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Venezuela hipocresía y cinismo

No, el interés no son ni los derechos humanos ni la democracia, el verdadero interés se llama petróleo.

No sé si exista alguien en el mundo que crea que Donald Trump está interesado sinceramente en los derechos humanos o en la democracia. Creo que ni él mismo.

Desde 1823 los gobernantes gringos instauraron la “doctrina Monroe” en la que, de manera unilateral, decidieron que América Latina era “su” zona de influencia. En el famoso eslogan “América para los americanos” los gobernantes gringos siempre usan el término “América” para referirse a todo el continente americano, desde el Ártico hasta la Patagonia, mientras que usan el término “americanos” para referirse única y exclusivamente a los estadunidenses. Es decir, desde hace casi 200 años los norteamericanos se sienten con todo el derecho de intervenir en América Latina como si fuera su patio trasero, invadiendo países, derrocando gobiernos legítimos, instaurando feroces dictaduras militares, desatando campañas de desinformación, estableciendo bloqueos económicos, cooptando a élites políticas para que les sirvan como lacayos, amenazando y chantajeando a diestra y siniestra y apoderándose de las riquezas de otros países, entre otras cosas. Desde entonces se pueden contabilizar al menos 56 intervenciones armadas de los Estados Unidos en América Latina, incluyendo nuestro país. Gracias a una de esas intervenciones los Estados Unidos se quedaron con la mitad de nuestro país, ni más ni menos que nos robaron dos millones de kilómetros cuadrados.

El Sr. Trump se dice interesado en los derechos humanos en Venezuela. Sin embargo es el mismo que dio órdenes para enjaular a niños en la frontera con nuestro país, el mismo que desprecia a las minorías raciales en su propio país, el mismo que calla ante la migración de cientos de miles de hondureños que huyen de la miseria en su país y que manda militares a su frontera sur para no dejarlos entrar a los Estados Unidos, el mismo que no movió ni un solo pelo ante el descuartizamiento del periodista del Washington Post, Yamal Khashoggi, por orden del gobierno de Arabia Saudita.

Trump gobierna un país cuyos dirigentes vetan cualquier resolución de la ONU o de su Consejo de Seguridad en contra de uno de los principales violadores de derechos humanos en el mundo, el gobierno de Israel, principal responsable del exilio de cinco millones de palestinos, una tercera parte del total de refugiados en todo el mundo. A Trump hay que agregar una serie de gobiernos que dizque abogan por los derechos humanos pero que, al igual que los Estados Unidos, sólo les interesan los derechos humanos de algunos venezolanos ya que también han callado en algunas de las situaciones antes señaladas.

Pero a míster Trump tampoco le interesa la democracia. En primer lugar no es presidente por el voto mayoritario de los norteamericanos sino que fue elegido por la mayoría de los llamados colegios electorales. No recuerdo a Trump gritando al escándalo por los fraudes electorales que llevaron a la presidencia de su país a los Bush, padre e hijo, ni tampoco criticando los innumerables fraudes electorales en México, desde el último de Peña Nieto hasta el fraude más documentado de la historia, el de Felipe Calderón en 2006. Trump se ha quedado callado ante la ruptura del orden constitucional en Brasil ante la defenestración de la presidenta Dilma Rousseff, elegida democráticamente por el pueblo brasileño y derrocada por un puñado de corruptos diputados, con el apoyo del poder judicial, algo que se quiere hacer también en Venezuela. No hubo sanciones norteamericanas contra los impulsores del golpe de estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya, legítimamente elegido, en 2009. Ni una mención de Trump y sus cómplices sobre la falta de elecciones libres en Arabia Saudita y en otros países árabes socios de los Estados Unidos. A ellos se les permite todo. Desde no convocar a elecciones hasta la desaparición y la tortura.

Para ejemplificar, consideremos el patético caso del presidente español Pedro Sánchez, el que no ha sido elegido por los ciudadanos españoles pues no ganó una elección para ser presidente sino que ocupa ese cargo gracias al voto de 180 diputados españoles que aprobaron una moción de censura al anterior gobernante, Mariano Rajoy. Desde su asunción, a Sánchez se le ha pedido que convoque a elecciones pero se ha negado a hacerlo. A pero eso sí, se atreve a darle un ultimátum a Nicolás Maduro, el que fue elegido con más de seis millones de votos en mayo del año pasado (en un país con 30 millones de habitantes), para que convoque a elecciones presidenciales “en menos de ocho días”. Alguien que se niega a convocar a elecciones le exige a otro que las convoque, ¡alguien que fue elegido por 180 personas dice que no es legítimo alguien que fue elegido con más de seis millones de votos!

A Venezuela los españoles le piden algo que ellos no están dispuestos a aceptar. Cuando en octubre de 2017, la mayoría del parlamento catalán declaró su independencia de España, la respuesta del estado español fue la represión, la suspensión de la autonomía de Cataluña, el envío de la guardia civil y la persecución y el encarcelamiento de diputados que promovieron la declaración de independencia y que hoy siguen en la cárcel mientras que otros se fueron al exilio. No, el interés no son ni los derechos humanos ni la democracia, el verdadero interés se llama petróleo.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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