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Urge “politizar” el desastre

Hay muchas preguntas cuyas respuestas son prácticamente obligatorias y pasan, sin lugar a duda, por el terreno de la política.

Sobre las construcciones en la Ciudad de México: ¿por qué se cayeron algunos edificios y otros no? ¿Por qué instalaciones prácticamente nuevas se resquebrajaron y están en riesgo de caerse al menor movimiento? ¿Por qué había escuelas cuyas rutas de salida no estaban correctamente diseñadas y no resistieron ante el sismo? finalmente las más importantes: ¿Quién autorizó y permitió que la gente trabajara en estructuras que son una bomba de tiempo? ¿Cuántos otros edificios resistieron un primer terremoto pero no resistirán otro de la misma magnitud?

Pero el terreno de los permisos de construcción y los materiales de mala calidad no es lo único que requieren respuesta, hablemos de la participación del gobierno actual, encabezado por el priista Enrique Peña Nieto ¿Dónde están los fondos para desastres que se deberían resguardar con mucho celo para este tipo de casos? ¿Por qué no estamos teniendo cadenas nacionales todos los días donde se nos informe sobre el avance, el tamaño de desastre, las evaluaciones que tiene contemplada el gobierno y la coordinación de todo el esfuerzo ciudadano? ¿Por qué están desaparecidas y rebasadas nuestras instituciones públicas y por qué las que figuran aparecen en los medios reteniendo la ayuda ciudadana, metiéndola en cajas del DIF y hasta con calcomanías de políticos oportunistas que regalan despensas con bolsillo ajeno? ¿Por qué los gobernantes están sacándose fotos en las zonas de desastre cuando el trabajo que les corresponde no es el de rescatar sino el de gobernar? ¿Por qué ni siquiera en medio del desastre pueden hacer bien su trabajo?
Politicemos y preguntémonos también sobre los partidos políticos ¿Por qué hasta ahorita el Frente Ciudadano (PAN, PRI y MC) están hablando de “detener los privilegios” cuando hay iniciativas que han congelado en la cámara para terminar con el derroche desde hace años? ¿Por qué todavía son intocables las millonarias pensiones a los expresidentes? ¿Por qué tenemos que pedirles mesura respecto al dinero para las campañas políticas cuando, más allá del desastre, tenemos un país con 80 millones de pobres?

Finalmente, exhorto también a politizar y preguntarnos a nosotros mismos: ¿Siguen creyendo que “el peor enemigo de un mexicano era otro mexicano”? ¿Todavía tienen la convicción que tenemos el “síndrome del cangrejo”? ¿Acaso no los jóvenes están dando –así como en el 2012- una muestra de vitalidad y autogestión que estremece a toda la clase política? ¿No es verdad que con todo y el tejido social roto por la violencia la fiesta de lo colectivo está ahí, latente y hermosa, para salir a contenernos cuando más nos necesitamos?

Que el desastre nos politice, por favor.

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