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Piedra de luz

Dos lecturas trascendentes recuerdo en mi vida, entre otras, El laberinto de Paz en diciembre de 1975 en la calle de Otavalo, Lindavista, y “Piedra de sol” del mismo Octavio en abril de 1976 en un jardín de La Viga, en la ciudad de México.

JEP diría que no leemos a los otros, nos leemos a nosotros en los otros, su experiencia atiza la nuestra.

Era la mañana del sábado de gloria de la semana santa y tirado en el pasto público de un rincón bebí sin pausa y sin prisa el largo poema en el libro La centena (Poemas 1935-1968) que mi amigo el Juanelo me acababa de regalar en marzo. Poco sabía y sé de poesía y sin embargo quedé deslumbrado y conmovido frente a la conciencia desgarradamente lúcida que leía y sigo leyendo:

 

busco sin encontrar, escribo a solas,

no hay nadie, cae el día, cae el año,

caigo con el instante, caigo a fondo,

invisible camino sobre espejos

que repiten mi imagen destrozada,

piso días, instantes caminados,

piso los pensamientos de mi sombra,

piso mi sombra en busca de un instante,”

 

¿Cómo decir lo que experimenté? ¡Fui y soy otro sin dejar de ser el mismo! Esa piedra me golpea y ese sol me abraza en todos los sentidos de la palabra brasa, fuego y comunión.

Desde entonces quise saber y leer todo lo de ese nombre y esa vida llamada Octavio Paz. Y no acabo ni quiero acabar.

Ese sábado de gloria fue un 17 de abril de 1976. Este sábado de gloria de 2018 cae el 31 de marzo. Escribo 42 años después, entre el nacimiento y la muerte del poeta, en el tiempo puro y abierto del poeta, tiempo vivo y enfebrecido por nuestra lectura crítica, fraterna, polémica del escritor. “Piedra de sol” está fechado el 28 de septiembre de 1957 y cierra el libro canónico de Octavio, Libertad bajo palabra (México, FCE, 1960, 1968, 1970, 1974…).

El 17 de abril es el aniversario luctuoso de Sor Juana. Una nota de OP nos informa que “Piedra de sol” alude al Calendario Azteca. Varios poetas y críticos se han ocupado de analizar y hacer la radiografía y la autopsia del poema. Paz en vida, hasta donde sé, habló muy poco de este poema y creo que prefería “Pasado en claro” y “Nocturno de San Ildefonso”. Su lectura personal de “Piedra de sol” no es horrorosa pero casi, por plana. Etc.

Nada de eso importa. Hay que sumergirse en el poema.

Para mí es uno de los poemas que más he frecuentado en mi vida y pienso que es parte de la centena de la poesía universal de todos los tiempos.

Un caminar tranquilo… que de pronto… estalla, vuela, corre, cae, bucea, nada, explora, explota… y se tira de panza al sol… en la playa sin tiempo. Estrella de mar, decía Cortázar.

Misterio muerte

Ojalá que tu muerte no se sepa en las redes de luz y poco a poco el silencio vaya creciendo sin decir nada hasta decirlo todo.

Crece la lista de los muertos estrictamente contemporáneos y todos estamos formados en la fila y nadie puede salirse.

Todos somos sobrevivientes y la muerte nos empareja a todos sin anular las diferencias de la vida.

Por largo o corto que sea el viaje a Ítaca siempre se llega suave o abruptamente.

No sé que sea mejor si ver venir a la muerte de frente con los ojos abiertos o que te coja por la espalda sin verla.

Algo sabré sin saber en el momento justo.

Los muertos contemporáneos nos recuerdan que todos somos contemporáneos de la muerte.

En las palmas de mis manos veo clara y quebrada la M de muerte desde el siglo pasado.

El adolescente en bicicleta por la calle de Viena en Coyoacán descubriendo y pensando súbitamente la muerte en su laberinto de la soledad en el cosmos imperturbable y las estrellas parpadeantes.

Y luego nada.

Amén.

¿Es mejor morir viejo o haber muerto joven? ¿Es bueno haber nacido o hubiera sido mejor no haber existido? ¿Es bueno o es malo pensar en la muerte propia?

No sé.

Llegamos sin saber nada y nos vamos en el misterio.

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