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Silvio Rodríguez: poeta, cantor, historiador y promotor universal de la cultura

Algunos dicen que hacen falta muchos Silvios, seguro él prefiere la diversidad, más que la homogeneidad. Lo que hace falta es la originalidad, esa que se construye escuchando y observando la realidad, lejos de las instrucciones escolarizantes, lo que hace falta es la blasfemia, el pensamiento critico y también el silencio.

Con cuatro Doctorados Honoris Causa: Perú (2007), México (2010), Argentina (2011) y Cuba (2017), muchas distinciones, premios, reconocimientos, millones de aplausos y 72 inviernos a cuestas (pues nació en noviembre), Silvio es el poeta, cantor, historiador y promotor universal de la cultura con mayor trayectoria y cercanía a muchos pueblos, pues sus poemas y canciones se han traducido al francés, italiano, alemán, inglés, portugués, guaraní, ruso, chino, japonés, coreano, sueco y catalán, y se vienen cantando desde el siglo pasado hasta nuestros días.

Para nada comercial, el trabajo de Silvio, sus poemas y canciones, no recurre al estribillo fácil, sino a la reflexión profunda e histórica del alma, por ello, aquellos de mente promedio, dicen que las canciones de Silvio no se entienden, pero cuando se escuchan una y otra vez, como un buen libro, y se es testigo de impacto masivo de sus presentaciones, donde se funden en una sola, todas las cohortes generacionales cantando al unísono “Ojalá pase algo que te borre de pronto…” o alguna otra de su inmenso repertorio, se aprende que la poesía es un lenguaje de conexión energética, y que esas letras cantadas en soledad o compañía nos permiten transitar de una era a otra, contribuyendo cotidianamente a evitar la caída del porvenir.

Explicar un poema hace que éste pierda su esencia, pues la poesía es, por así decirlo, un metalenguaje, ese donde las palabras y su estructura, hablan para todos aquellos que tengan oídos para oír, ojos para ver y boca para cantar, porque “sólo el amor convierte en milagro el barro”. Y los poemas de Silvio aunque guerreros, melancólicos, eróticos e históricos, se sustentan en ese amor etéreo e incondicional al futuro, a la esperanza, a la mujer, a la estrella, al viento que nos lanza.

Crítico profundo de las mediocridades propias y ajenas, Silvio no pertenece a ninguna cúpula, y se enriquece con mil pocos de amor, sumergido en las profundidades de los barrios de su patria: América Latina y el mundo entero, ya desde 1975 escribió su testamento y día a día reparte lo que le falta… y sobra: sus canciones.

El gran problema es que “la medicina escasa, la más insuficientes es la de reparar la mente” y los seres humanos queremos siempre tener 10 años de menos y un necio que nos guíe, nos diga que hacer. Cuando en realidad la necesidad vital es “andar con todas las banderas trenzadas de manera que no haya soledad”.

Hoy jóvenes y maduros, hombres, mujeres y toda clase de nocturnidades precisan paz, evidencias y razones para vivir; precisan canciones, poemas, abrazos, ternuras, “una canción de amor…fuera del odio, el miedo, el quizás”. Hay quienes lo quieren eterno, también los que no lo quieren; pero los más saben que independientemente de los hechos históricos y biológicos, Silvio es de los imprescindibles y gracias a esa visión histórica y poética se puede leer, cantar, inventar y reinventar porque siempre habrá guerreros que amen y canten, y dejen que nuevos seres se asomen por la garganta.

Silvio no tiene, hasta el momento, ninguna canción, al menos publicada, que se llame Utopía (si ya existe, favor de avisar), y si se pudiera atraparlo en una sola palabra, esa sería, pues su poesía, describe y viaja constantemente a ese lugar. Su partido es el de los sueños, de los proscritos y los deudores del banco mundial. Para quienes amamos y odiamos, para quienes la vida se resume en olores, sabores, texturas y recuerdos, sabemos que tendremos Silvio para siempre, aunque sabemos de antemano que nada es para siempre.

Entre un trago de café y uno de ron, el alma se agita y lanza manifiestos antifundamentalismos, antidogmas, antiimperios, antiparadigmas, la mejor herramienta del alma es la letra escrita sea prosa o poesía, pues lo primero fue la palabra. Sí la palabra fue el génesis, muy seguramente también lo es para la esperanza esa de cualquier color: verde, roja o negra, pero con amor.

Algunos dicen que hacen falta muchos Silvios, seguro él prefiere la diversidad, más que la homogeneidad. Lo que hace falta es la originalidad, esa que se construye escuchando y observando la realidad, lejos de las instrucciones escolarizantes, lo que hace falta es la blasfemia, el pensamiento critico y también el silencio.

Siendo el ser humano resultado de la conflagración histórica entre las circunstancias y sus respuestas emocionales, cada individuo elige, como resultado del libre albedrio, ser uno más de los sometidos, o de esos que luchan toda la vida, los imprescindibles, los que no se apegan a los mitos y leyendas, sino que las construyen y las agigantan. Silvio, en cada una de sus canciones, en cada una de sus presentaciones elige no subirse a la escalera, sino estar allí a ras de suelo compartiendo la coherencia, como debe ser, y seguir soñando travesuras (Acaso multiplicar panes y peces) y morir como vivió, haciendo posible la utopía.

La realidad se construye, el poder se asume, las necesidades se resuelven con permiso o sin el —siempre es mejor sin permiso— violentando las insensibilidades e irracionalidades de los contratos, los códigos y las leyes. La libertad nació sin dueño, todo control la estruja, la deteriora, la asesina. La obligación suprema del ser humano es ser libre.

 

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