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Reportes que hielan la sangre (II)


¿Qué tiene que ver un anillo de bodas con el agua que sale del grifo en tu casa?, es una pregunta del Dr. Paul Hersh, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y activista que denuncia los tremendos daños que ocasiona la minería en México y en el mundo entero, y que se dio a conocer el pasado 3 de mayo, a través del programa Ciudadanía de tiempo completo, del Instituto Mexicano de la Radio, conducido por la periodista Laura Sarvide.

La pregunta parece sinsentido, pues los urbanitas estamos poco acostumbrados a reconocer los procesos que permiten que ciertos bienes o servicios lleguen a donde estamos.

En otro contexto, la ecologista Annie Leonard, en una animación llamada La historia de las cosas, nos lleva a hacer un recorrido por la sociogénesis de los objetos que compramos, para revisar todo lo que sucede en la cadena productiva antes de que lleguen a nuestras manos, y a dónde van a parar cuando nos deshacemos de ellos. Esta mirada histórica también la tienen los zapatistas, cuando nos invitan a pensar qué hay detrás de ese bonito disco que compramos y de la música que disfrutamos.

Estos recorridos nos permiten observar todo el daño que sufren, tanto la naturaleza, como los trabajadores que son explotados en el proceso, para que nosotros podamos vestirnos, comer o disfrutar de las comodidades que la civilización nos ofrece (mientras podamos pagarlas).

En relación con los anillos de bodas, los datos que se difunden a través del programa mencionado son espeluznantes: Para sacar un gramo de oro se requieren 4 toneladas de roca, 380 litros de agua, 43 kilowatts de electricidad (que permite a una familia tener luz eléctrica por una semana), 2 litros de gasolina, 1 kg de explosivos y 850 gramos de cianuro de sodio. Si multiplicamos esto por 8 gramos, para fabricar los 2 anillos de una boda, veremos que se necesitan: 32 toneladas de roca, 3,040 litros de agua, 344 kilowatts de electricidad, 16 litros de gasolina, 8 kg de explosivos, 6,800 gramos de cianuro, además 312 litros de diesel, 18 litros de lubricantes… 

La minería ‘de tajo abierto’ consume, contamina y destruye las fuentes de agua. Las explosiones que se requieren para la extracción, producen toneladas de polvo, que se incorporan al aire; además se emplean grandes cantidades de energía y agua. Todo esto afecta de manera irreversible los territorios donde se aplica, dejando enormes boquetes, por un lado, y montañas de desechos tóxicos, por el otro, que contaminan los mantos friáticos.

Un ejemplo que menciona el programa de Laura Sarvide es Carrizalillo, en Guerrero, (uno de los estados con mayor pobreza extrema de la República Mexicana). Ahí, de una sola mina se extraen cada año 10 toneladas de oro (multiplíquense por los datos que se dieron antes).

¿Qué deja la minería a cambio en ese lugar? Los datos oficiales indican que la pobreza extrema de Guerrero no ha disminuido casi en nada. Lo que la minería sí deja, a cambio, son 17 mil toneladas de desechos tóxicos, que contaminan la región por siglos.

A nivel nacional, la minería aporta, 0.5% de recaudación y sólo el 0.6% de empleos (según el  Centro de Análisis Fundar).

Para mostrar la gravedad del problema, el Dr. Herrsch, con apoyo del INAH, armó una exposición itinerante sobre la minería tóxica (que está a disposición de la institución que la requiera y que valdría la pena solicitar, a través del ayuntamiento o de la Universidad Autónoma de Querétaro).

Otra de las causas de la escasez de agua tiene que ver con la industria refresquera y las embotelladoras. Sobre esto, la maestra Anahí Lanuza García, ingeniera ambiental de la UAM (en su boletín 222), alerta que dichas empresas podrían agotar en poco tiempo y de forma definitiva los mantos acuíferos de la capital.

Estas compañías sacan de la zona metropolitana, alrededor de 7 millones 900 mil metros cúbicos por año. Pagan sólo 19.82 pesos por metro cúbico y obtienen beneficios netos de 762 mil 514 millones de pesos. “Es claro que resulta extraordinariamente redituable a las empresas extraer el vital líquido de dichas zonas”, señala Lanuza García.

Tales datos nos alertan sobre lo que está sucediendo en Querétaro con ambas industrias y nos llevan a preguntar a quienes pretenden ganar las próximas elecciones, qué harán para enfrentar tan grave problemática.

*Miembro del Movimiento por una Educación Popular Alternativa

 

maríc.vicencio@gmail.com

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