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Propuestas bajo los escombros

De entre los escombros y aun flotando en su aire pendenciero, el presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se nos aparece ahora como el más dadivoso del barrio. Por supuesto, hay que tomarle la palabra a la casta política de este país y replantear desde sus cimientos el esquema de campañas y financiamiento de los partidos políticos.

Eso debe incluir candados para evitar que se alimente más la insaciable plutocracia; candados para clausurar las oscuras fuentes alternativas de financiamiento, esto es, cerrar todas las llaves de paso de eso que como vasos comunicantes une los subsuelos del dinero ilícito con los fabulosos rendimientos de concesiones y contratos otorgados desde el gobierno.

De haber sido genuino el interés del señor Enrique Ochoa Reza, en lugar de aparecer como un llanero solitario conmovido y justiciero, habría tejido un acuerdo multipartidario, con la misma diligencia que su partido cocinó la reforma energética, para procesar ‘fast track’ una reforma que ponga fin al atraco que cometieron los partidos al llevar al artículo 41 de la Constitución la decisión de asegurarse la vida eterna con dinero público.

Propuso el PRI la eliminación del financiamiento público para 2018, por un monto superior a los 6 mil millones de pesos, pero, ojo, nada dijo respecto de los otros 6 mil millones que el próximo año recibirán los partidos como financiamiento paralelo en los 32 estados de la República. Tomémosle la palabra a esos generosos caballeros tan diestros para saltar de trampa en trampa.

Aunque de nada sirva, sugiero al PRI añada a su proyecto de reforma dos puntos más. Sólo dos. El primero, para eliminar los regímenes especiales y prohibir los privilegios de las grandes corporaciones privadas, diseminados en la ley bajo la figura de exenciones, estímulos fiscales y devolución de impuestos. ¡Colosales vertederos de oro que nadie toca y que podrían paliar la desigualdad en este país!

El segundo punto consiste en que el PRI promueva, y asuma, la eliminación de una partida tan gigantesca como inútil, que es la prevista para publicidad oficial. Tan sólo con lo que el gobierno de Enrique Peña gastó bajo ese rubro en sus primeros cuatro años habría sido suficiente para reconstruir ocho veces la totalidad de las escuelas dañadas por los sismos de septiembre.

Por si el señor Ochoa Reza sintiera que le estamos cargando la mano a su iniciativa, hay otra cosa que el gobierno federal podría hacer con tan sólo ejercer sus atribuciones, sin necesidad de reforma alguna: meter en cintura al sistema financiero para frenar el asalto cotidiano a los cuentahabientes.

La reconstrucción de la totalidad de las escuelas dañadas por el sismo se resolvería con el dinero que el sistema financiero capta indebidamente como producto a una práctica que la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef, que pertenece al gobierno federal), engloba bajo el rubro de “cobros indebidos”. Sepa usted que tan sólo en los primeros nueve meses del año 2016 la banca apañó a sus clientes con 6 mil 500 millones de pesos. Con eso se rehabilitarían todas las escuelas y todavía sobrarían 2 mil 500 millones.

Si el señor Ochoa Reza añade a su iniciativa los dos puntos señalados y construye el acuerdo parlamentario necesario; y si el gobierno federal emanado del PRI sujeta con rigor al sistema financiero, no será necesario nunca más que ningún mexicano se deshaga de sus alimentos diarios para llevar despensas al centro de acopio más cercano.

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