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Pensamiento educativo de Antonio Gramsci

Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

Antonio Gramsci

Para comprender y transformar la educación actual es preciso retomar los aportes pedagógicos de los grandes pensadores. Tal es el caso de Antonio Gramsci (1891-1937) que, además de poseer una amplia formación filosófica, dedicó parte de su quehacer político e intelectual a la reflexión de las prácticas educativas.

Como es sabido, Gramsci no es un especialista de la educación, más bien, su labor como intelectual [del materialismo histórico] le valió para abordar temas relacionados con la pedagogía. El filósofo italiano dejó plasmado su pensamiento educativo en diferentes escritos, entre los que destacan los llamados “Cuadernos de la cárcel”.

El interés pedagógico de Gramsci se caracterizó por reflexionar la crisis que la escuela sobrellevaba en aquellos tiempos. Algunos problemas que abordó fueron: la formación de los intelectuales, burocratización, clasismo organizacional de las instituciones educativas, nepotismo y, sobre todo, la influencia de la cultura burguesa en el sistema escolar –considerada por Gramsci como el verdadero mal pedagógico-.

Otro tema que estudió el pensador italiano fue la formación científica en la enseñanza elemental (educación primaria). Para Gramsci, es necesario que niñas y niños posean bases sólidas (científicas) que les permitan participar en la transformación de la naturaleza, socializarla y, sobre todo, comprenderla; además, la instrucción científica permite desplazar aquellas concepciones mágicas del mundo y de la naturaleza que los chicos reciben del medio donde se encuentran.

Para el teórico marxista, los estudiantes deben adquirir una formación científica, por ello, es necesario que la educación se apropie del concepto del “trabajo” (principio pedagógico fundamental) pues, sólo así, se establece relación entre las leyes de la naturaleza y su actividad práctica.  El trabajo, como actividad principal de la especie humana, proporciona al hombre su condición como “ser genérico” –según Marx-.

Por medio de la actividad práctica (trabajo), los escolares logran poner en correspondencia sus saberes (teoría) y, así, establecer armonía entre el mundo social y natural. Esto permite que la educación se fundamente en una visión histórica y dialéctica del mundo “para comprender el movimiento y el devenir, para valuar la suma de esfuerzos y sacrificios que costó el presente al pasado y que el porvenir cuesta al presente, para concebir la actualidad como síntesis del pasado, de todas las generaciones pasadas que se proyectan en el futuro” –cita Gramsci-.

Por ello, Gramsci crítica la escisión entre instrucción y educación –propia de los sistemas de enseñanza burguesa (pedagogía idealista)-. El filósofo italiano postula que, al tomar partido por alguna de las dos vertientes (instrucción o educación), el acto pedagógico se reduce a una esfera mecanicista; por tanto, el fundador del Partido Comunista Italiano propone que la relación entre instrucción y educación debe ser de forma dialéctica, ya que sin conocimientos no puede haber educación.

Sin tratar de ser extenso, cabe señalar que el pensamiento educativo de Gramsci es basto y enriquecedor, por ello, esta exposición trata de sintetizar algunos temas que permitan reflexionar nuestro sistema educativo mexicano y preguntarnos si los problemas que el pensador italiano abordó, siguen vigentes o están superados.

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