. Emergió su frivolidad al aparecer haciendo finta que formaba parte de una cadena humana para transportar cajas de víveres, junto con su esposa, la ‘Gaviota’.

Sus órdenes dadas a militares, marinos y policías, de alejar a rescatistas civiles de los lugares del siniestro, han significado, casi seguramente, la muerte de varias personas que por estas órdenes absurdas no pudieron ser rescatadas con vida. En este caso hasta hubo enfrentamientos entre rescatistas civiles y fuerzas del orden que trataban de impedir su paso para colaborar con las acciones de rescate.

Verdaderamente vergonzosa la actitud de Televisa al inventarse a una niña “Frida Sofía” que en realidad nunca existió, todo con el fin de elevar su deprimido rating, eso es verdaderamente lucrar con una tragedia y se convierte en criminal cuando por “salvar” a alguien inexistente se descuidaron zonas donde sí podría haber sobrevivientes.

Peña Nieto se movió a visitar a damnificados del sureste en un avión que cuesta 7 mil millones de pesos. Tal como dijo la senadora Layda Sansores, eso es como ir a visitar a los damnificados que perdieron su casa y todas sus pertenencias en un auto Ferrari, de lujo.

Otro buitre que sacó el cobre fue el gobernador perredista de Morelos, Graco Ramírez, ladrón que se robó ayuda que la gente había juntado para sus connacionales en desgracia. El señor quería apropiarse de toda esta ayuda para saludar con sombrero ajeno. Quería etiquetar tal ayuda con logotipos del DIF estatal, manejado por su esposa.

Este caso ha sido paradigmático de todos aquellos funcionarios públicos que han querido lucrar con la tragedia, como el gobernador perredista de Michoacán, Silvano Aureoles, el que también puso sus logos en camiones que portaban ayuda que él no había conseguido. Si ellos hubieran aportado la ayuda, lo más que se les podría criticar es un exceso de promoción aprovechando la tragedia, pero no, es una actitud peor, es un robo de ayuda que posteriormente querían entregar como si fuera propia.

En este sentido es verdaderamente criminal que apenas al día siguiente del sismo, Graco Ramírez quería ya meter máquinas para demoler construcciones afectadas. Es tan ineficiente o tan irresponsable que no sabe que protocolos internacionales señalan que la probabilidad de hallar sobrevivientes después de tres días, es alta. Demoler antes de ese tiempo implica asesinar a personas que podrían estar atrapadas.

Otra que exhibió su falta de humanidad fue la senadora perredista Angélica de la Peña. Luego que Andrés Manuel López Obrador retomó la propuesta ciudadana de aportar el 20 por ciento de los recursos de Morena para los damnificados de los sismos, dicha senadora salió a medios a decir que eso era ¡lucrar con la tragedia! Y que no era posible donar dinero de partidos a damnificados, que eso era desvío de recursos y que para poderlo hacer se requería modificar la ley pero que la ley ya no se podía modificar porque las elecciones de 2018 ¡están a la vuelta de la esquina! Que mezquindad en el manejo de recursos económicos que no son personales sino públicos. Estos perredistas denigran la memoria de los más de 500 militantes asesinados durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Incluso el Instituto Nacional Electoral (INE) salió a criticar a López Obrador por su propuesta, aunque luego tuvo que recular al pulsar el ánimo de la gente y su clamor creciente de que los partidos políticos y el mismo INE estuvieran a la altura de las circunstancias.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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