Articulistas

Luis Echeverría Álvarez

Apenas recuerdo la tarde noche del primero de diciembre de 1976.

Un grupo de alumnos de Ciencias Políticas de la UNAM acompañamos al profesor Enrique Ruiz García, entonces asesor del presidente y ya ex presidente LEA, a ver y saludar al político en su casa de San Jerónimo, llena de equipales. Otro día les cuento el cuento…

Aquí va otra historia, la promesa y la enseñanza de don Juan Matus, el chamán yaqui narrado por Carlitos Castaneda:

-Yo también hice una vez un juramento.

-Prometí a mi padre que viviría para destruir a sus asesinos. Años enteros cargué con esa promesa. Ahora la promesa está cambiada. Ya no me interesa destruir a nadie. No odio a los yoris. No odio a nadie. He aprendido que los incontables caminos que uno recorre en su vida son todos iguales.

-Los opresores y los oprimidos se encuentran al final, y lo único que sigue valiendo es que la vida fue demasiado corta para ambos.

-Hoy no me siento triste porque mis padres murieron como murieron; me siento triste porque eran indios. Vivieron como indios y murieron como indios y nunca se dieron cuenta de que antes que nada eran gente.

(Así hablaba don Juan en las enseñanzas de don Juan en el segundo libro de Carlitos Castaneda estupendamente traducido por Juan Tovar: “Una realidad aparte”, México, FCE, 1974, pp. 165-166). Qro. Qro., 17-I-2018.

(…)

Volviendo al cuento de atrás, no les puedo contar nada, no soy buen cuentero, y no recuerdo nada, palabra, sólo niebla.

Salvo quizá que en esa reunión el profesor ERG era el más radiante, y LEA seguía sentado en el trono, como un Zeus criollo.

El tiempo voló y la historia real y crítica ha sido necesariamente muy dura con todos los presidentes que recuerdo.

El rencor del poder cobra muy caro el precio del poder.

Nicanor Parra

La hora de los muertos y de los premios en el mejor de los casos nos sirve para acercarnos a ellos.

No soy un lector de Parra pero su muerte a los 103 años me ha hecho acercarme al hecho.

Este verso explosivo es un verso filosófico:

“¡Soy un embutido de ángel y bestia!”

Ah, ahí está todo.

Pascal decía que el hombre no es ni ángel ni bestia.

Mientras los dioses saben y los animales no interrogan, nosotros somos una pregunta. Una pregunta cuya respuesta nadie sabe o cambia con el tiempo.

Y en seguida el francés agregaba lo peor:

-Y quiere la desgracia que, cuando el hombre quiere hacer de ángel, haga la bestia.

El poeta Parra o anti Parra trata de resolver y conciliar la ecuación:

¡Un embutido de ángel y bestia!

Magnífico.

¿Comprenden?

Por eso yo siempre digo las tres cosas.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba