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Una historia de bronce de Morena

La victoria de la elección presidencial por parte de Andrés Manuel López Obrador quedará mejor definida durante el transcurso de su periodo y, sobre todo, al final, cuando tengamos los elementos para determinar qué tanto se cambió y mejoró el rumbo del país.

La victoria de la elección presidencial por parte de Andrés Manuel López Obrador, candidato de Morena, el ‘maoísta’ PT y el evangélico PES, marca un momento histórico de mucha importancia, aunque, obviamente, esta quedará mejor definida durante el transcurso de su periodo y, sobre todo, al final, cuando tengamos los elementos para determinar qué tanto se cambió y mejoró el rumbo del país. Qué tanto se logró la ‘cuarta transformación’ de México, tras la Independencia, la Reforma y la Revolución, como se ha propuesto el tabasqueño desde hace años. Del dicho, al hecho…

En el año 2000, después de la victoria de Vicente Fox Quesada, del PAN, empezó a quedar claro desde muy pronto que la transición democrática había quedado muy corta, dejando mucho que desear. Para muchos, fue un mero gatopardismo, todo cambió para permanecer igual. Incluso el relato histórico y las reivindicaciones del pasado. La pregunta entre el gremio de historiadores era: ¿Qué tanto se animarán los panistas en reivindicar su pasado y modificar el panteón de héroes y villanos de la historia patria? ¿Gritarían vivas a Cortés, a Iturbide, a los conservadores del XIX, a Maximiliano de Habsburgo, a Porfirio Díaz, a los cristeros y a sus propios fundadores, ignorados o denostados en los libros de texto y los monumentos? ¿Gritarían mueras a Cuauhtémoc, a Hidalgo, a Juárez, a las distintas facciones revolucionarias, a Cárdenas, etc., a quienes siempre criticaron? Al final, los personajes ilustres no fueron molestados.

A días de las elecciones del 1 de julio, durante el cierre en el estadio Azteca, el candidato de centro-izquierda, reivindicó al Movimiento de Regeneración Nacional y su anticipada victoria como parte de un camino de diversas luchas sociales y de varios líderes de izquierda y derecha. “Campesinos, obreros, estudiantes, maestros, médicos, ferrocarrileros y defensores de derechos humanos y de otras causas”, enfatizando en los dirigentes del movimiento estudiantil de 1968, los ferrocarrileros Valentín Campa y Demetrio Vallejo, el líder rural Rubén Jaramillo (asesinado en 1962), el profesor comunista Othón Salazar, el del ‘pepinosocialista’ –entre otros mini partidos- Alejandro Gascón Mercado, el dirigente del PMT Heberto Castillo, los derechistas Salvador Nava y Manuel Clouthier, los ex priistas fundadores del PRD Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rosario Ibarra de Piedra, por quien, dijo, votaría como homenaje a su lucha, en busca de los desaparecidos durante la guerra sucia, entre ellos, su hijo, vinculado a la Liga Comunista 23 de Septiembre. Entre los intelectuales, mencionó a José María Pérez Gay, el historiador Arnaldo Córdova, Luis Javier Garrido, el exrector de la UAQ Hugo Gutiérrez Vega, el fundador de Proceso Julio Scherer García, el premio Cervantes Sergio Pitol, el cronista Carlos Monsiváis, otra Cervantes Elena Poniatowska, Fernando del Paso y Carlos Payán, fundador de La Jornada.

La radiografía de sus militancias provienen de múltiples luchas y caminos, no siempre afines entre sí. Campa, Vallejo, Salazar y Payán, militaron en el Partido Comunista Mexicano, pero Campa y Vallejo fueron expulsados. Campa volvió al PCM y fue candidato a la presidencia en el 76, en cambio, Vallejo, criticó duramente a los comunistas y formó el Partido Mexicano de los Trabajadores, junto a Heberto Castillo, quienes terminaron muy peleados y Vallejo, nuevamente, expulsado. Falleció en el 85 como diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México, fusión de varios partidos encabezada por el PCM. Quizá la omisión que brinca dentro de la línea comunista, sea la de Arnoldo Martínez Verdugo, secretario general del PCM de 1963 a 1981, cuando dirigió la fusión que dio origen al PSUM y al Partido Mexicano Socialista en el 87, partido que, al cuarto para la hora, apoyó la candidatura de Cárdenas en el 88, en detrimento de su candidato Heberto Castillo. El registro electoral que había ganado el PCM en el 79, serviría para dar base al PRD en el 89, el cual fundaron Cárdenas, Muñoz Ledo e Ifigenia, además del propio López Obrador. Rosario Ibarra, por su parte, fue candidata a la presidencia por el Partido Revolucionario de los Trabajadores en el 82 y el 88, organismo trotskista –por ende, enemistado con los ‘estalinistas’ del PCM- que no se sumó a las fusiones ni apoyó a Cárdenas, por ‘priista’. Habría sido arriesgado, tal vez, reivindicar a los guerrilleros Genaro Vázquez y Lucio Cabañas o haber hecho mención del EZLN, movimientos sociales que rechazaron la lucha electoral ‘burguesa’.

A 60 años de las luchas ferrocarrilera y magisterial, a 50 años del 68, a 40 de la reforma electoral que abrió el sistema a los partidos de izquierda y a 30 de la ‘caída del sistema’ que impidió que una colación de decenas de organizaciones, varias ellas de izquierda, llegaran al poder, ¿habrá modificaciones sustanciales en el discurso histórico que se transmite en los libros de texto? ¿Se incluirá a los movimientos sociales que, supuestamente, allanaron el camino para el triunfo de López Obrador?

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