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Opciones ante la violencia

Es más fácil despotricar contra quienes intentan —o creen que intentan— frenar el desastre y cambiar el rumbo, que comprometerse con la construcción de algo inédito.

Por doquier experimentamos desesperanza: la violencia no cesa y cada grupo, sector, institución o gobierno “echa su bolita” y evade responsabilidad. Diversos críticos de uno u otro bando señalan despiadadamente los errores de sus oponentes, ocultando su propia impotencia o incongruencia. Sin embargo, por supuesto, es mejor la libertad de expresión y la denuncia que el silencio de la represión.

Algunos ciudadanos “comunes” aprovechan las redes sociales para difundir sus mensajes abstractos de “unidad”, sermoneando a los que “se la pasan peleando”. “Hay que unirnos” es un grito frecuente que no alcanza a precisar ¿en torno a qué?

La osadía de sugerir unirse en torno a un proyecto concreto (por ejemplo, a la Cuarta Transformación) atiza la guerra de todos contra todos. Es más fácil despotricar contra quienes intentan —o creen que intentan— frenar el desastre y cambiar el rumbo, que comprometerse con la construcción de algo inédito. Las feroces luchas por el poder al interior de los partidos políticos se niegan tras eufemismos: de “pluralidad democrática”.

Para colmo somos testigos de graves conflictos en los países del sur que otrora significaron la esperanza, pues lucharon por construir un nuevo régimen, que promovieron el ALBA (Tratado de los pueblos de Nuestramérica, enfatizando la solidaridad versus la exclusión social), la filosofía de la Liberación y la política del Buen Vivir… países que hoy sufren un drástico vuelco hacia la derecha y una nueva sumisión al neoliberalismo. ¿Cómo vive la “gente común” la tremenda violencia estructural del capitalismo, de sus organismos, emporios comerciales, gobiernos e instituciones…?

Muchos prefieren no enterarse y justifican su ignorancia apelando a su salud mental. Otros se evaden con todo tipo de anestesias (incluyendo su mórbida obsesión por las ‘selfies’). Varios admiran en secreto a los agresores y se protegen, volviéndose cómplices. Otros más —tras larga resignación— se desquician y optan por “hacer justicia por su propia mano”.

Éstos y otros temas de reflexión estuvieron presentes en el valioso taller “Cartografía de las violencias y formas de enfrentarlas”, que coordinó generosamente la psicóloga social Ana Julia Hernández, del colectivo Tonali GAC, en el marco del sexto aniversario de la ‘Casa de la Vinculación Social, espacio alternativo en Querétaro’ (Carrillo Puerto).

Dicho taller permite reconocer cómo la violencia estructural que ejerce el patriarcado neoliberal anida, con diferentes niveles de intensidad, en el alma de cada ser humano, generando en él fuertes emociones y pensamientos justificadores, que con el tiempo pueden concretarse en acciones violentas.

Quién viola, mata, atropella, patea, tortura, insulta o humilla a otro ser humano, no es el capitalismo abstracto, sino ‘un alguien’, que con frecuencia ha sufrido también la violencia de otro ser humano e inconscientemente busca desquitarse. Es más fácil hablar de la violencia “exterior” que distrae la atención de la que se sufre en los espacios ‘micro’, y es más fácil señalar la violencia de los otros, que reconocer la propia sobre los demás. Ambas se callan por vergüenza y luego terminan por estallar en otros sitios o momentos, causando gran desconcierto.

Colocar a la violencia, a sus tipos y causas, en el centro de la reflexión colectiva y trabajar para que la emoción (miedo-odio) se traduzca en palabra, el inconsciente en expresión y la voz hiriente en comprensión del otro…, en comunicación con el otro, son acciones fundamentales para detenerla y reorientarla hacia el verdadero enemigo: El capitalismo dominante.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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