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Lucha por la independencia frente al “pensamiento único”

Por estas fechas, los mexicanos solemos celebrar el Día de la Independencia. La fastuosidad de dichos festejos es representada muy bien por Luis Estrada en su película ‘El infierno’, cuando un presidente municipal (miembro de la delincuencia organizada) echa la casa (del pueblo) por la ventana.

En su tiempo, Felipe Calderón mandó hacer la escandalosa Estela de luz para festejar el Bicentenario de la Independencia, monumento que se retrasó 15 meses y costó al final mil 575 millones de pesos, cuando su presupuesto era de 200 millones. Poco antes, otro proyecto aún más ambicioso, impulsado por el gobierno de la Ciudad de México y el corporativo Dahnos: la torre del Bicentenario, fue cancelado ante la fuerte polémica que provocó, no sólo por su costo (600 millones de dólares), sino porque rompía con varias normas del Centro Histórico e invadiría más de 3 mil 500 metros cuadrados del bosque de Chapultepec.

Peña Nieto no gastó tales cantidades en esta celebración, pero sus escándalos por despilfarros no cesan: En cinco años su gobierno dilapidó, sólo en publicidad, casi 38 mil millones de pesos, monto mayor al desfalco del que se acusa a Javier Duarte, exgobernador de Veracruz. Si consideramos además la “Estafa Maestra”, descubierta recientemente por Animal Político y Mexicanos Contra la Corrupción que consiste en el desvío de más de 3 mil millones de pesos por el gobierno federal hacia empresas fantasma, tendríamos que esperar de los mexicanos un nuevo estallido revolucionario, sobre todo porque buena parte de esos recursos (de Sedesol) tenían como destinatarios a los más pobres de México.

En otros tiempos, situaciones similares provocaron las guerras de independencia de muchos países, subyugados por las monarquías europeas, además de revoluciones como la francesa, la rusa, la mexicana, la cubana y muchas otras.

Diversos historiadores señalan que con el modelo neoliberal sufrimos en muchos aspectos, un retroceso, a las condiciones de desigualdad, violencia e injusticia que reinaban antes del siglo XIX.

¿Qué les sucede a los mexicanos de hoy que no han impulsado ya una nueva revolución? Es tal el hastío, la impotencia y la anomia generalizada que más vale recurrir a la anestesia.

Guillermo Almeyra expresa esto de algún modo en su artículo “La barbarie de la barbarie” (‘La Jornada’ 10/09/17): “… nunca ha habido tan baja conciencia de clase entre los explotados, tanta desorganización, tan poca independencia política, tal aceptación fatalista de la ideología de sus opresores y dominadores (…), tan feroz competencia entre los trabajadores… y tanta xenofobia…”, que les impiden confiar unos en los otros y establecer redes internacionales solidarias.

En este contexto, celebrar la Independencia de México parece un contrasentido. ¿Cómo pretender que somos independientes, cuando estamos más sometidos y colonizados que nunca a la sociedad de mercado; a esa monarquía-religión que secuestra nuestros anhelos, nuestros sueños e imaginarios de un mundo mejor?

Y sin embargo, la memoria de los independentistas, que dieron su vida por la libertad, es fundamental, para no olvidar que sin autonomía y sin soberanía, carecemos de identidad propia y estamos reducidos al vasallaje.

Es vital seguir luchando por nuestra soberanía frente al gran imperio trasnacional; no sólo por la de México; no sólo por la de cada estado, cada municipio, cada comunidad, sino también por la de cada individuo, para frenar la pretensión del gran imperio de imponer-nos su “Pensamiento Único”.

Luchar por la independencia, por la soberanía intelectual y afectiva, es fundamental para mantenernos alerta y no dejarnos seducir por los múltiples artificios de las clases en el poder que buscan superar el desprestigio en el que han caído y recuperar nuestra confianza.

Vale una seria vigilancia por ejemplo, frente a ese extraño coctel que nace hoy con la alianza PAN-PRD-MC, el Frente Ciudadano por México (o como se llame), como “solución a la barbarie”, que busca formar un “gobierno de coalición”, uniendo a acérrimos enemigos millonarios como Ricardo Anaya con Margarita Zavala (de derecha) con los Chuchos (dizque “de izquierda”).

Para justificar tan desaseada alianza (y ocultar los nombres de los partidos que han traicionado al pueblo), Alejandra Barrales, dirigente del PRD, alega: “Lo que hoy pasa en el mundo deja claro que el tema de derechas e izquierdas está rebasado… la gente no come ideología, lo que le preocupa es tener empleo y salario digno”.

Esta misma idea la sostuvo el neoliberal Fukuyama para justificar su descalificación a quienes luchan por liberarse de este régimen dominante, pretendiendo, como hizo Margaret Thatcher, que “There is no alternative” (no hay alternativas).

O seguimos luchando (pacíficamente) por la independencia, en todos los espacios posibles, o nos alineamos y alienamos al Pensamiento Único Neoliberal.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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