Si ser humanista es ser comunista, que me anoten en la lista: AMLO

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas, cuando la revolución se venga abajo, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo. Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio: la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio.
Silvio Rodríguez
Las listas negras, como la que pretende realizar el fascismo mexicano en contubernio con las fuerzas de ultraderecha internacionales, no es nada nuevo. Los registros históricos dan cuenta que estas oscuras listas comenzaron con Jesús el Nazareno, sus apóstoles y sus seguidores, quienes fueron perseguidos y asesinados por los romanos. Entre los años de 1184 a 1542 se anotaron a millones en las largas listas negras de la mal llamada Santa Inquisición: hombres, mujeres, niños, ancianos que sufrieron lo indecible en manos de una iglesia vengativa y cruel.
En las listas negras se han anotado a todo aquel que, a decir de los hegemónicos de cada época, no aceptan ser sometidos y explotados, a todos los diferentes y rebeldes que luchan por sus derechos y libertades: mujeres y hombres ritualistas, herbolarias que luchan por su autonomía, los negros, los amarillos, todos aquellos que por sus características corporales, culturales, económicas o sociales no pertenecen al pequeño núcleo de los blancos supremacistas y su grupo de base: clases medias con espíritu de esclavos.
En las listas negras históricas están las curaderas, brujas, hechiceras, negros cimarrones, socialistas, anarquistas, comunistas, utópicos, sindicalistas, enfermos incurables, judíos, testigos de Jehová, cristianos, intelectuales libertarios, asiáticos, nativos de todas las latitudes.
Un poema antifascista cuyo autor se asegura fue el pastor Martin Niemöller y otros afirman fue de Bertolt Brech dice: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, ya que no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, ya que no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, ya que no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”. El conservadurismo, la derecha, la ultraderecha y sus siervos, otrora de ultraizquierda, se funden hoy en un sólo bloque al servicio de los intereses de la oligarquía nacional y extranjera. Están enfermos de odio, de rencor, de egoísmo. Los enoja brutalmente que se multipliquen los peces y los panes y que se distribuyan entre los necesitados, que se fomente la alegría y la felicidad, porque ellos son incapaces de disfrutar la vida, por ello quieren destruirla.