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Porrismo y universidades públicas

Estos “estudiantes” no estudian, se dedican al control político de la población estudiantil. Pasan los años y ellos son cada vez más viejos mientras que los jóvenes estudiantes mantienen una edad promedio. Eso explica a los porros de 30 años de edad en escuelas preparatorias.

El 27 de agosto de este año, estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM, uno de los sistemas de educación media superior con los que cuenta dicha universidad, sede Azcapotzalco, llevaron a cabo un paro de actividades en protesta por cuestiones que deberían ser de sencilla solución: después de un mes de iniciados los cursos algunos grupos no contaban con maestros, la directora de dicho plantel quitó murales hechos por los estudiantes sin consultar a la comunidad, acusaron a su directora por actos de ineptitud, abusos y prepotencia; que no quedaran impunes las constantes agresiones de porros hacia integrantes de la comunidad estudiantil.

Al día siguiente del estallamiento del paro ya se había dado otra agresión por parte de grupos porriles. La directora presentó su renuncia el 30 de agosto, sin embargo el paro continuó solicitando respuesta a las otras demandas.

El 3 de septiembre los estudiantes paristas decidieron llevar su protesta a la explanada de la rectoría de la UNAM, en Centro Universitario. En esas estaban cuando fueron víctimas de una nueva agresión por partes de porros. Esta agresión se dio con golpes pero también con el uso de armas blancas, dejando a dos estudiantes lesionados de gravedad con heridas de arma punzocortante.

Esta nueva agresión fue documentada con testimonios, fotografías y videos; fue denunciada en medios de comunicación y en redes sociales con el hashtag #FueraPorrosDeLaUNAM. En dichas redes, de manera colectiva, los propios estudiantes comenzaron a identificar a los agresores con nombre y apellido, algo que ni las autoridades universitarias ni las autoridades capitalinas han hecho jamás. De ahí la impunidad con la que se han venido manejando ese tipo de grupos desde hace unos 50 años.

El porrismo es un fenómeno que nace en la época del partido único, el PRI, aproximadamente después del movimiento de 1968. Consiste en la formación sistemática de grupos de jóvenes (y de algunos no tan jóvenes) estudiantes (aunque también se incluye a no estudiantes) o que al menos están inscritos en los centros de estudios en donde llevan a cabo su acción. Su tarea principal consiste en inhibir la participación política de los verdaderos estudiantes mediante agresiones e intimidación. Prácticamente ninguna universidad del país ha estado ajena a la intervención de estos grupos porriles. Famosa la Federación de Estudiantes de la Universidad de Guadalajara, una de las más violentas del país.

Para que los porros puedan actuar se requiere de la complicidad de las autoridades educativas tanto locales como centrales así como de autoridades civiles que solapan a estos grupos para que lleven a cabo su cometido.

Nuestra Universidad no fue la excepción. Grupos de porros actuaron impunemente durante décadas, al menos desde los años setenta del siglo pasado hasta después del año 2000. Año en el que comienza a disminuir su acción en la UAQ, quizás por la llegada de la alternancia al poder federal.

El nivel de violencia de estos grupos puede ser extremo. Va desde los insultos hasta los golpes y al uso de armas no sólo punzocortantes sino de fuego. Mi generación sufrió el acoso de este tipo de personajes y cuando me incorporé como maestro a la Escuela de Bachilleres, mis alumnos también. Recuerdo aún a grupos de porros golpear a estudiantes y llegar armados a las instalaciones de la universidad. También recuerdo algunas balaceras.

Los porros se concentraban alrededor de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Querétaro (FEUQ), la que tenía ligas con la Secretaría de Gobierno del gobierno en turno. Posiblemente eran financiados o por las autoridades universitarias o por las autoridades gubernamentales.

Estos “estudiantes” no estudian, se dedican al control político de la población estudiantil. Derivado de esto, pasan los años y ellos son cada vez más viejos mientras que los jóvenes estudiantes mantienen una edad promedio. Eso explica porque hay porros de 30 años de edad en escuelas preparatorias.

En muchas ocasiones como recompensa a algunos de los porros se les premia con cargos públicos de rango menor. Otros se pierden al ligarse a la delincuencia común e incluso terminan en la cárcel o muertos. En este último caso, ellos también son víctimas de aquellos adultos que los financian lo que es también una alevosía. En muchas ocasiones los usan y luego los abandonan.

El pasado 7 de septiembre, ‘La Jornada’ publicó que en el valle de México operan más de 170 grupos porriles de los cuales 55 operan en los planteles del Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP), 52 operan en la UNAM, 46 en los Centros de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios (CETIS), 43 en los Colegios de Bachilleres y 25 en los  Centros de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECYTS), sistema de nivel medio superior del Instituto Politécnico Nacional.

Esperemos que la visibilidad que obtuvo la última agresión del 3 de septiembre, en conjunción con la llegada de un nuevo gobierno federal, ponga punto final a este pernicioso fenómeno cuya longevidad alcanza ya los 50 años de existencia.

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