
Como había previsto el desaparecido periodista inglés, experto en cuestiones geopolíticas del medio oriente, Robert Fisk, fallecido hace menos de un año, los Estados Unidos, después de 20 años de ocupación de Afganistán, se vieron obligados a retirarse, de manera precipitada, en una derrota más del imperio norteamericano. Una fuga que a muchos nos recuerda la huida estadunidense de Saigón en abril de 1975, como consecuencia de su derrota militar en Vietnam.
Fisk lo había anunciado casi desde el inicio, recordando la humillación sufrida por el imperio más poderoso del mundo, en ese momento, el Reino Unido, quienes tuvieron que abandonar Afganistán en 1842, también de manera precipitada, después de haber ocupado ese país durante dos años.
Fisk también recordaba la estrepitosa derrota del ejército de la Unión Soviética, que también había ocupado militarmente Afganistán, en 1979, y que tuvieron que retirarse 10 años después.
Con base en esos antecedentes y con su conocimiento del campo, Fisk vaticinó desde un inicio, en 2001, cuando los norteamericanos atacaron a Afganistán, que los Estados Unidos también fracasarían como antes lo hicieron los ingleses y los soviéticos, y así fue.
Recordemos que el 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos sufrieron el atentado terrorista más grave de su historia, la destrucción de las torres gemelas de Nueva York mediante un ataque con aviones comerciales, en los que la mayoría de los integrantes del comando terroristas eran de Arabia Saudita. En represalia, los Estados Unidos no atacaron a sus aliados sauditas, sino que atacaron ¡Irak y Afganistán!
El pretexto para atacar Afganistán era que el gobierno afgano no quiso entregar al saudita Osama Bin Laden, quien, por cierto, se formó en Estados Unidos y su organización fue creada y financiada por los mismos norteamericanos. Así comenzó una larga ocupación de casi 20 años, que terminó con el ingreso de los talibanes a Kabul, capital del país, el pasado 16 de agosto, luego de una exitosa campaña militar en la que fueron cayendo una tras otra las principales ciudades afganas. El 13 de agosto habían tomado la segunda ciudad más importante, Kandahar; el 12 de agosto habían tomado Herat, la tercera ciudad más importante, después de haber tomado otras 11 capitales provinciales.
Todo parece indicar que el rápido avance de los talibanes fue pactado con los norteamericanos, ya que la salida de éstos últimos fue ordenada y planificada, tal como fue la salida de los soviéticos en 1989. No se vieron escenas de talibanes atacando posiciones norteamericanas o la embajada de los Estados Unidos.
El título de este artículo es una declaración del presidente norteamericano, Joe Biden. Al leer esa declaración, viene natural preguntarse, si el objetivo del ataque a Afganistán no fue democratizar ese país, ¿entonces cuál fue el objetivo durante estos 20 años? Parece ser que no lo sabe ni siquiera la inmensa mayoría de los norteamericanos.
El desmoronamiento del ejército afgano, bien armado, pertrechado y entrenado por los Estados Unidos, y constituido por unos 300 mil militares, frente al ejército irregular talibán, compuesto por unos 60 mil guerrilleros, deja muchas cosas que pensar, así como la nula intervención de la llamada “Alianza del Norte”, tradicional enemiga de los talibanes. Pareciera ser que 20 años ni siquiera sirvieron para dejar un ejército afgano capaz de defender a su país ante el avance de los talibanes, los que regresan al poder después de haber sido echados por la fuerza por los norteamericanos. Es casi como regresar al pasado.
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