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Pensar en el derecho democrático I

Está de moda, aunque no necesariamente por las mejores razones, hablar del derecho y de los poderes judiciales como intérpretes del conjunto de significados, leyes, costumbres y prácticas que conforman el sistema jurídico en México. Tampoco se han expuesto los mejores argumentos. Pero equivoco en utilizar la voz pasiva: el gobierno en turno, ya por salir —no es menor—, ha convertido en una suerte de bandera electoral a las resoluciones de los poderes judiciales.

Aprovechando la discusión, si quisiéramos darle un cauce mucho más enriquecedor, deberíamos discutir los aspectos que, ideal y mínimamente, harían que nuestro sistema jurídico fuera verdaderamente democrático. No alcanza el espacio, pero apunto algunas cuestiones que, o han pasado de largo en la discusión pública o sólo se debaten de manera superficial.

El derecho es, primero que nada, un sistema que produce significados. Culpable, inocente, ciudadana, servidora pública, todos son conceptos creados en el derecho pero que no necesariamente siempre tienen la misma carga moral ni alcances políticos.

La culpabilidad, por ejemplo, es una elaboración moral sobre qué comportamientos son reprochables en una sociedad en un tiempo determinado, qué valores deben protegerse, por tanto, y cómo. Porque el castigo es también una elaboración cultural.

Y, sin embargo, pocas veces reparamos en cómo el derecho sirve para constituir, reproducir y legitimar relaciones sociales. Las personas críticas del sistema jurídico como se encuentra diseñado hoy, ponen un acento únicamente en la ley y en lo popular; como si el hecho de provenir de mayorías legislativas a su vez legitimadas por mayorías populares bastara para que las relaciones sociales que produce la norma sean por sí mismas democráticas.

De tal manera es que las personas críticas del poder judicial federal, asumen que la ley votada por las legislaturas es democrática independientemente de su contenido; dejando de lado a su vez que el derecho es mucho más que sólo la ley.

Estoy dejando muchos cabos sueltos, pero espero se entienda lo central: el derecho no es sólo el conjunto de enunciados que se encuentran en los códigos; produce significados y es producto también de un sistema de significados producidos social y políticamente.

Nuestro sistema jurídico no es, o al menos no todo, democrático. Dejando de lado, aunque no es menor, que cada entidad federativa es una especie de sub sistema, las relaciones sociales que se producen en algunas materias jurídicas no suponen ni horizontalidad, igualdad, pluralidad, por lo menos.

Me detengo en un ejemplo, aunque ha cambiado en los últimos años, en buena medida producto de resoluciones judiciales; en particular del Poder Judicial de la Federación.

¿Por qué hombres, que desconocen la experiencia psicológica, social, biológica del embarazo podrían legislar sobre la penalización del aborto? Además, la ley depende de quienes la aplican ¿Por qué médicos legistas -hombres- darían cuenta de alguien que decidió terminar su embarazo dado que tampoco conocen nada sobre la experiencia del embarazo? ¿Por qué fiscales ignorantes de lo mismo, integrarían carpetas? ¿Por qué las sentencias las proyectarían secretarios hombres y la decisión quedaría en manos de un juez?

Es sólo un ejemplo. Ahondaré en otros en las siguientes entregas. Me detengo en una premisa: Nuestro sistema, como productor de significados, es machista. ¿Cómo empata eso con la democracia? ¿Quién lo ha discutido?

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