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Universidad, política y sindicalismo

El programa ‘Charla con Celia Maya’ del pasado jueves 22 de febrero de 2018, en Radio Universidad, me dio pauta para escribir las siguientes consideraciones en torno a la candidatura de Morena al Senado de la República de Gilberto Herrera Ruiz, exrector de la UAQ en el período 2012-2018.

En dicho programa radiofónico, la productora Celia Maya, también candidata al Senado por la misma fórmula, señalaba la tormenta de críticas que le han llovido a AMLO y a su equipo de campaña, por la designación de varias candidaturas como las de Germán Martínez, Tatiana Clouthier y otras personalidades con pasado elbista, priista y otras orientaciones políticas como la del Partido Encuentro Social (PES), que defiende ideas conservadoras en contra la diversidad sexual, el matrimonio del mismo sexo y luchan contra el aborto.

Sin embargo, el tema central de la reflexión de Celia Maya lo constituía la postulación de Napoleón Gómez Urrutia, dirigente minero, acusado por diversos delitos de sustracción millonaria de dinero del sindicato minero que dirigía, como herencia de su padre, quien monopolizó la dirección del sindicato hasta su muerte, dejando como herencia a su vástago la dirigencia del sindicato minero.

Por el momento, dejo el programa de Celia Maya y retomo la reflexión sobre el título de este artículo. Las universidades públicas han sido semillero de activistas políticos de diversas orientaciones. Recordemos el modelo de la “universidad pueblo” de los años setenta y ochenta; por ejemplo, la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Autónoma de Sinaloa y la Universidad Autónoma de Puebla, en la que los dirigentes y activistas universitarios se vinculaban a los movimientos sociales campesinos, obreros, magisteriales, urbano-populares, e inclusive a los movimientos guerrilleros.

El movimiento estudiantil del 68 fue sin duda la cúspide de los anhelos libertarios y democratizadores de la sociedad mexicana. Sin embargo, no siempre los intereses populares han sido el eje de las dirigencias universitarias. En el caso de la UAQ, una fracción importante de dirigentes de la FEUQ han escalado posiciones en las estructuras priistas y después del triunfo del PAN en la gubernatura local, lo han sido también entre los cuadros panistas.

En otra óptica, pero también vinculada a este proceso, se han dado circunstancias en las que las direcciones de las facultades, primero y luego la rectoría, se han utilizado como trampolín político. Tal vez el caso más notable fue el de Mariano Palacios Alcocer, quien fue director de la Facultad de Derecho, Rector de la UAQ, gobernador del Estado, senador de la República, dirigente nacional del PRI y hasta embajador de México ante el Vaticano.

EL SUPAUAQ no ha sido ajeno a este proceso, pues algunos secretarios generales han ocupado importantes puestos en la administración universitaria, pero no siempre con fortuna en las lides políticas. En términos de derechos políticos cualquier universitario, por su carácter de ciudadano, puede aspirar a participar en la vida política, a desempeñar cargos públicos y a representar a sectores de la sociedad. Cuando ello ocurre, quien aspira a participar debe tener experiencia, conocimiento y honestidad para desempeñar el cargo para el que se propone.

En esencia, reconocía Aristóteles, el hombre es un animal político y la política, añade quien esto escribe, en sentido genuino, es el interés por la comunidad. Nada más elevado en la cultura de la ciudanía. Sin embargo, en la “real política” ésta refleja lo más deleznable de una sociedad: corrupción, compadrazgo, amiguismo, clientelismo, traición y golpes bajos.

Bajo este marco, y con ello regreso al programa matutino ‘Charla con Celia Maya’, que hasta donde escuché, nada mencionó del cuestionamiento de la postulación de Gilberto Herrera Ruiz, exrector de la UAQ, que señalaron tanto voces internas de Morena, como las surgidas de la UAQ, en particular del SUPAUAQ reconocido con toma de nota, presidido por Saúl García.

Los argumentos para ello están basados en las 383 irregularidades señaladas por la ESFE, las cuales tienen que ver con problemas de obras construidas, proveedores, servicios personales y servicios generales, con la administración irregular de los recursos entregados por la federación y Gobierno del Estado, reembolsos no realizados al PROMEP, préstamos indebidos y omisiones en la entrega de cuentas al Consejo Universitario, en 2012, 2013, 2014 y 2015.

Además desde la perspectiva sindical, está el hecho de realizar el depósito tardío, con 6 meses de atraso, de fondos recibidos por la federación para el Fondo de Jubilaciones y Pensiones de la UAQ, de disponer irregularmente de 22 millones de pesos del mismo fideicomiso, de despedir injustificadamente a cerca de 300 trabajadores, tanto académicos como administrativos (SUPAUAQ y STEUAQ), además de los despedidos por “vendetta” política a los simpatizantes y activistas del secretario general del SUPAUAQ, entre los que se cuenta el propio dirigente, el representante legal de campaña del equipo de Lucha Sindical Universitaria, Enrique Becerra, y el profesor preparatoriano Juan Pablo Mendoza.

El STEUAQ también podría ampliar la lista de represión laboral. Por todo ello, hacemos un llamado a Morena, para que NO incluya a Gilberto Herrera en las candidaturas al Senado. Lo digo también como simpatizante del “Peje” y de Morena.

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