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Sobre la importancia de la e-Liga

La e-Liga, así como otros rituales digitales que han surgido con esta situación, es importante porque nos da un poco de normalidad en tiempos donde lo normal ha saltado por la ventana.

Tengo que admitir que estas líneas llegan tarde. Hace más de una semana, mi amigo Víctor me pidió que escribiera algo para Tribuna y no lo había hecho, hasta hoy.

La idea inicial era comentar sobre la e-Liga que se organizó en México. Estuve viendo varios partidos, tratando de analizarla, pero acabé reflexionando sobre el papel que tiene en nuestra situación actual. La e-Liga, así como otros rituales digitales que han surgido con esta situación, es importante porque nos da un poco de normalidad en tiempos donde lo normal ha saltado por la ventana.

Si algo ha traído consigo el COVID, es la cancelación de varios rituales que son importantes para nosotros como individuos y para nosotros como sociedad. Esto nos lleva a un estado de ansiedad que no habíamos experimentado, como planeta, nunca antes.

Entendemos los rituales desde su punto de vista religioso, pero en realidad nuestra vida está llena de ellos; algunos son privados, otros son públicos, pero todos contribuyen a la forma en que entendemos el mundo y construimos nuestra psique personal y social.

Los rituales nos dan un sentido de pertenencia y de continuidad. Marcan un momento que se separa de todos los otros momentos, que va más allá de lo cotidiano y transforma –según el psicólogo Shira Gabriel– “eventos en algo especial y con significado”. En los rituales compartimos con otros una emoción particular, un sentimiento; experimentamos eso a lo que Durkheim se refería como “efervescencia social”. Pero hoy son una de tantas cosas que se han suspendido.

Esa “efervescencia” ahora se compara con la de una botella de agua mineral que se ha quedado abierta. Nuestro sentido de normalidad se rige, en parte, por nuestra participación en diferentes rituales; ir a misa, al cine con los amigos, al centro comercial, ver el inicio de la temporada de béisbol, separar los domingos de los otros días de la semana porque hay partido, las graduaciones.

La epidemia nos ha obligado a buscar alternativas para recrear, aunque sea de forma digital, nuestros rituales. Sin embargo, la realidad es que no podemos hacer una traducción literal del mundo físico al mundo virtual, porque lo que caracteriza al mundo virtual es que es una simulación.

Vean lo que sucede hoy con muchos maestros y muchos alumnos que no estaban acostumbrados a trabajar de manera digital. Están sudando la gota gorda tratando de llevar la vida de la realidad física a la realidad virtual, sin darse cuenta aún, que son dos cosas con reglas muy diferentes.

Y lo mismo pasa en otros ámbitos, entre ellos el futbol.

Como mencioné en una entrevista para este medio, la e-Liga no es un eSport; es un intento de recuperar un ritual que nos daba un sentido de pertenencia y de tiempo, y que ahora no está.

Con la e-Liga jugamos, como espectadores, a creer que una simulación es la realidad. Lo hacemos porque ahorita necesitamos hacerlo. Necesitamos jugar (y jugar es creer) que las cosas son de una cierta manera, porque así podemos escapar por un momento, de la realidad física que hoy es aislada, fría e incierta.

Todos coincidimos en que vivimos un momento inédito. Nadie sabe bien a bien cómo sobrellevar esto y el mundo se las está arreglando con lo que tiene, como puede. Nos enfrentamos a un instante en la historia donde no hay respuestas correctas, no hay soluciones cien por ciento adecuadas. Eso definitivamente no ayuda a nuestra incertidumbre. Pero recuperar nuestros rituales, aunque se de forma virtual, sí.

Está bien utilizar la tecnología para tener un poco de lo que hemos perdido, siempre y cuando no le hagamos daño a terceros. Dejémonos llevar, perdámonos por un instante en la propuesta de juego que nos presenta la realidad virtual. Reinventemos esos rituales e instauremos nuevos, pues forman una parte esencial de los que nos hace humanos y, muy importante en estos tiempos, más solidarios.

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