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Retorno a clases presenciales: ¿regresamos a lo mismo?


La Secretaría de Educación Pública (SEP) habla ya del inminente regreso a clases presenciales. Así, algunas instituciones educativas están abriendo sus puertas desde el pasado 7 de junio. Sin duda, la decisión de volver a las aulas ha generado diversas posturas.

Más allá de las diversas opiniones acerca de la reanudación escolar de manera presencial, es necesario cuestionar para qué regresar a las instituciones educativas, dicho de otra manera, ¿regresaremos a lo mismo? Se trata de un sinfín de preguntas ineludibles para muchos actores de la educación; sobre todo para el magisterio.

¿Qué puede significar “regresar a lo mismo”? Trataré de responder.

1. Como es sabido, nuestro sistema escolar tiende a acatar –cabalmente– los mandatos de organismos internacionales, económicos y financieros (como la OCDE, el BM, el FMI, la UNESCO). Esto puede sugerir que ‘no hay un proyecto educativo’ que atienda a las problemáticas, necesidades y condiciones sociales del país; más bien, parece responder a otro tipo de intereses.

2. El magisterio mexicano padece desatención de parte del SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación). La dirigencia sindical “charra” –denominación con que se estila referirse a vínculos “entreguistas” de los representantes sindicales con la parte patronal (el Estado, en el caso de la SEP)– ‘descuida los intereses y derechos de los trabajadores’.

3. Ausencia de un ‘Plan de Estudios’ para la educación básica, fundamentado en los preceptos de la Reforma Educativa (aprobada el 15 mayo de 2019). Con ello, la inclusión de la filosofía y el pensamiento crítico quedaron como mero adorno del Artículo Tercero –hasta ahora, la SEP no ha establecido un proyecto de trabajo que inicie la consolidación de los dos elementos mencionados–.

4. El magisterio nacional ‘se encuentra subyugado a un sistema de excepción laboral’, es decir, los docentes (trabajadores) son considerados servidores públicos al servicio del Estado (patrón) y, por tanto, su condición laboral como trabajadores (con derechos) queda anulada. Se hace manifiesto que la Reforma Educativa establecida en el sexenio de Enrique Peña Nieto (EPN) sigue vigente y que la actual modificación al Tercero Constitucional –llevada a cabo por Andrés Manuel López Obrador (AMLO)– es continuidad del régimen anterior (situación que anula las relaciones de bilateralidad para la defensa de los derechos de maestras y maestros).

5. La asignación de cargos para dirigir la educación –en algunas entidades– es de carácter político, es decir, los representantes de la Secretaría de Educación en los Estados son elegidos de acuerdo con la afinidad o conveniencia del grupo o partido en el poder. Dichos cargos públicos se convierten en medios para vigilar, controlar y castigar al magisterio. La mafia del poder no ha terminado.

6. Los enfoques y modelos pedagógicos en México están sustentados por los preceptos del sistema neoliberal. Desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (CSG) hasta la fecha, se llevan a cabo reformas que tienen como fundamentos el antiintelectualismo, ataque a la “escuela tradicional”, a sus formas y métodos de enseñanza, alteración de las relaciones laborales de los trabajadores de la educación, ludificación, sujeción de la educación a teorías psicológicas (constructivismo), privatización y mercantilización de la enseñanza, desprestigio del magisterio y de su función docente.

Sin afán de agotar el listado de estas y otras situaciones, en general se mantienen después de la pandemia. Nunca se abandonaron; al contrario, se consolidaron y no se ve que hayan de erradicarse de nuestro sistema educativo. Por otro lado, el regreso a clases presenciales ocurrirá y los males que aquejan a la educación mexicana y al magisterio perdurarán más que cualquier virus.

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