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Monsiváis, la crónica participante

Sólo como curiosidad —ahora que fue el Día del Orgullo LGBTTTIQA— tanto Salvador Novo, otro recordado cronista del entonces D.F., al igual que Monsiváis, eran homosexuales.

Hace diez años del fallecimiento de Carlos Monsiváis, quien fuera uno de esos escritores que trascendieron más allá de sus textos y se convirtieron en personajes de la historia mientras esta se estaba escribiendo. Su carrera inició a finales de los sesenta, con el movimiento estudiantil-popular del 68 como punto de referencia, cuando la creciente esfera pública del debate crítico de izquierda en las academias y en la prensa ayudó a comprender la realidad de México, del Estado presidencialista y de la propia izquierda, con las plumas de Monsiváis, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, José Agustín, Enrique Semo, Roger Bartra, Eduardo del Río ‘Ríus’, Eli de Gortari, José Revueltas, Enrique González Rojo, Armando Bartra, Adolfo Gilly, Arnaldo Córdova, Arturo Anguiano, Manuel Aguilar Mora, Pablo González Casanova, etc.; a través de revistas —de distintas temporalidades y corrientes ideológicas— como Historia y Sociedad, Por Qué?, Punto Crítico, Cuadernos Políticos, Nexos, Machete, Los Agachados y Los Supermachos, en columnas en Siempre!, Excélsior y El Universal, y en libros de las editoriales Era, Siglo XXI, Nueva Imagen, El Caballito, donde hubo mayor diálogo con las luchas sociales de entonces, la contracultura y el feminismo, por ejemplo, desde un ángulo muchas veces marxista pero plural. Y Monsiváis fue, probablemente, el más plural de todos.

Aunque su militancia en la izquierda fue —en general— más un acompañamiento solidario, constante y crítico que una participación con una casaca ideológica o partidista en particular.

Quizá era en los movimientos sociales donde se sentía más a gusto, como en el feminismo, el LGBT y el neozapatismo. Pero lo suyo, era escribir. Y escribió de chile, mole y manteca. Sobre la lucha urbano-popular, la lucha magisterial, el 68, la lucha social en Oaxaca, pero también sobre el cine, el arte, la farándula, el futbol y los tianguis de la Ciudad de México.

Como cronista de la monstruosa capital del país, no era para menos. Sólo como curiosidad -ahora que fue el Día del Orgullo LGBTTTIQA, tanto Salvador Novo, otro recordado cronista del entonces D.F., al igual que Monsiváis, eran homosexuales. Y, casualmente, el cronista más recordado de Querétaro, José Guadalupe Ramírez Álvarez, también lo era, aunque todos tenían estilos y afinidades políticas diferentes.

Una vez hecha esta relación con Querétaro -metida con calzador, lo reconozco-, no está de más recordar que ‘el Monsi’ escribió en Nuevo Milenio, semanario de opinión política y cultural que empezó a publicar en 1996 con la dirección general de Juan Antonio Isla Estrada, el cual contaba entre su consejo asesor con Hugo Gutiérrez Vega y el propio Carlos, entre otros. Y también escribió sobre Querétaro o sucesos que acontecieron aquí. Por ejemplo, en el 2001, cuando el gobernador Ignacio Loyola Vera llamó a fusilar a los dirigentes del EZLN, entonces en camino hacia la Ciudad de México, Monsiváis apuntó:

“Cuando se demandan los impulsos, siempre hay alguien raudo y confesional como el gobernador de Querétaro don Ignacio Loyola, que insiste en fustigar a los traidores a la Patria y concederles el final lógico: el Cerro de las Campanas. Por lo visto, Loyola pertenece a los que hallan una consigna o una metáfora y las explotan de aquí a la siguiente generación, y le divierte expropiar a los liberales su imagen culminante de soberanía. ¡Ah, en el sueño de Loyola, ya sin capuchas, Marcos, Tacho y David resultan ser Miramón y Mejía y un naco que suplanta a Maximiliano! En respuesta, y en Querétaro, Marcos se burla de la ignorancia del gobernador Loyola, al que llama cariñosamente “Firuláis”, y al que le provoca una injusta depresión sentimental.”

En una visita, Carlos Monsiváis comentó: “¡La queretana es una sociedad mucho más abierta, gozosa, cachonda, libre y crítica de lo que puedan imaginar jamás estos grupitos de dizque buenas familias, dizque representantes de la moral y buenas costumbres, dizque de seres de pro y pilares de la conducta impecable! La sociedad es mucho mejor de lo que puedan jamás soñar estas reminiscencias clericales. Los casos de la quema de la Librería-cafetería Tata Vasco (en los años 70s) y la expulsión de Hugo Gutiérrez Vega de la Universidad Autónoma de Querétaro, son momentos en que los grupitos conseguían la fuerza suficiente para que se les dejara actuar con impunidad, pero eso ya terminó”.

En el 2005, participó en una mesa redonda en la Facultad de Filosofía de la UAQ, en donde el tema fue “Contra la Impunidad. Octavio Acuña y los crímenes de odio”, asesinado una semana antes. Entonces dijo contundentemente: “Estoy convencido de que los crímenes de odio y todas las expresiones literalmente mortales de prejuicio, a todos nos dañan y a todos nos debilitan”. Hace quince años de esto y aún suena vigente. Por desgracia, el crimen por homofobia contra Octavio lleva quince años en la impunidad. En el 2009, ante la censura que el gobierno de Francisco Garrido Patrón impuso en Radio UAQ, por medio de una carta se exigió frenar la afrenta y, entre los demandantes, una vez más, estuvo Monsiváis. En fin, por mucho que el gobierno federal actual quiera ‘institucionalizar’ la figura de Carlos, éste, desde los numerosos textos, creo que se mantendrá siempre disidente.

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