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México, ¿país peligroso para los periodistas?

Sergio Centeno García

Según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), “México ha sido por mucho tiempo el país más peligroso para los periodistas en el hemisferio occidental”, ya que por lo menos en el año 2020, “30 periodistas fueron asesinados en el ejercicio de su profesión, 21 de ellos en represalias a sus coberturas, más del doble que en 2019, el año con menos periodistas muertos desde el 2000”.

Este panorama es preocupante sobre todo por el nivel de violencia criminal que vive el país desde el 2006, año en que el panista Felipe Calderón (FECAL) tomó posesión como presidente de la república después de haber operado un descarado fraude electoral a través del INE. Las personas medianamente informadas saben bien que después del fraude, FECAL intento legitimarse como presidente iniciando una “guerra contra el narcotráfico”, que en realidad fue una guerra contra los enemigos de un Cártel al cual pertenecía su secretario de seguridad pública, hoy preso en los estados gringos de américa, Genaro García Luna.

El problema fue que al trabajar para un solo grupo criminal, FECAL, García Luna, Cárdenas Palomino, etc., y atacar a los otros, provocaron una cruenta guerra entre Cárteles que convirtió a nuestro país en una zona de guerra donde miles de mexicanos, muchas veces inocentes, perdieron la vida.

En el caso de los verdaderos periodistas (no me refiero a los Chayoteros de Milenio, Televisa, Tele Azteca, Imagen, Reforma, El Universal u otras), es preciso reconocer que sus investigaciones llenas de seriedad y datos precisos los ponen de inmediato en la mira de los grupos criminales, tanto los tradicionales como los que hoy todavía están incrustados dentro de las instituciones estatales. Y por eso, al ser simples entes humanos, son vulnerables, ante ello el estado poco puede hacer por ellos, como no sea ponerles vigilancia las 24 horas para evitar atentados en su contra. En este caso sólo los que pertenecen a alguna organización muy fuerte, como quienes trabajan en los medios arriba mencionados, o por ejemplo Anabel Hernández, quien se dice trabaja para la organización gringa que organiza y controla el tráfico de drogas hacia USA, la DEA, suelen estar bien protegidos, porque los mismos grupos criminales saben muy bien quiénes son y a qué grupo pertenecen. En cambio los periodistas de a pie, los que se ganan la vida haciendo investigaciones serias o reportando acontecimientos apegándose siempre a la verdad, suelen ser los que corren más peligro.

Por fortuna hoy es un hecho que los verdaderos periodistas no corren peligro alguno si sus investigaciones las enderezan contra algún acto de corrupción del gobierno federal mexicano, por el contrario, el presidente de la república siempre agradece las denuncias y actúa en consecuencia, por tanto su libertad de expresión y su integridad física están garantizadas por razón de que este gobierno federal no reprime. En cambio, si sus investigaciones o reportajes atacan algún gobierno estatal, como los de Tamaulipas, Jalisco o Guanajuato, por poner algunos casos, o sacan a la luz acontecimientos relacionados con grupos criminales, es claro que sus vidas corren peligro. Es verdad, hoy el oficio de periodista comprometido es uno de los más peligrosos en todo el mundo, y aun así se arriesgan. En cambio otros, tienen que hacer montajes para fingir que están siendo amenazados (as) por un Cártel y pasar por víctimas. De pena ajena.

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