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Siglo XXI y realidad virtual

Si no se reorienta el mundo en favor de culturas y civilizaciones diferentes a la noroccidental, el género humano desaparecerá muy pronto de esta vida, que ya parece nuestro infierno en la tierra.

Es extraña la situación en que se encuentra México. No sólo este país. Parece que lo mismo –o casi– se ve en todo el orbe. Como que en el mundo se vive un desquiciamiento generalizado, donde no se ve el punto de partida y, menos, el de llegada; y no parece haber ninguna agarradera.

Uno quisiera tener seguridad sobre lo que decide o hace y, sin embargo, por aquí o por allá resultan las cosas de manera contraria a lo que uno espera. Los planes de vida tienen que cambiar continuamente, por lo que para muchos es mejor no hacer planes, sino atenerse a lo que viene.

Los mayores dicen que la vida no se ajusta a los gustos de nadie. Los viejos dicen incluso que, ahora, “ya no es como antes”. ¿Acaso esos viejos han enfermado de nostalgia?, ¿están contagiados de la ilusión de que “todo tiempo pasado fue mejor”? o ¿quizá son de los pocos sensibles que quedan y se dan cuenta de que todo está cambiando?

En cartelera está todavía una película (‘Ready player one’). Aunque el director –Steven Spielberg– es muy conocido, casi pasa desapercibido que él hizo esta cinta. La clave de este desapercibimiento está en la trama. Se trata de una cinta en la cual lo que acontece es casi exclusivamente realidad virtual.

La vida sucede más o menos 50 años después de hoy; todo parece haber cambiado drásticamente, pues ha desaparecido la naturaleza: no plantas, no animales, no espacios vitales. Sólo queda gente, pero ésta vive no al “viejo estilo”, sino en espacios estrechos y dislocados. Todo tiene carácter provisional, improvisado, sucio, amontonado, deforme, deprimente.

Después del trabajo cada humano busca con ayuda de unas gafas introducirse en un ambiente que se vuelve sustituto “gozoso” de la vida diaria. La “realidad” de cada quien es la virtualidad que dan las imágenes producidas por lentes y máquinas.

Allí acontecen aventuras, muertes, vidas, entusiasmos y esfuerzos, todo mezclado. Al final de la virtualidad correspondiente, cada quien vuelve a su vida cotidiana. Eso que acontece en la pantalla no es exclusivo de allí. Eso está pasando en la vida de hoy, que es esa condición extraña en que se encuentra México y, a final de cuentas, que se da en casi todo el orbe.

En 2015, se publicó la edición española del ensayo que escribió el premio Nobel, Mario Vargas Llosa: ‘La civilización del espectáculo’. Desde el título del escrito, el peruano se da vuelo en la revisión de lo que sucede en el mundo en el siglo XXI, en el mundo de la cultura. En ese ámbito se despliega justamente el espectáculo, el núcleo de la actualísima condición de hoy.

A su vez, Bolívar Echeverría hizo patente la pertinencia del marxismo para revisar la condición actual de la sociedad. No es fácil entender la realidad actual si se prescinde de los conceptos de Echeverría. Ahora, tres notas de apoyo.

Uno. Para comprender la ‘realidad’, los humanos diferencian entre ‘natura’ y ‘cultura’. Eso quiere decir, en términos gruesos, que lo que no es ‘cultura’ es ‘naturaleza’, y viceversa. El tema de que se ocupan Vargas Llosa y Bolívar Echeverría es la cultura; esto es, la producción humana; no las condiciones de la naturaleza.

Dos. En el apogeo de la cultura griega, la realidad se entendía articulada desde cuatro factores (ellos las llamaban ‘causas’): el factor material (lo que está a la mano y se puede mani-pular: la tierra, el agua, las plantas, las cosas, etc.), el formal (centrado en la ‘forma’: una estatua de Morelos es Morelos en la forma, pero no en la materia), el eficiente (la serie de operaciones –técnicas, sobre todo– que hacen posible, por ejemplo, fabricar una estatua de Morelos) y el final (propósito último con que se hacen o advierten las cosas: honrar la memoria del Caudillo). Este último factor fue asignado exclusivamente a la teología, en el siglo XVII, por sugerencia de Bacon, el cual propuso que la naciente ciencia (europea) se atuviese sólo a la causa eficiente (lo que hoy se llama ciencia y tecnología).

Tres. En los últimos tiempos se ha acentuado el segundo factor (el formal), con demérito acelerado de los otros tres, en el siguiente orden: primero, el final (siglo XVII); luego, el material (siglo XVIII, aunque siempre en proceso de rescate, justamente, por el materialismo); finalmente, el eficiente (cada vez menos atendido, a causa del desprecio creciente que se tiene por la educación, para dar lugar más bien a la capacitación). Así, lo que hoy se advierte es el predominio de la forma, es decir, de la moda. Por eso, la sociedad actual es mod-erna, volcada casi por completo a la forma, a la apariencia.

La civilización occidental se ha valido de lo que heredó (algunos dicen, más bien, que no heredó, sino que despojó) de las antiguas civilizaciones africanas, asiáticas, americanas y de las islas del Pacífico (en ese orden). Todas ellas hicieron énfasis en la producción de bienes para la vida. Pero, en manos de los herederos europeos, esas herencias se convirtieron en bienes o productos para la muerte.

Esa civilización occidental ha atraído y concentrado todo el oriente y el sur, generando la ilusión de que occidente es el ámbito da la civilización y el desarrollo, aunque en verdad ha “prosperado” merced a su acción de anular las expresiones del resto del mundo. De esta manera, ha podido producir un mundo “a su imagen y semejanza”.

El problema es que, hoy, dicho mundo parece estar orientado a la muerte y, peor, hacia la autodestrucción. Los signos muestran que, si no se reorienta el mundo en favor de culturas y civilizaciones diferentes a la noroccidental, el género humano desaparecerá muy pronto de esta vida, “muy apetitosa y, a veces, también sabrosa”, pero que ya parece nuestro infierno en la tierra.

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