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Matar al (mal) mensajero

Aunque es un pequeño paso, es muy relevante la propuesta del consejero universitario estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, David Antonio Jiménez, con la que se prohíbe la compra de publicidad en medios durante el proceso electoral universitario, convirtiéndose en la primera vez que se aplica un lineamiento similar en el estado.

Además, la decisión tomada en el del Consejo Universitario se presenta a cinco años de que un grupo de periodistas comenzó a reunirse con diputados locales en búsqueda de la protección ante el contexto de violencia, pero también de mayores garantías para ejercer la profesión, lo que incluye el blindaje ante las presiones políticas o editoriales.

Pero son cinco años sin avances y quizá entre los responsables estamos los mismos periodistas, al esperar que la autoridad legisle a nuestro favor, cuando ellos son los que encabezan los ataques contra la libertad informativa, como lo recordó Lydia Cacho en su reciente visita a Querétaro.

Por eso, no es lo ideal distraernos en reuniones con la autoridad para revisar legislaciones ya existentes y sin sustancia, como sucede con las mismas herramientas de protección al ejercicio periodístico, que a nivel federal se muestra ineficiente y representan el derroche de más recursos públicos.

En su lugar, debemos pugnar por las medidas que impacten visiblemente en el escenario mediático, como es el caso de la regulación o prohibición de la compra de publicidad gubernamental, que acabaría con un método de control utilizado por la clase gubernamental.

Al respecto, existen diversas propuestas que pueden simplificarse en dos corrientes: los que piden la prohibición total para que los gobiernos destinen recursos públicos a los medios de comunicación y otro sector que le parece más adecuada una medida parcial, es decir, algún tipo de regulación.

En el primer caso, la prohibición total de publicidad gubernamental, no permitiría ningún gasto en medios de comunicación, estableciendo algunas excepciones, como en la difusión de edictos, notificaciones, avisos, alertas y toda información que sea indispensable para la ciudadanía, supuestos que deberán quedar establecidos en la ley.

En cuanto el segundo supuesto, la regulación parcial de la publicidad, pueden elegirse varios modelos, que dependerán del resultado deseado. Por ejemplo, si los recursos se entregan a los medios con mayor circulación, se fomenta la competencia y se desarrollarán solamente las empresas ya consolidadas.

Sin embargo, también se puede apostar por un sistema opuesto, como el basado en repartir estratégicamente los contratos entre los medios con menores ingresos o los que representan a un sector social minoritario, garantizándoles la supervivencia para alentar la pluralidad informativa.

Finalmente, el tercer modelo se ubica una posición media que consiste en distribuir los recursos de manera equitativa entre un selecto grupo de medios de comunicación, quienes deberán antes reunir las características exigidas para integrarse al padrón de proveedores.

Desafortunadamente, para que alguno de los tres modelos de regulación planteados funcione, es indispensable contar con un avanzado grado de transparencia en el manejo presupuestal, condición que aún está muy lejos de cumplirse en el estado de Querétaro.

Esa es la principal razón para optar por prohibir totalmente que las dependencias públicas compren espacios publicitarios y la decisión tendrá consecuencias inmediatas, sin que signifique la desaparición de todos los medios de comunicación, ni el despido masivo de periodistas.

Esa postura resulta es abanderada por medios de comunicación y políticos que defienden sus privilegios y resulta simplista, ya que los medios de comunicación ni sus consumidores dejarán de existir al prohibir la publicidad gubernamental, aunque es cierto que las empresas tendrán que buscar otros métodos para obtener recursos económicos.

Esa situación ya la vivieron algunos medios de comunicación castigados en Querétaro con el retiro de la publicidad oficial, teniendo que adoptar nuevas estrategias para sobrevivir, que fueron desde la incursión en nuevos mercados, hasta la comercialización de servicios y productos.

De esta forma, con la prohibición de que los gobiernos contraten publicidad, es posible que acabemos con algunos mensajeros poco competitivos, aunque al mismo tiempo, estaremos iniciando un camino hacia un espacio mediático más profesional, digno y honesto.

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