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Materialismo consumista versus humanismo

Joaquín Antonio Quiroz Carranza

El materialismo consumista, tecnocrático y cornucopiano, representa el pensamiento y comportamiento esencial del modelo civilizatorio hegemónico (neoliberal) que promueve el saqueo rapaz, la depredación, el modo de vida norteamericano, la corrupción, la opresión y el bloqueo de todo aquello que no se someta al poder de las empresas farmacéuticas, petroleras, fabricantes de armas y organismos financieros internacionales, cuarteto fundamental del terrorismo imperialista.

El materialismo consumista se soporta en la avaricia, el egoísmo, la envidia, su dios es el oro, añoran la superabundancia y la presumen, no tienen alma, ni sienten amor, sobreviven insatisfechos, deseando todo, se oponen a las enseñanzas de Jesús sobre el vínculo entre el corazón, centro del amor, y los cacharros, tesoros o bienes materiales superfluos. No conciben una vida modesta llena de afectos.

El materialismo consumista asume que la ciencia y la tecnología son omniscientes y todopoderosas, no consideran ningún límite al crecimiento, la acumulación y la centralización de riqueza, son por definición racistas, clasistas, fascistas, no poseer cosas y personas la llena de odio. Odian las diferencias de todo tipo (sexuales, raciales, corporales, faciales, regionales, etc.), practican la misoginia y misandria, son  supremacistas, aplicarían, si pudieran, la eugenesia (mejoramiento racial), con la intención de blanquear a las poblaciones.

El materialismo consumista lo viven los grandes ricos y lo añoran las clases medias que no se asumen como tales y pretenden emular a “los de arriba”, también algunos que otros desposeídos que buscan triunfar a toda costa, sin miramientos, sin escrúpulos y esfuerzo. Los medios de des-información promueven subliminalmente y directamente los anhelos consumistas, viven, estos medios, de la publicidad, esencia ideológica de ese modelo de pensamiento y comportamiento: “compra, consume, gasta, endéudate”, si no puedes, consíguelo como puedas: roba, corrompe, engaña, defrauda, finge, no importa, pues para estos “el fin justifica los medios”, ya que “el que no tranza no avanza”.

El humanismo, por su parte, cultiva afectos, reúne, bastan los recuerdos familiares para estructurar encuentros. Este pensamiento incluye, tolera, acepta, perdona, ama al prójimo. Así de simple. La confrontación entre ambas formas de pensamiento y comportamiento emerge por la violencia innata del primero. Hoy que todo gira en torno a las vacunas, valdría la pena vacunarse contra el pensamiento y el comportamiento del materialismo consumista, lo que sin duda salvaría verdaderamente a la humanidad, permitiendo que los ciclos biogeoquímicos y el tiempo arreglen lo que la voracidad ha destruido.

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