Articulistas

México: ¿mejor que hace 6 años?

En este momento convulso, el grito de miles de estudiantes: “¡la UNAM será la tumba del porrismo!”, puede unirse a muchos otros gritos que claman algo similar: “¡México será la tumba del neoliberalismo!”.

Mientras Peña Nieto, ciego y sordo, no deja de insistir que, “gracias a su gobierno, México es mejor que antes”, no cesan los conflictos, la violencia, las arbitrariedades, los saqueos, la destrucción de la naturaleza… y menos cesa la impunidad. Costosos spots con mensajes por su sexto informe de gobierno, se vuelven la gota que derrama el vaso.

Por si esto fuera poco, quienes deciden por nosotros (en contra de nosotros), están aprovechando muy bien el llamado ‘año de Hidalgo’. Por aquí y por allá, se descubre un sinfín de ‘aviadores’, parientes o amigos de quienes tienen cargos públicos, que tramposamente se llevan jugosas indemnizaciones por ser “despedidos de sus cargos” (sic), unos días antes de que éstos concluyan. Otros buscan amarrar, al vapor, nuevos puestos, contratos, leyes o reglamentos, que les permitirán seguir recibiendo beneficios o mantener el control, en un futuro que trasciende con creces sus tiempos formales.

Los conflictos que no cesan, muchas veces son muestra de salud ciudadana: La gente ya no es tan ignorante, ni sumisa; cada vez toma más conciencia de sus derechos y de cómo quienes asumen el poder (formal o de facto), delinquen, y ya no está dispuesta a que la timen. La gente se organiza para frenar la “liberación del mercado” (o ley de la selva) que imponen los poderosos. Sin embargo, ante la falta de respuesta de los gobernantes, también se desbordan, en varios lugares, los linchamientos. Cuando la autoridad formal no resuelve, algunos deciden tomar la justicia en sus manos. En la masa se desatan las pasiones inconscientes y la autocontención individual se pierde.

A veces lo que llamamos “incompetencia” o “desinterés”, por la falta de respuesta, se debe a que son tantos los problemas desatados, que los funcionarios menores (a quienes toca la tarea de atenderlos directamente), se ven rebasados y se encuentran en medio de múltiples fuegos, que estallan por doquier y con una rapidez vertiginosa. Ellos, sin deberla ni temerla, son los primeros que reciben la furia social. Para defenderse entonces, en lugar de comprender, muchos se vuelven lacayos obedientes del sistema.

Entre los múltiples estallidos que vivimos hoy, pocos días antes de que termine el gobierno de Peña Nieto, se desata un tremendo conflicto en la UNAM. Miles de universitarios organizan paros y movilizaciones de protesta, para exigir el fin del ‘porrismo’ en esa institución.

Este conflicto, entre muchos otros, muestra cómo la pintura blanca (o ¿rosa?) con la que Peña Nieto quiere maquillar a México para ocultar todo el desastre que deja, no sólo no sirve, sino que agrava el encono.

A pesar de que el capitalismo voraz o neoliberalismo, disfrazado de “progreso” (“competitividad”, “sociedad del conocimiento”, “era exponencial” “sociedad de mercado”, o como quiera que se le llame), busca imponer sobre la población su ideología de la ‘positividad’ (Byung Chul- Han), se hace patente con la crispación social, la existencia de innumerables excluidos del bienestar o víctimas de la violencia estructural.

Aunque el régimen neoliberal se empeñe en negar a esos excluidos o en juzgarlos de “inferiores”, “resentidos” o “mediocres”, por no estar “a la altura de las exigencias de la modernidad” (del gran mercado), ahí están, ¡y son mayoría!

El malestar se desborda y las múltiples agresiones y trampas del sistema salen a flote. ¿Cómo explicar la existencia de ‘porros’ en el país idílico que presume Peña?

En México se llama ‘porrismo’ a la violencia organizada que ejercen grupos de choque mercenarios (empleados por alguien que se oculta), entre otras cosas, para reventar, desalentar o desacreditar las protestas, huelgas o manifestaciones estudiantiles, en especial, las que son críticas al sistema dominante. Esta práctica se remonta en México, a los años cincuenta, a partir de una alianza no reconocida entre grupos de extrema derecha y corporaciones autoritarias del Estado mexicano (o priismo).

Los ‘porros’ generalmente son estudiantes inscritos, que reprueban una y otra vez y se vuelven ‘fósiles’, y que son seducidos por quienes los contratan, no sólo con dinero, sino con aventuras, drogas, alcohol y cotos de poder.

No es raro que diversas autoridades nieguen su existencia, ni que muchos medios masivos interpreten sus desmanes, como simple “pleito entre pandillas juveniles”. Estas formas de reaccionar ante el problema, genera sospechas, sobre quiénes son los que los están manteniendo.

En este momento convulso, el grito de miles de estudiantes: “¡la UNAM será la tumba del porrismo!”, puede unirse a muchos otros gritos que claman algo similar: “¡México será la tumba del neoliberalismo!”.

Puede ser que Peña Nieto tenga razón al decir que “México avanza y ahora es un referente para otros países”. Su nefasto gobierno es gota que derrama el vaso y la paciencia de los mexicanos se acabó con él.

Lo que venga ahora, y la forma como se concrete eso que los morenistas llaman ‘cuarta transformación’, dependerá mucho más, del rumbo que queramos imprimirle los ciudadanos que optamos por intentar desmantelar al régimen neoliberal.

Sólo falta organizarnos.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba