Un asunto delicado
Si partimos del hecho de que no se puede generalizar las razones por las cuales se pretende abortar, nos encontramos con más preguntas.
Definitivamente, uno de los temas más difíciles de tratar es el aborto. Y es un tema muy viejo (la primera vez que se despenalizó en la época moderna fue desde 1920, cuando el Comisariado del Pueblo para la Salud y la Justicia de la entonces URSS publicó un decreto sobre la terminación artificial del embarazo) aunque es una práctica todavía más antigua; aunque, no por ello, se puede justificar.
Siempre ha habido argumentos que suenan totalmente lógicos y válidos y —cuando se otorga el beneficio de la duda a los argumentos expuestos en pro del aborto— se niega ese mismo beneficio al embrión o al feto o al futuro del mismo. Si partimos del hecho de que no se puede generalizar las razones por las cuales se pretende abortar, nos encontramos con más preguntas. Y, con ello, va de por medio la posibilidad de vivir de ese ser, y su existencia pende de la decisión que tome la madre y, en su caso, el padre.
Todo se remonta a eso: una elección de vida o de muerte, elegir por qué se lucha y por qué se deja de luchar. En prácticamente todos los países, ya se había llevado una lucha por su legalización, sin que a la par se hayan eliminado las violaciones a los derechos humanos de mujeres, hombres y niños.
Hace unos días, la organización no gubernamental francesa Alliance Vita denunció que, del pasado 31 de julio al 1 de agosto, la Asamblea Nacional Francesa adoptó en segunda lectura (presentó una segunda ocasión) el proyecto de ley de bioética (que, junto con el senado, someterán a aprobación al final de este año).
Dicha organización criticó que se adjuntó el criterio no verificable de «angustia psicosocial», y que permitiría que se realicen abortos con medicamentos hasta el término del embarazo. Señalan que dicha angustia no se puede definir objetivamente y que, contrario a lo que se busca, se ha utilizado para infringir la ley y se tienen que asumir consecuencias graves como la conclusión inevitable para cualquier embarazo no planeado, o complicado, y que se abandonan las posibles políticas de prevención del aborto y sus consecuencias (potencialmente mortales para la mujer, así como las secuelas psicológicas).
La organización referida no solamente defiende la vida, sino que también se dedica a dar apoyo y seguimiento a aquellas personas que lo necesitan, sobretodo en temas de salud. Como un verdadero movimiento pro vida, analizó que la propuesta está yendo demasiado lejos: se abrió una puerta para matar un feto que ya está completamente formado.
Sin embargo, y no obstante que la mayoría de los países considera legal el aborto hasta las 12 semanas, es importante señalar que desde el embrión, desde la tercera semana después de la concepción, cuenta con su sistema nervioso central (cerebro) y periférico (nervios que le permiten sentir físicamente), esto significa que el aborto no es indoloro para él. Por otra parte, el código genético de cada uno es único e irrepetible, con su propio carácter, ideas, capacidades, lo cual se pierde con el aborto y que significa que nunca será posible reponer a esa persona.
Si bien se ha luchado por el derecho sobre el cuerpo mismo de la mujer, creo que el aborto no es la respuesta: ni se han evitado las violaciones y, al mismo tiempo, se está arrebatando el derecho más esencial que es la vida.
Ha sido una lucha constante y es posible realizarlo legalmente en prácticamente todo el mundo. Sin embargo, ¿qué acaso una vida humana no merece ser defendida? Y esto incluye los derechos fundamentales a la alimentación, a la educación, a tener un hogar, un buen trabajo… ante la muerte, nada se puede hacer. Sin embargo, ante la vida siempre habrá posibilidades de mejora en la salud, economía, educación, seguridad… contamos con un derecho que vulnera el derecho de otro, ¿No será que nos estamos conformando con migajas?



