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Me dolieron las vacas

Llegaron las industrias al pueblo y despuesito nací yo. Mis oídos se fueron acostumbrando a mugidos y balidos de nuestros animales y, a la vez, a las sirenas con que las fábricas anunciaban cambios de turno. Al regresar de la faena, descansaba en el petate. Me gustaba oír el tic tac del reloj con que el tiempo acompasaba su marcha.

Yo andaba por los siete años y, desde tempranito, mi abuelo me sacaba de la cama para que me aseara y nos sentáramos a desayunar lo que preparaba mi mamá: leche recién ordeñada y gordas con huevo y frijoles. Al terminar, mi papá veía que los recién nacidos no tuvieran riesgos y sacaba del corral a los demás animales para que mi abuelo y yo los lleváramos a pastar, sacaba agua de la noria para el camino y nos entregaba el itacate. El abuelo jalaba con chivas, vacas y borregos; yo me ponía al hombro el mecate para arrearlos, y nos íbamos cantando y silbando. Al principio, los llevábamos a los campos más cercanos, porque había mucha agua por allí.

Después, se instalaron fábricas de refrescos, de vidrio, de maíz industrializado y de leche empacada. Usaban tanta agua que hubo que hacer más profundos los pozos para llevarla a las casas y regar las milpas; además, toda la que utilizaban para su producción y lavar maquinaria y las instalaciones de las fábricas la regresaban a acequias y arroyos o, de plano, a los pequeños ríos que bajaban de la sierra o de Querétaro. Además de encharcar milpas, flores que se cultivaban para el mercado, hortalizas y tierras que se preparaban para la siguiente siembra, el agua que tiraban apestaba a químicos o a algo extraño. Fue allí donde me pasó algo terrible: en un descuido de mi abuelo, dos de las vacas se metieron a uno de los charcos que se formaban con el agua de las fábricas y se pusieron a beberla; al darse cuenta, mi abuelo les gritó y chifló para espantarlas y sacarlas; como yo era más rápido, hizo que corriera a sacarlas de esa porquería. Cuando regresé con ellas, mi abuelo se santiguó para que no les hiciera daño. Caminamos rumbo a otras acequias que estaban antes de las fábricas, pero, a medio camino, mis vacas cayeron agonizantes. Poco después, murieron y las dejamos allí tiradas.

No pasó mucho tiempo, y el gobierno le fue quitando a la indiada (así nos decían, con desprecio) sus tierras, para que se instalaran más fábricas. Sus instalaciones parecían mazorcas en tiempos de agua: crecían por aquí y por allá, pero no tenían el verde de las plantas, sino el gris del cemento o el brillo de sus oficinas de cristal. A esos indios patarrajadas les dieron a cambio unas tierras para sus cultivos, pero muy lejos; y, con las cuentas del gran capitán, les dieron menos de lo que les quitaron. Donde antes florecían maíz, calabaza, frijol, mezquites, nopales y magueyes y abundaban burros, cóconos, gallinas, liebres, gansos, perros y tejones, se sembraron casas y edificios, separados por calles y tiendas con nombres extraños; autos lujosos transportaban a hombres de anteojos oscuros y traje de casimir. En su mayoría, los indios que sobrevivieron en esa selva hipermoderna, quedaron como mozos, cargadores y encargados del aseo en el nuevo mundo de riqueza que se les ofreció. Para muchos de esos obreros, trabajadores e indios sobrevivientes hay casuchas, basura, hediondez y transporte caro y destartalado que regentea capital privado.

Algunos indios y habitantes actuales del antiguo campo florido nos organizamos para exigir trato digno para todos. Es verdad que aquella vida anterior no era idílica; también destilaba desprecio por los pobres y rechazo a indios, negros y mestizos. Destruía sistemática, aunque discretamente a la gente menuda. Pero los jóvenes que nos organizamos, habíamos asistido ya a la escuela, contábamos con oficios laborales, teníamos carreras universitarias y barruntábamos proyectos de una sociedad nueva. Hoy estamos dispuestos a continuar nuestros esfuerzos, con tal de que no se nos mueran otra vez las vacas a causa del agua contaminada, y que niños y jóvenes tengan real posibilidad de ser tratados como verdaderos seres humanos.

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